La "rebelión" que frenó la transferencia

Por: Javier Blanco.

Como lo hace al final de cada jornada hábil, el Banco Central difundió anoche el monto preliminar de las reservas que mantiene bajo administración: equivalen a 48.082 millones de dólares, dado que están compuestas por distintas monedas y activos, y la cifra total surge de la valoración que tengan.

De no haber mediado una dura e inesperada disputa ayer al mediodía en la gerencia de operaciones de la entidad el saldo habría caído a 41.513 millones de dólares.

¿Qué lo impidió? La resistencia de funcionarios "de línea" de la sala donde funciona la mesa de dinero del banco. Es desde ese lugar que la entidad define sus intervenciones en el mercado.

Los funcionarios se enfrentaron en una álgida discusión con el vicepresidente (en ejercicio de la presidencia), Miguel Pesce, y el director Sergio Chodos (que llegó a ese cargo impulsado por el ministro de Economía, Amado Boudou), que duró casi dos horas. Ambos directivos habían llegado hasta allí (cerraron con llave la puerta tras ingresar) para asegurarse que la instrucción de abrir la cuenta para constituir el Fondo del Bicentenario y dotarlo de los fondos previstos fuera cumplida, según pudo reconstruir LA NACION de fuentes altamente confiables.

Lo lograron sólo a medias. A las 12.15 la cuenta quedó abierta y operativa. Pero el día terminaría sin que registrara ningún movimiento y con saldo en cero. Ocurrió por la férrea (y largamente fundamentada) oposición de los funcionarios del área que sorprendió a sus interlocutores. Se trata de profesionales que llevan décadas en el banco y cuyo más temido fantasma es que esa institución se transforme en un "nuevo Indec".

Y porque, a las 13.11 llegó la notificación de la medida cautelar que la jueza federal en lo contencioso administrativo María José Sarmiento había tomado tres horas antes contra la afectación de reservas para el pago de deuda y que la conducción -que con las horas se transformaría en transitoria- del BCRA alegaba hasta entonces desconocer para seguir avanzando en su propósito.

Eso permitió finalmente que el altercado, que ganó notoriedad por los gritos, culminara "civilizadamente", aunque dispararía más tarde la remoción del gerente general del BCRA, Hernán Lacunza, uno de los implicados en el episodio y sindicado como "hombre de Redrado". No sería el único: le sucedió lo mismo a la gerenta principal de estudios y dictámenes jurídicos, María del Carmen Urquiza.

Urquiza es la funcionaria que había recomendado a Redrado no acatar la instrucción presidencial porque la Carta Orgánica del BCRA es clara en señalar que esta entidad no puede recibir órdenes del Poder Ejecutivo al formular y ejecutar la política monetaria y financiera.

Desde ayer tiene nuevo superior. Es Marcos Moiseeff, el funcionario de línea del BCRA que había elaborado un mail con fundamentos que el Gobierno utilizó para impulsar la remoción de Redrado, quien fue premiado con un ascenso a la Subgerencia General Jurídica, un cargo que hasta ahora estaba vacante.

El simbólico incidente ocurrió al cabo de una larga y caótica jornada en la que el BCRA tuvo dos presidentes: un vicepresidente "en ejercio de la presidencia", como atinadamente reconoció en todo momento Pesce, y otro restituido por una decisión judicial, y que reasumiría su cargo minutos después de las 17.

El día había comenzado con Redrado presentando un amparo contra su destitución y la conducción emergente del conflicto tratando de validar las decisiones tomadas un día antes, cuando el directorio logró quórum y pudo reunirse, aunque incumplió con la disposición que obliga a que lo convoque el presidente.

El propósito era validar lo resuelto un día antes, ahora que el decreto de remoción de Redrado había sido promulgado, por lo que estaba en vigencia. A esa reunión de directorio, convocada por Miguel Pesce, asistieron los cuatro directores kirchneristas: Sergio Chodos, Carlos Sánchez, Gabriela Ciganotto y Waldo Farías. No estuvo Arnaldo Bocco, que se había sumado a la embestida contra Redrado en la jornada previa ya avanzada la tarde, tras volver de sus vacaciones en Mar de las Pampas.

Además de decidir la liberación de las reservas, el cuerpo se restituyó las funciones técnicas que habían sido delegadas en el presidente de la entidad (por entonces, Redrado) y se dedicó a reestructurar las comisiones técnicas para representar el nuevo mapa de poder en la institución. Pesce quedaba como presidente de la Comisión de Operaciones, Administración de Reservas, y Medios de Pago, y el santacurceño Waldo Farías, de inusitada actividad por estos días (tras haber faltado de su despacho casi un año) de la de Presupuesto y Servicios.

Más tarde, Martín Redrado lograría que la Justicia le devolviera su puesto al frente del BCRA tras sostener que el decreto presidencial que lo echaba acusándolo de mal desempeño era, en realidad, "un ardid para sustentar una decisión arbitraria, infundada e ilegítima".

Esa decisión judicial fue comunicada a la Presidencia de la Nación poco después de la 16 y al BCRA media hora más tarde. Sólo transcurrirían unos minutos para que Redrado se apersonara para volver a instalarse en su despacho, al que llegó en medio de aplausos y saludos del personal que ya se había manifestado a su favor. Allí se labró el acta en la que quedó constancia de su restitución, por disposición judicial. Inmediatamente comenzó a recibir respaldos de otros banqueros centrales con los que esperaba juntarse este fin de semana en la reunión del Banco de Basilea, en Suiza.

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