La recesión afecta también a los cultivos orgánicos

Este tipo de producción es costosa, requiere mucho trabajo y los consumidores no están dispuestos a pagar más por un producto más sano.
La industria de los llamados lácteos orgánicos estaba en pleno auge en el 2006, cuando Allen y Jean Moody adquirieron una granja lechera de 81 hectáreas (200 acres) en Wisconsin y se unieron al ejército de gente que producía leche sin alimentar al ganado con hormonas, sin usar pesticidas para el forraje y sin emplear otros químicos. Tres años después, los días de bonanza han quedado atrás y los Moody no son los únicos que quieren dejar el negocio.

Un número creciente de granjeros que optaron por la llamada producción orgánica en los años en que la venta de este tipo de alimentos aumentaba a pasos agigantados está renunciando ahora a esa certificación. La producción orgánica es costosa, requiere mucho trabajo, y pocos consumidores están ahora dispuestos a pagar el alto precio en medio de la recesión.

Las ventas de alimentos orgánicos en Estados Unidos, hechas principalmente en supermercados, caerían 1,1%, a 5.070 millones de dólares este año, de acuerdo con la firma investigadora Mintel, con sede en Chicago. Aunque es un retroceso leve, se trata del primero en una industria que había crecido anualmente entre 12 y 23% desde el 2003.

El deprimido mercado ha representado una mala noticia particularmente para Moody, de 53 años, y su esposa de 51, quienes pusieron a la venta su granja en La Farge, Wisconsin, a mediados del año pasado, tras decidir que el trabajo era excesivo a su edad. La crisis crediticia dejó a muchos compradores incapaces de adquirir la propiedad.

``Estamos ahora en una especie de limbo. Es demasiado difícil. Le dije a mi esposa que podrían pasar otros dos o tres años antes de que las cosas mejoren y haya más dinero disponible'', dijo Moody. La recesión y la crisis crediticia han traído también incertidumbre para George Mears, quien produce maíz orgánico, alforfón (trigo sarraceno), trigo y frijol de soya (soja) en 57 hectáreas (140 acres) cerca de Delphi, Indiana.

Buena parte de la producción se convierte en alimento para animales que producen leche, carne y huevos orgánicos. Algunos compradores no están ya dispuestos a comprar cereales por contrato, dada la incertidumbre sobre la economía, y una empresa que compra granos de Mears se ha rezagado en los pagos. Mears sospecha que la causa es que la compañía no obtiene crédito para comprar cereales por adelantado.

``Normalmente somos productores más pequeños, y se envía medio cargamento o uno de granos y ello representa alrededor de una cuarta parte de nuestros ingresos al año'', señaló. ``Cuando se pierde una cuarta parte del ingreso de una granja ello ocasiona penurias''. Un creciente número de agricultores está perdiendo su certificación de productores orgánicos en los dos principales estados del país en esta materia, California y Wisconsin.

En un año típico, la agrupación California Certified Organic Farmers, una de las principales para la certificación de productos orgánicos, registra la pérdida de unas 20 granjas de las casi 2.000 con las que cuenta. Se pierde la certificación si no se paga una tarifa. Pero hace dos semanas, el grupo envió cartas a unas 100 granjas, advirtiéndoles que su condición de orgánicas sería revocada por impago, dijo Peggy Miars, directora general de la organización, quien culpó por este hecho a las malas ventas y a la persistente sequía en el estado.

Bonnie Wildeman, directora de la Asociación de Servicios Orgánicos del Medio Oeste, espera que unos 80, entre los casi 1.200 productores orgánicos certificados en Wisconsin y varios estados de la región pierdan su certificación este año, en comparación con los 60 excluidos en años anteriores. Sin embargo, los grupos de California y Wisconsin señalaron que el interés en los productos orgánicos persiste y que esta industria no ha sido tan golpeada como otras.

``En esta economía deprimida, uno mira bancarrotas y despidos por doquier, y no vemos eso en la industria orgánica. Pese a que ha disminuido un poco la actividad, sigue habiendo una demanda fuerte'', aseguró Miars. El grupo de Wideman expidió 200 certificados nuevos de productores orgánicos este año, la mayoría a cultivadores de legumbres, maíz y soya.

Algunos creen que la producción orgánica tiene todavía un gran potencial generador de ganancias, en comparación con la agricultura y ganadería tradicionales, señaló. Otros simplemente están comprometidos con la producción libre de químicos.

Es el caso de Jeff Evard, quien alguna vez trabajó en el mantenimieno de campos de golf, una tarea en la que son imprescindibles los fertilizantes que mantengan verde el césped. Ahora, produce tomates, cebollas, berenjenas, brócoli y otros vegetales en un cultivo de 4 hectáreas (10 acres) en el centro-sur de Indiana. La mitad de su producción se dirige a unas 65 familias, que pagan por adelantado el abasto anual de frutas y legumbres frescas.

El resto llega a mercados de los productores en Bloomington, Indiana, a unos 50 kilómetros (30 millas) de distancia, o es vendido a tiendas mayoristas de orgánicos. Consciente de la recesión, el gerente de la granja redujo recién el precio del principal producto --los tomates pequeños, conocidos como ``cherry'' (cereza)--, de 4 a 3,50 dólares la pinta, a fin de revertir una caída en la demanda.

Parece que la medida funcionó. ``Se me han agotado los tomatitos cada semana durante casi un mes'', dijo recientemente Evard, de 36 años. Los consumidores preocupados por la calidad de los alimentos han seguido demandando productos orgánicos, aunque han sacrificado las golosinas de esa índole y otras mercancías menos nutritivas, dijo Marcia Mogelonsky, analista de Mintel. Ello daría esperanzas a los Moody, quienes siguen comprometidos con los productos orgánicos y quieren comprar una pequeña tienda de carne cuando se deshagan finalmente de su granja.

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