La realidad como fantasía.

Por Andrew Graham-Yooll.

Hasta tiempos bastante recientes parecía que el boom financiero internacional no tenía límites en duración, en magnitud de fortunas y también en los montos de las pérdidas. Desde la época del Nasdaq hasta el colapso global de las bolsas de comercio a fin de octubre se ha vivido una fantasía de lucro impensable que más pertenecía a la ficción que a la realidad.

Ahora asoma otra etapa fantástica, una especie de crisis planetaria de las finanzas tan grande que muchos sólo podemos leerla, temerle y vivirla en la periferia.

Aquel desarrollo financiero acompañó a otro monstruo fabuloso, imaginario, que parecía más palpable que el ágape de pocos. Este otro producto, un género de brillantes colores, se halló en la ficción. En un mundo lleno de incertidumbres, todas las edades buscaron el consuelo moral de las certezas de la fantasía. Esta se sostiene en tres elementos básicos: mito, leyenda y cuentos de hadas. La fantasía real es más esquiva.

Una enorme galería de nombres mágicos, surgidos de los libros de la Sra. J.K. Rowling y John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) y otros menos conocidos, como los ingleses Terry Pratchett, Philip Pullman, John Dickinson y Christopher Paolini (que tenía 15 años cuando, en 1999, sus padres editaron 50 ejemplares de su novela Eragon, luego bestseller), el australiano Garth Nix, y la francesa Flavia Bujor, lograron cruzar décadas y generaciones entre la ficción para niños y la de adultos. Hoy parecen haber retrocedido a sus oscuras cavernas en segundos planos. Es como si los jóvenes aliados y los destructivos rivales de Harry Potter se hallasen atenuados por oleadas de una realidad cuyo impacto (la perspectiva de una reforma dramática en el capitalismo mundial, el mayor estremecimiento global desde el fin de la Unión Soviética en 1991) tiene su magia propia.

La literatura fantástica creó su propia realidad. En ésta, miles de lectores abrumados por el esfuerzo de competir y sobrevivir para alcanzar metas imaginarias de comodidad y consumo se sintieron mucho más tranquilos. La fantasía hacía que todo fuera posible. La realidad fantástica será más difícil.

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