Razones de campeón

Tal vez sus antecedentes muestren a Hindú con una mínima ventaja al compararlo con el CASI, pero ambos protagonistas de la final de la URBA tienen argumentos para verse ganadores
No existe ninguna duda acerca de que la relevancia propia de una final es argumento suficiente para encontrar motivación, para disparar la expectativa a niveles supremos. Sin embargo, Hindú y el CASI encuentran cuestiones adicionales para ensalzar el gran choque de mañana, en el Atlético de San Isidro, para ver quién se queda con la corona bonaerense. La rivalidad entre ambos es bastante encendida, independientemente de que el Atlético luce la herida de haber sido eliminado por los torcuatenses en las semifinales de 2008 y, cuando volvieron a verse las caras ?en el actual Top 14?, sufrió una goleada lacerante para el orgullo del club más campeón de la historia.

Hablar del potencial del tricampeón sería casi redundante, más allá de identificarlo como el segundo más ganador de las últimas dos décadas; en dicho período sobresale el SIC, con la conquista de siete títulos, y luego aparece el plantel de Don Torcuato, hasta el momento con cinco vueltas olímpicas, todas las que posee desde su fundación (1919). La posibilidad de repetir la proeza de Alumni en la seguidilla de 1989 a 1992 puede resultar un argumento más que valedero para decretar definitivamente la era de Hindú. Son pocos los equipos que lucen en sus vitrinas un tetracampeonato. Pero excluyendo los logros, el suceso de los capitaneados por Hernán Senillosa hay que reconocerlo a partir de la revolución que causaron en el juego. Fueron los primeros en instalar en el medio la idea de combinar en el campo el rigor de los forwards, con la dinámica y la explosión de los backs. El vértigo de su propuesta sacudió la monotonía en la que se estaba estancando el rugby por estas tierras.

A este CASI ?por identificar al plantel de las últimas dos temporadas? también le gusta mucho eso de ejecutar un estilo integral. Los forwards, como toda formación que se proponga ser ofensiva, son el punto de gestación de la metodología, pero también es indispensable contar con elementos confiables entre el N° 9 y N° 15 para sentirse capacitados para llevar adelante las ambiciones. Y el Atlético dispone de esa jerarquía.

En la previsualización de la finalísima, lo primero que se debe considerar es que la clave de lo que suceda estará determinado por la resultante de la batalla de los packs; el que prevalezca en la obtención y el control de esos saques, obtendrá el crédito para desarrollar su pensamiento rugbístico.

En el repaso de los nombres, en Hindú se vislumbra otra categoría, con figuras ya ambientadas en compromisos de máxima exigencia; la presencia de Senillosa, los hermanos Juan y Nicolás Fernández Miranda, Ostiglia y Lorenzetti sirve de puntal para otra generación de talentos, como Santi Fernández (bien podría ser incluido entre los consagrados), Bosch, Díaz Bonilla, Agulla, Iachetti, Solano y Perok. En San Isidro los abanderados de la experiencia son Campero, Sanz y Gambarini, aunque no se puede subestimar el rodaje de Stuart y Villagra, también fundamentales en la estructura. La cuota de brillantez renovadora la promueven los hermanos Agustín y Juan Ignacio Figuerola, Landajo, la potencia de Méndez, las corridas de Fasano y Salcedo, así como la incipiente contribución de Corbacho, Pandelo y Casanova. En conclusión, ambos tienen avales suficientes para ser coronados, sólo resta ver quién expone la capacidad para hacerlos valer.

10 triunfos logró Hindú en los 16 encuentros con el CASI de los últimos diez años; la Academia ganó los otros seis duelos

2 veces se cruzaron el CASI e Hindú en instancias decisivas (semifinales); el Atlético venció en 2005, e Hindú, en 2008.

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