Rebrote de violencia y odio racial en los suburbios de París

El temor a una nueva explosión de violencia en los suburbios parisinos crece después de dos noches de tensión, incendios de autos y bronca contra las autoridades del Estado. El nuevo clima emergió después de que un joven de 18 años muriera el domingo en Bagnolet, a 5 minutos de París, al incrustarse su motocicleta contra una barrera metálica cuando huía de tres patrulleros que lo perseguían. El gobierno llamó a la moderación y promete una investigación judicial honesta y pública.
El joven Yakou Sanogo trabajaba como repartidor de pizzas y recién había cumplido 18 años. Fiel a la debilidad de los chicos de los suburbios parisinos, iba en un modelo de "motocross" de 125 cm3 no autorizado ni homologado para ser manejado en las calles. Cuando la policía, en un patrullero, le pidió correrse hacia la derecha "para un control", Yakou desobedeció y huyó. Tres patrulleros se unieron a la persecución. Buscaron encerrarlo. El iba unos metros más adelante y, en una curva, perdió el control. Voló y se incrustó contra una barrera de metal: se pegó brutalmente en el pecho y murió.

La historia se repite una vez más. Este 9 de agosto en Bagnolet, en el departamento caliente y pobre de Seine Saint Denis, no fue demasiado diferente al caso de los tres amigos que huían de la policía en Clichy sous Bois, en el 2005, y que se refugiaron en una cabina eléctrica. Dos de ellos murieron electrocutados y los suburbios estallaron en una violencia pocas veces vista. En Viliers Le Bel otro incidente similar desató un horror parecido en el 2007.

La muerte de Yakou generó violencia en la madrugada del domingo al lunes en Bagnolet. Los jóvenes quemaron un autobús, más de 30 vehículos y convirtieron los tarros de basura con ruedas en bombas Molotov contra la policía. Los disturbios continuaron en la noche del lunes al martes con menor intensidad. El temor a una repetición de los terribles incidentes del 2005 atemorizó al gobierno y las autoridades municipales, que reaccionaron con más reflejos y contención que entonces.

El ministro del Interior, Bruce Hortefeaux, prometió que la gendarmería investigará el caso, en un proceso público y transparente. Para reafirmar su independencia insistió en que será el mismo equipo encargado de investigar el accidente automovilístico en el que murió la princesa Diana en el túnel del Alma, en París, en 1997. Llamó a la calma y a la responsabilidad de cada uno mientras propuso "una reunión de secretarios de Estado con asociaciones de barrios sensibles para discutir la relación entre los jóvenes y la policía".

La justicia de Bagnolet entró de inmediato en funcionamiento. La autopsia de Yakou mostró que "había muerto de un traumatismo torácico profundo por el choque de su torso contra la barrera metálica en la que se incrustó".

El procurador Philibert Demory explicó que no había "indicios de nada que permitiera establecer un contacto entre el auto de la policía y el joven Sanogo".

No es lo que piensan los jóvenes. En el hall del edificio donde Yakou vivía, en la rue Anatole France, sus amigos hacen su duelo público y expresan sus convicciones cargadas de bronca y frustración. "¿Cómo que cómo se mató?" repregunta con furia David, uno de sus amigos. "Lo mató la cana. Yo no voy a hablar con usted, que tiene una idea preconcebida".

Con sus típicas capuchas cubriéndole la cabeza, símbolo de su identidad y diferenciación con los otros, los jóvenes de los suburbios acusan a la policía de perseguirlos, por ser negros o árabes o hijos de inmigrantes. La tensión social monta peligrosamente en un agosto donde la clase media ha partido de vacaciones.

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