La realineación de los caciques del conurbano

Duros, conocedores del poder que ostentan, analistas, estrategas y determinantes a la hora de una elección son algunas de las características de los intendentes del Conurbano bonaerense, que pueden ser la cura a los males políticos o la enfermedad de muchos gobernadores y presidentes.
Todos saben que son materia de consulta ante un nuevo dirigente que quiere pisar la Provincia o que intenta mantenerse en el poder. Negociadores y supremos en sus distritos, se muestran como un bloque impenetrable cuando las jugadas de "arriba" no cuajan. Abroquelados, homogeneizados o, simplemente, unidos son los principales rasgos de los barones del GBA cuando "las papas queman" o las presiones, tanto nacionales como provinciales, no caen bien en el seno de la jefatura de los intendentes. Lealtad del grupo que supieron conocer Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Daniel Scioli y hasta el propio Néstor Kirchner.

Pero, como dice el refrán, "pasa en las mejores familias"; las diferencias, las internas y los posicionamientos de los "caciques" también están presentes. Sin duda que ninguno dejará que otro de afuera golpee políticamente a su compañero intendente, pero también buscan ser referentes en sus secciones. ¿Difíciles? Un poco. ¿Reyes? No, aunque pueden ser la masa movilizadora de políticas y, sobre todo, de las urnas.

Historia del posicionamiento

La pelea entre la Primera y la Tercera sección, principales regiones para ganar una elección en el territorio bonaerense, no es nueva. Siempre hubo rivalidades para mostrar mayor agrupamiento y, obviamente, mayor poder territorial. Ambas secciones conforman un bloque de 43 municipios, que representan nada más ni na-da menos que el 60 por ciento del padrón total de la Provincia.

Hace poco tiempo, más precisamente en 2005, las diferencias entre los intendentes fueron claras cuando Duhalde todavía mostraba un peso determinante en el GBA y competía a través de la senaduría de su esposa, Hilda Chiche Duhalde, contra Kirchner, que había designado a Cristina Fernández como primera candidata al Senado nacional.

En ese momento las aguas en el Conurbano estaban fuertemente divididas. Así, en la Primera se repartían entre los dos ex presidentes. A Duhalde le respondían el gremialista Hugo Curto, de Tres de Febrero; Luis Acuña, de Hurlingham; Osvaldo Amieiro, de San Fernando; Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas; y el entonces jefe comunal de San Miguel, Oscar Zilocchi. Mientras que Kirchner, consolidando y agrupando el poder en esos tiempos, contaba con el alineamiento de Alberto Descalzo, de Ituzaingó; Raúl Othacehé, Merlo; Humberto Zúccaro, Pilar; Mario Ishii, José C. Paz; y Andrés Arregui, Moreno.

Aunque un grupo menor de intendentes era del ala de Solá, que a través de éste jefe apoyaba las gestiones políticas del santacruceño: Marcelo Coronel, de General Rodríguez; los ex intendentes de Luján y Campana, Miguel Prince y Jorge Varela; los actuales Juan Carlos Caló, de Las Heras, y Juan Delfino, de Suipacha. Kirchner también había encontrado cobijo en Gustavo Posse (San Isidro), que con otros radicales avanzaban en lo que fue luego la famosa Concertación Plural.

En tanto, en la Tercera sección, Duhalde mostraba mayor poder que su ex "apa-drinado". En esa región consiguió retener a Baldomero Alvarez de Olivera (Avellaneda), Juan José Mussi (Berazategui), el fallecido Manuel Quindimil (Lanús), Jorge Rossi (Lomas de Zamora), la ex jefa comunal Brígida Malacrida de Arcuri (San Vicente), Aníbal Regueiro (Presidente Perón) y Manuel Rodríguez, ex mandamás de Almirante Brown.

Ya en esa época, la tropa kirchnerista era liderada por el titular de la Federación Ar-gentina de Municipios (FAM) e intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, y por Alberto Balestrini (La Matanza ).

Aunque Kirchner también contaba con el apoyo del ex jefe comunal de Quilmes, Sergio Villordo, y los intendentes Gustavo Sobrero (Lobos), Enrique Slezack (Berisso), Mario Secco (Ensenada) y Fernando Carballo (Magdalena). Todos estos, además, respondían a Solá.

La hora de Daniel Scioli

El Gobernador fue el principal operador para aglutinar intendentes en los últimos comicios. Fue él en persona, junto a su equipo (el jefe de Gabinete, Alberto Pérez; el secretario general de la Gobernación, José Scioli; y el ministro de Gobierno, Eduardo Camaño), quien convenció a un grupo de 45 jefes comunales -la mayoría del Conurbano- para que sean candidatos testimoniales. Hubo resistencias y declaracio-nes cruzadas entre los alcaldes por la jugada del Gobierno, pero Scioli logró unificar y consiguió varios nombres para pelear electoralmente a la oposición.

Con la derrota del oficialismo como resultado, el Gobernador debió revisar su estrategia política y mirar el poderío de los caciques para fortalecer la gestión. Es que los barones del GBA comenzaron a mostrar su enojo cuando Kirchner salió a decir públicamente que fue "víctima de

la vieja política", luego de que los intendentes se arriesgaron con el plebiscito del modelo a nivel local, provincial y nacional.

Esto produjo un nuevo quiebre en el seno del Conurbano. La mayoría de los jefes comunales de la Primera sección miran con preocupación la continuidad del proyecto mientras el santacruceño lleve adelante su plan cerrojo sin entender el mensaje del electorado. Creen que los costos ya los pagaron demasiado caro para seguir perdiendo territorio cuando el plan del Gobierno nacional es hermetizar su gestión para llegar a 2011. El único díscolo con el pensamiento reinante en la Primera es Mario Ishii, que decidió sumarse al operativo de Kirchner en la búsqueda de posibles "traidores" en el GBA. Aunque Descalzo, orgánicamente con la FAM, resolvió agrupar el poder de los intenden-tes para estabilizar al oficialismo.

En cambio, en la Tercera, con la conducción de Alberto Balestrini en el PJ bonaerense, y por su carácter de vicego-bernador, focalizó sus esfuerzos junto a Pereyra para alinear la tropa seccional y solventar los pasos a seguir del gobierno bonaerense.

Actualmente, la Tercera se muestra homogénea respecto de la conducción de Kirchner, pero en la Primera hay diferencias acentuadas. Sin embargo, los 43 intendentes que conforman ambas regiones quieren ser actores principales en la estrategia para darle continuidad al rumbo del proyecto, desactivar la venganza del Go-bierno nacional y alcanzar mayor participación en las diferentes áreas que, por el momento, sólo encuentran en el gabinete de Scioli.

Ya pasado el 28 de junio, los barones se muestran abiertos al diálogo, y ven en el Gobernador un posible encolumnamiento.

Detrás de él buscarán sanar heridas y re-acomodarse, aunque algunos de sus compañeros previamente analicen el escenario político que dejaron los comicios legislativos para luego encolumnarse con el gabinete sciolista.

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