El real se revalúa contra el dólar y en vez de ayudar, complica a los empresarios argentinos

 El real se revalúa contra el dólar y en vez de ayudar, complica a los empresarios argentinos
La decisión del gobierno brasileño de frenar la importación de productos argentinos se transformó en una de las principales preocupaciones de los empresarios locales que ahora ven que el tractor del Mercosur también puede complicarle la vida a más de uno.
Pero el problema de fondo no radica en la microeconomía. Brasil hoy tiene una realidad muy diferente a la de la Argentina. Sólo a modo de ejemplo se puede decir que mientras el gobierno de Cristina Fernández intenta negociar un nuevo canje con los acreedores para poder volver a los mercados de crédito, Lula tiene que cobrar impuestos a la llegada de capitales para que la andanada de dólares que le ingresan no le revaloricen aún más el real. La reacción del gobierno brasileño tiene lógica: hay mucho capital genuino que ingresa para instalar fábricas o invertir en otros rubros de la economía real, pero hay otra parte del flujo que llega atraído por el combo financiero conformado por las convenientes tasas de retorno y la seguridad que brinda Brasil como ‘país libre de default’. Este último punto es el que tiene en cuenta Lula y por eso coloca un impuesto al capital golondrina. Para hacer otra comparación se puede decir que mientras Brasil recibió u$s 11.500 millones en lo que va de 2009, en el mismo lapso se fugaron de la Argentina u$s 13.500 millones.

Ante este escenario era probable que los empresarios brasileños agrupados bajo dos poderosas y mediáticas instituciones como lo son la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) y la Confederación Nacional de la Industria (CNI), presionen al gobierno de Lula para que imponga algún tipo de barrera al comercio. Y tal lobby empresario rindió sus frutos. La semana pasada se frenaron exportaciones argentinas al vecino país, situación que causó los lógicos cortocircuitos entre las administraciones de ambos estados, y que probablemente sirvan para tener un temario jugoso en la próxima reunión bilateral entre Cristina y Lula.

Sin embargo, Brasil no hace más que proteger su industria, y esto a pesar de las quejas de los empresarios argentinos. En los ‘90 la Argentina no lo hizo, y los resultados están a la vista: miles de pymes cerraron sus puertas.

Lula sabe que el ingreso continuo de dólares, más allá de los impuestos que pueda colocar al capital golondrina, va a continuar porque el mercado brasileño es atractivo. Lula también es conciente de la consecuencia que ocasiona el ingreso de capitales. Es decir, mientras más dividas estadounidenses lleguen, menos competitivo será el real. Por lo tanto, es de esperar que Brasil se siga comportando como en los últimos tiempos e imponga barreras burocráticas a los bienes importados. Hay que recordar que Brasil junto con Japón y los Estados Unidos son tres de los países importantes más proteccionistas del mundo. La otra opción que tiene Brasil para proteger a los industriales es devaluando, situación que parece estar muy lejos de concretar.

Con ese escenario los empresarios argentinos deberán lidiar de ahora en más. Es que si bien la economía brasileña, por su tamaño y por su evolución es factible que traccione negocios de todo tipo, lo cierto también es que la decisión de frenar de golpe las importaciones puede provocar daños irreparables en varias pymes locales que están atadas básicamente a las compras de Brasil.

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