Reactivación de la economía y alza de precios, una tensión en aumento

Por: Daniel Fernández Canedo

El economista Rodolfo Santángelo dice aún desconocer si el año que viene habrá reactivación con inflación o inflación con reactivación.

Ese dilema sintetiza parte del escenario 2010: la economía tendrá una mejora. Pero el proceso puede ser muy distinto al que se vivió entre 2002 y 2007, cuando la Argentina crecía a tasas chinas.

Empresarios y economistas creen que la actividad económica repuntará, pero pocos se atreven a hablar de crecimiento.

La sensibilidad sigue dominando la marcha de los mercados internacionales. El pedido de refinanciación de una deuda relativamente manejable, la de Dubai (US$ 60.000 millones), derrumbó los precios de acciones y bonos. Y dio por tierra con la idea de que la economía podría transitar por una autopista a gran velocidad.

El Gobierno puso énfasis sobre la necesidad de la estabilidad cambiaria y mantiene prácticamente "clavado" al dólar en $3,82.

Pero noviembre mostró que algo está cambiando en materia de liquidación de dólares.

En los primeros veinte días de octubre, el Banco Central había comprado US$ 1.090 millones. En el mismo período del mes pasado, adquirió 710 millones.

Hace dos meses compraba a razón de US$ 100 millones por día. En noviembre lo hizo en el orden de los 60 millones.

La moderación en la entrada de dólares podría estar indicando que la reversión del proceso de fuga de capitales no aparece consolidada.

Y para que la economía vuelva a crecer con fuerza resulta indispensable no sólo que dejen de salir dólares sino, también, que vuelvan a ingresar y con intensidad.

¿Fue sólo el default de Dubai el que cambió el clima? ¿O es porque el Gobierno no termina de concretar el canje con los bonistas? ¿O porque la actividad política está crispada?

Pueden ser por esos motivos o por otros, pero lo cierto es que las buenas condiciones externas -sintetizadas en un precio rentable de la soja a nivel internacional y la vuelta al crecimiento del principal cliente comercial, Brasil- no logran consolidar la idea del crecimiento.

El Gobierno, por su parte, está lanzado a expandir el consumo en el mercado interno.

La compensación de fin de año a los jubilados que ganan la asignación mínima implicará desembolsar cerca de 1.800 millones de pesos.

A lo que habrá que adicionarle los 400 millones de pesos que se volcarán por la asistencia de $ 180 por hijo.

Y los 500 millones de pesos, por el aumento de las asignaciones familiares.

Todo ese dinero, que se sumará a fin de año al consumo, contribuyendo a mejorar la actividad interna. Eso, siempre y cuando la inflación no le juegue una mala pasada.

Con el dólar quieto, los precios de algunos de los principales alimentos no tendrían que dar sorpresas.

La estabilidad cambiaria actúa como un ancla para la harina, el aceite, el azúcar, etc. con lo cual y en teoría, esos precios deberían quedarse tranquilos.

Distinto es el caso de los servicios privados, como los colegios, las peluquerías, los estacionamientos, entre otros, que ante la mayor demanda podrían subir sus precios.

Un tema a tomar en cuenta respecto de la inflación es lo que hará el Gobierno con el gasto público.

El gasto crece al 30%, que es muy significativo para una inflación anual en torno al 14% y para una economía en la cual la recaudación impositiva está lejos de ser floreciente.

En los últimos meses, al no tener otra financiación que no sea interna ni querer hacer un ajuste, el Tesoro debió recurrir a la plata del ANSeS, del Pami, el Banco Central y hasta a un aporte que recibió del FMI.

Así, rascando el fondo de la olla, habría conseguido evitar caer en un déficit contable, apostando a que la mejora de la actividad y los dólares de la soja vuelvan a rellenar la caja en los primeros meses del año que viene.

Buscar una reactivación rápida no implica necesariamente desembocar en un crecimiento duradero.

La caída de la inversión todavía no da muestras de revertirse.

La importación de maquinarias y bienes de capital registra bajas de 30% respecto del año anterior. La construcción, otro indicador clave acerca de la marcha de la inversión, todavía no reaccionó.

Los bancos están con mucha plata pero los banqueros comentan que si bien otorgan más créditos personales, los pedidos de préstamos por parte de las empresas son inexistentes.

La resistencia a endeudarse es característica de los tiempos de incertidumbre. Anoche, la presidenta Cristina Kirchner dio muestras de entender parte de lo que puede estar pasando.

Dijo que "nadie invierte por amor al arte, sino porque piensa que va a tener rentabilidad".

Pero la inversión requiere de otros ingredientes y el requisito de tener un horizonte de cierta previsibilidad no puede ser dejado de lado.

Volver a crecer parece estar demandando mucho más que un buen precio de la soja, una siembra importante, y que el Tesoro aumente el gasto para que haya más consumo.

Eso, más allá, de que casi esté garantizado que el año próximo la economía podría recuperar todo lo que perdió a lo largo de este 2009.

Pero ni la situación internacional parece a salvo de vaivenes ni el crecimiento de la inversión está a la vuelta de la esquina.

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