Ratificó Obama el cierre de Guantánamo

Ratificó Obama el cierre de Guantánamo
Dijo que la prisión es un "desastre" que heredó de Bush y admitió que algunos reclusos serán trasladados al país; fuerte crítica de Cheney
WASHINGTON.- El presidente Barack Obama ratificó ayer su decisión de cerrar la controvertida cárcel de Guantánamo. Y, por primera vez, admitió que "algunos" de los 240 detenidos que están recluidos allí serán trasladados a prisiones de máxima seguridad en Estados Unidos.

Eso es algo que causa enorme resistencia aquí, ante el temor a eventuales consecuencias que podría generar la presencia de esos detenidos en territorio norteamericano, desde posibles venganzas hasta nuevos ataques, según advirtió el propio FBI.

El mandatario hizo el anuncio en un marco que habló por sí solo: el edificio del Archivo Nacional, donde están guardados los documentos históricos más importantes del país. Habló apenas 24 horas después de que el Senado, con el voto de la mayoría demócrata, le negara los 80 millones de dólares que pidió para el cierre de la cárcel, hasta que tuviera "un plan" sobre cómo hacerlo. El mandatario respondió ayer en duros términos: los acusó de "sembrar miedo" entre la población por intereses políticos, a pesar de que también reconoció que el grupo terrorista Al-Qaeda "está planeando activamente" nuevos atentados contra Estados Unidos.

Pero Obama tampoco pareció dejar en claro que cuente con ese plan. Fue un momento incómodo para el presidente, que, de todas formas, ratificó que cerrará la cárcel. Curiosamente, no mencionó la fecha del 22 de enero, que fue la que originalmente se había fijado para lograr ese cometido.

En los hechos, la ratificación del cierre de Guantánamo se produjo como parte de un extraordinaria controversia con el ex vicepresidente Dick Cheney, quien, en otro escenario y con una diferencia de apenas minutos respecto de Obama, insistió en justificar las duras tácticas interrogatorias a los terroristas y afirmó que las decisiones del presidente vulneran la seguridad del país.

También cargó las tintas sobre la posibilidad de que algunos detenidos terminaran en Estados Unidos: "Traer terroristas que son lo peor de lo peor a Estados Unidos sería un gran peligro y un motivo de arrepentimiento durante años".

Fue una jornada intensa en la que quedó en evidencia el gran dilema entre una política que garantice la seguridad en caso de amenaza extrema y el riesgo de que esto vulnere el respeto de los derechos civiles.

Los republicanos parecen haber encontrado una grieta en el discurso oficial para castigar a Obama con la amenaza del miedo a una mayor "inseguridad". En lo que reforzó esta posición, el diario The New York Times publicó un informe del Pentágono que revela que uno de cada siete ex prisioneros de Guantánamo volvió a acciones de combate o a tareas de organizaciones terroristas.

Con su exposición, Cheney quedó ratificado como vocero del frente republicano, papel que le cabe tanto por el silencio por el que optó el ex presidente George W. Bush como por la evidencia de que no hay ninguna otra figura partidaria que emerja para poner matiz en sus declaraciones.

"Si no hablo yo, ¿quién lo hará?", dijo ayer Cheney.

En lo único en lo que parecieron coincidir Obama y Cheney fue en la resistencia a cualquier revisión del pasado, una idea que manejaron algunos legisladores demócratas que llegaron a mencionar la posibilidad de establecer "comisiones de la verdad". Pero luego discreparon en los otros dos puntos más espinosos: en el uso de métodos de tortura para interrogar a detenidos y en el cierre o no de Guantánamo.

Fueron dos visiones. Obama dijo que la prisión de Guantánamo "debilita la seguridad de Estados Unidos".

"Es una arenga para nuestros enemigos", afirmó. Y fue más allá: "Estamos limpiando algo que es sencillamente un desastre, un experimento equivocado que dejó tras su paso una cantidad de desafíos legales".

Recordó Obama que unos 500 detenidos ya fueron liberados por el propio Bush y que mantener la prisión "devalúa esa autoridad moral que es la moneda estadounidense más fuerte en el mundo".

"No hay soluciones limpias ni fáciles en este caso", dijo Obama, y reconoció que hay problemas legales que aún no han sido resueltos. Entre ellos, qué hacer con algunos de los detenidos que no pueden ser procesados y sobre los que existen indicios de participación terrorista.

Métodos polémicos

A su turno, Cheney defendió la política de seguridad nacional del gobierno de Bush, con el argumento de que se basaba en la decisión de "no olvidar el terrible daño causado por los atentados del 11 de Septiembre" y en evitar que algo así se repitiera.

"Obama ha descubierto lo fácil que es cosechar aplausos en Europa con el cierre de Guantánamo -dijo Cheney-. Pero una política de seguridad que ha dado siete años y medio de éxito no debe ser ridiculizada y mucho menos, criminalizada".

"Fui y sigo siendo un firme defensor de nuestro programa de interrogatorios", dijo, en una polémica defensa de métodos como la asfixia simulada de prisioneros. Se trata de métodos "legales, esenciales, justificados, exitosos y correctos", dijo Cheney.

El ex vicepresidente insistió en que la decisión de Obama de prohibir ese tipo de tortura es "insensata". "Es una temeridad encubierta de rectitud que hará que el pueblo estadounidense esté menos seguro", añadió.

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