Reacciones que no favorecen al interés común

Por Hernán de Goñi

Los dirigentes rurales sintieron ayer que se quedaron sin margen para extender los tiempos de un diálogo que era más virtual que real. Pero justificar el nuevo plan de lucha a partir del veto parcial a una ley es, por lo menos, opinable.

Los mecanismos institucionales funcionan para todos. El Gobierno logró sumar los votos necesarios para sostener la vigencia de las retenciones. El campo y una parte de la oposición se jugaron a una batalla difícil, y perdieron. El Congreso, sin embargo, les dio un bonus inesperado. La ley que exime a productores bonaerenses de pagar derechos de exportación fue acompañada por el oficialismo sin tener plena conciencia de sus alcances. Pero en lugar de reconocer que hubo un trámite legislativo deficiente, asumieron que un pícaro alteró su texto, sin hacerse cargo de que dos cámaras lo votaron a libro cerrado.

La ley observada, además de crear un beneficio asimétrico, era de muy difícil instrumentación. Por eso el campo muestra un flanco débil cuando la defiende a ultranza. Al Gobierno, por su lado, solo le interesó la chance de asestar un golpe, sin medir el impacto de este conflicto sobre una economía aún anémica.

Ambos actores parecen dejarse llevar por una fuerza irracional hacia una pelea que no favorece a nadie.

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