RAPTO DE PRUDENCIA DE LA OPOSICIÓN

Por: Rubén Rabanal

Mario Brodersohn no aplicó anestesia ayer cuando alertó al bloque radical de Diputados sobre la perspectiva que presenta la situación fiscal del país en el segundo semestre de este año y el primero de 2010. El informe del economista radical, que elaboró su consultora Econométrica, mostró una foto de las cuentas públicas en la que no dudó en afirmar que lo peor en esa materia aún está por venir.

La convocatoria a Brodersohn al bloque, inusual en Diputados, corrió por cuenta de Oscar Aguad, el presidente de la bancada radical, en medio de un proceso de temor general que hoy inunda a toda la oposición sobre la situación económica del país en los próximos meses. Y el justificativo para el encuentro, que incluyó también a 15 de los nuevos 20 diputados de la UCR que asumirán el 10 de diciembre, alimentó más esa preocupación: «Lo hicimos en la convicción de que a partir de diciembre la oposición, con la nueva mayoría, tendrá una responsabilidad mayor y deberá tomar decisiones», dijo el propio Aguad, «y para eso queríamos contar con un panorama de la situación real».

La reunión fue otra muestra del tono con que el radicalismo está enfrentando la votación de los proyectos más complicados para el Gobierno en las próximas semanas.

El alerta que dan los radicales en la intimidad sobre la debilidad política del Gobierno puedo terminar generando un brote de responsabilidad en la oposición que quizás sea funcional para la propia Cristina de Kirchner.

La misma noche de la elección del 28 de junio el jefe de la UCR, Gerardo Morales, comenzó a advertir que la situación en la Casa Rosada no estaría para demasiados empujones desde la oposición: «Nosotros no vamos a reclamar en el Congreso ningún cargo que no nos pertenezca. No vamos a alterar la institucionalidad». Negó así que la mayoría de bancas opositoras que habrá en el Congreso desde diciembre no intentará arrancarle al Gobierno la presidencia de la Cámara de Diputados o la provisional del Senado, como sí hizo el peronismo cuando la Alianza perdió las legislativas de 2001, precipitando la caída de Fernando de la Rúa. Ayer Aguad repitió un mensaje casi similar. La moderación en la oposición se resumió así en una frase que se escucha día a día en el Comité Nacional partidario: «Al Gobierno no hay que soplarlo».

En ese marco, Brodersohn no tranquilizó ayer. En su «foto» de la situación fiscal no se privó de aclarar que su visión para el resto de 2009 no es buena en materia fiscal y para 2010 esto puede ser peor. Les relató a los diputados, nuevos y antiguos, que el principal problema a solucionar es la «enorme fuga de capitales financiada por ahora con la balanza comercial». Y fue más duro aun con la situación del Banco Central y con lo que ya considera un rojo de las cuentas fiscales: «Con los recursos de la ANSES ya no alcanza», se dijo allí.

Esa preocupación por la situación fiscal, alimentada tras el número del superávit de junio ($ 900 millones a los que se llegó con un anticipo de ganancias del BCRA por $ 3.000 millones), llegó también a los conciliábulos que mantienen los radicales con sus socios de la Coalición Cívica.

Ayer Morales tuvo un encuentro con los diputados de ese grupo para analizar los proyectos de emergencia agropecuaria, la prórroga de la delegación legislativa y también el cambio en los superpoderes. Allí Adrián Pérez, mano derecha de Elisa Carrió en Diputados, marcó su posición frente a los problemas del kirchnerismo: «El oficialismo claramente no tiene el número», dijo. Otros, más desconfiados, creen que en las negociaciones entre oposición y Gobierno por esas leyes existe una maniobra dilatoria. Pero como sea el temor a una crisis alentó una racionalidad en la oposición que hace tiempo no se detectaba: «Ustedes están forzados a mandar este proyecto, pero nosotros no vamos a arreglarles los errores. Sólo les garantizamos tratar de armar un esquema lo más racional posible», le mandó decir al oficialismo sobre las urgencias que por estos días sufre en el Congreso.

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