Las razones de Gutiérrez.

En política, como en pocos ámbitos de la vida, aparecen «razones que la razón no entiende». Y en éste sentido, tanto Francisco Gutiérrez como su gabinete, siguen sin lograr mostrarse cómodos en su papel de funcionarios de una democracia moderna y participativa.
No es nuestro tema de hoy, sin embargo resulta un aporte a lo que estamos queriendo analizar, el dato que no estamos ante un gobierno cómodo y consolidado, ni mucho menos y en eso, las legislativas de Octubre tendrán su importancia.

Por razones que quedarán para la historia, Gutiérrez insiste en mostrarse al frente de un Estado fundido, que arrastra los pies a la hora de gestionar el día a día de una ciudad que con su enorme potencial y dinámica tiene aspiraciones de liderazgo.

A tan pocos meses de gestión, atrapado en peleas y contradicciones internas, enfrenta una etapa de aislamiento y «desinflamiento» de su proyecto político. Su gobierno se insiste muy refractario a la idea de consolidar un armado político amplio y participativo, por el contrario un prematuro repliegue sobre sí mismo viene siendo la señal más repetida durante las últimas semanas del gobierno, aún pagando costos en términos de transparencia.

El caso emblemático es el trato que viene mereciendo desde el gobierno el caso Techint, sin duda el mega proyecto de inversiones más importante en la historia de la ciudad; sin embargo, estamos ante una administración que aparece como aislada y desinflada.

Esa misma unidad de medida, se la puede llevar al entredicho del secretario de Obras Públicas o a la derrota de la Reforma Fiscal, al aumento de las tasas, a la controvertida moratoria. Hay claras señales de aislamiento y desinflamiento.

Gutiérrez desatendió y finalmente parece haberse despedido definitivamente de las organizaciones vecinales y demás sectores medios claves para su victoria electoral anterior. Desagradecido, según la forma de mirar de algunos; mezquino, de acuerdo el criterio de otros.

Lo cierto es que el gobierno, impidiendo el uso de la Casa de la Cultura a las organizaciones vecinales, por ejemplo, ya muestra gestos de hostilidad para amplios sectores medios que sólo le reclaman apego a sus promesas de campaña.

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