El recaudador está en la mira de todos.

"Tuvo pelotas para decirle que no a Kirchner", dicen. Lo quiere el peronismo disidente y Schiaretti ya le ofreció trabajo. Él está recluido y evalúa el panorama. Por ahora, tiene un futuro incierto.
La eyección de Santiago Montoya de su sillón de recaudador de la provincia de Buenos Aires, por oponerse abiertamente al esquema de "candidaturas testimoniales" que propuso Néstor Kirchner, fue rápida. Es que el kirchnerismo no quería otro debate desgastante. Sin embargo, mucho más rápida fue la reacción del peronismo disidente, que picó en punta detrás del "recaudador mediático" para sumarlo a sus filas de cara a las elecciones legislativas de junio. La nueva baja del kirchnerismo es una figura que le interesa principalmente al ex gobernador de la provincia y uno de los tres pilares del PROperonismo, Felipe Solá, quien lo llamó el mismo viernes luego de que renunciara, "para saludarlo" –según contaron sus colaboradores–, y al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, que ya le ofreció un cargo en su provincia. Francisco de Narváez y Mauricio Macri también le improvisaron una bienvenida.

No bien se conoció la noticia de que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, le había pedido la renuncia a Montoya, los dos máximos intérpretes del PROperonismo bonaerense –Solá y De Narváez– no dudaron en entonar sus estrofas más alegres. "Montoya tuvo las pelotas para decirle no a Kirchner", fue la primera reacción del Colorado. Solá, por su parte, no escondió su deseo de incorporarlo al espacio que hoy encabeza. "Me encantaría", arrojó entusiasmado. En paralelo, Schiaretti le ofrecía a Montoya que viajara a suelo cordobés.

La reacción de los dos hombres que se disponen a disputarle a Néstor Kirchner el liderazgo político de la provincia de Buenos Aires no fue sólo mediática. Solá –contaron sus fuentes más cercanas– habló con Montoya por teléfono "para saludarlo y brindarle su apoyo". En el mundo felipista, Montoya es considerado un amigo y, según cuentan, desde que lo tuvo bajo sus órdenes en 2002 –Montoya ya estaba en el cargo que dejó el viernes– "nunca dejaron de hablarse y de reunirse".

Ayer, en la mañana siguiente al portazo el ex titular de ARBA, los referentes del PROperonismo siguieron despejando la pista de aterrizaje para el desembarco de Montoya. "Me cayó muy bien (la renuncia), porque me parece que alguien está comenzando a poner las cosas en su lugar", contó De Narváez a un canal de noticias, y no tuvo problemas en confirmar que en un futuro le "gustaría" tenerlo más cerca. Unas horas más tarde le llegó el turno a Mauricio Macri. Durante la recorrida que hizo junto a sus dos laderos por la localidad bonaerense de Polvorines señaló que "(Montoya) es una persona valiosa, y la gente valiosa siempre tiene las puertas abiertas" en el espacio que formalmente llevará el nombre de Unión-PRO.

A pesar de los elogios públicos hacia el flamante ex kirchnerista y de los llamados en privado, De Narváez intentó bajarle el tono al entusiasmo inocultable y al ser consultado respecto de si ya habían tentado a Montoya respondió que "no" porque le resulta un gesto "oportunista", aunque señaló que ya habrá tiempo.

Por lo pronto, Montoya espera. Analiza el panorama, de cara a las elecciones, pero tiene un objetivo –aún indefinido, aunque seguro no es ser concejal de San Isidro, como le proponía el kirchnerismo– en 2011.

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