La recesión destruirá unos 60 mil empleos formales en Córdoba

Durante la crisis del efecto tequila, se destruyó empleo de manera continua durante 12 meses hasta que se comenzó a recuperar la actividad • El default y devaluación de 2002 le costó a la provincia 15 meses de contracción en los niveles de empleo y la pérdida de 40 mil puestos de trabajo registrado.
Si se toman en cuenta las últimas dos recesiones que enfrentó el país, la actual crisis económica podría costarle a la provincia alrededor de 60 mil empleos en el sector privado formal, o el equivalente al 13 por ciento de los puestos de trabajo declarados. De tal modo que el mercado laboral “en blanco” se reduciría de unos 460 mil a 400 mil trabajadores registrados. Con la probabilidad cierta de semejante ajuste, quedará muy poco margen para que continúe la disputa por la redistribución del ingreso.

Antes bien, los gremios privados enfrentarán nuevamente el desafío de pelear por el sostenimiento de los puestos de trabajo, tal como ocurrió en la década anterior.

Es que por estos días muchos cordobeses empleados en el sector privado se preguntan si perderán su trabajo en los próximos meses. Esta preocupación, casi inexistente un año atrás, hoy ocupa un lugar cada vez más relevante en las encuestas de opinión. Razones no les faltan. Durante las últimas dos grandes crisis que precedieron a la actual, la destrucción del empleo formal fue significativa.

Así, con la recesión que generó la devaluación mexicana, la economía argentina se contrajo 4,4 por ciento durante 1995. Para Córdoba implicó la pérdida de unos 35 mil puestos laborales, o el 13 por ciento de la masa de trabajadores formales que había registrados al inicio de la caída. En efecto, entre diciembre de 1994 e igual mes de 1995, último antes de que se iniciara la recuperación del empleo, la cantidad de trabajadores se redujo mes a mes, descendiendo de 275 mil a 240 mil al final del proceso de contracción. Luego de algunos meses de estabilidad, la cantidad de empleados en el sector privado volvió a crecer. Aunque la actividad tuvo algunas oscilaciones estacionales, se consolidó una recuperación que se sostuvo hasta mayo de 2001.

Los últimos meses de 2000 y los primeros del año 2001, sin embargo, estuvieron marcados por un notorio estancamiento en la cantidad de puestos declarados al sistema integrado de jubilaciones y pensiones.

Pero a partir de mayo de ese año, la fuerte recesión que golpeaba a la Argentina comenzó a destruir empleos a una tasa muy superior a la que creaba. Así, durante los siguientes 15 meses el número de empleados en el sector formal bajó desde 322 mil hasta 282 mil (agosto de 2002). En total, se perdieron 40 mil empleos declarados, o el 12,5 por ciento. Como se ve, en un período de destrucción de empleo tres meses más largo que el anterior, se destruyó prácticamente la misma cantidad de puestos de trabajo.

Esta circunstancia pudo haberse debido en parte a que las empresas ya habían venido haciendo un fuerte ajuste de personal en los meses anteriores a la explosión de la supercrisis que se desató con el corralito, default y posterior devaluación.

Dos recesiones de diferente intensidad y origen tuvieron un impacto casi similar sobre el empleo privado en blanco. Esto no implica que la actual recesión tendrá el mismo costo para el mercado laboral.

El impacto, una incógnita

¿Es posible saber qué impacto real tendrá esta crisis sobre el empleo en la provincia de Córdoba? No con certeza. La profundidad que alcanzará esta recesión es una incógnita, porque hay algunos factores que la diferencian de las dos anteriores: durante la crisis del Tequila el impacto fue rápido y violento y si bien se trató de un shock externo, su extensión no alcanzó las actuales dimensiones globales, ya que terminó afectando principalmente a los países emergentes. Con la crisis del default ruso y la posterior devaluación de Brasil (durante 1998 y principios del ’99), la Argentina prácticamente no sufrió ningún impacto considerable, al igual que la provincia. La situación se comenzó a complicar cuando se profundizó la recesión desde mediados de 2000 hasta su eclosión a fines del año siguiente. En este último caso, se trató de una crisis endógena, y aunque el PBI se contrajo muy fuerte (casi dos dígitos), su impacto sobre el empleo registrado no fue tan grave como otras consecuencias sociales, tales como el incremento de la pobreza y la indigencia, así como el estallido de una virulenta conflictividad que hasta hoy no se ha desactivado.

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