Una rápida reacción de Obama para alejar fantasmas

Reiteró que la destitución de Zelaya es ilegal; busca demostrar su compromiso con la región
WASHINGTON.- El golpe de Estado en Honduras se convirtió en una nueva prueba de fuego para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en momentos en que éste lucha por un mayor protagonismo en la región.

Según afirman varios expertos, con su firme apoyo al depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya, Obama busca ampliar sus lazos con América latina y quitarle peso a la retórica antiestadounidense del presidente venezolano, Hugo Chávez.

"[La destitución del presidente Manuel Zelaya] no fue legal´´, por lo que "sigue siendo el presidente de Honduras´´, declaró ayer Obama, al término de una reunión con su par colombiano, Alvaro Uribe. "Sería un terrible precedente si empezamos a retroceder otra vez hacia una era en la que hemos visto golpes militares como transición política, en lugar de elecciones democráticas´´, agregó.

Con el propósito de demostrar su compromiso con la legalidad democrática en la región, funcionarios de su gobierno, además, iniciaron contactos con todas las partes involucradas en la crisis hondureña, incluidas las fuerzas armadas, en busca de una solución dentro de los cauces constitucionales del país.

"Obama tiene ahora la oportunidad de demostrar tanto a amigos como a enemigos en la región que Estados Unidos finalmente ha decidido alinearse de forma inequívoca con la democracia y que el imperio de la ley importa tanto en Tegucigalpa como en Washington", afirmó en la versión online de la revista Foreign Policy el ex vicepresidente costarricense y actual experto de la Brookings Institution Kevin Casas-Zamora.

Con él coincidió el vicepresidente del think tank estadounidense Diálogo Interamericano Michael Shifter, quien opinó que el golpe en Honduras "le da a la administración Obama una oportunidad de demostrar que habla en serio cuando dice que quiere trabajar junto a sus vecinos en la región para intentar reparar los daños en los asuntos interamericanos". El experto agregó que Washington puede usar la crisis en Honduras como "una vía para recuperar su credibilidad en América latina" y dar así continuidad al espíritu delineado por Obama durante la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, donde dejó sentada su voluntad de un "nuevo comienzo" en las relaciones con la región.

Sin embargo, para algunos analistas, la rapidez con la que actuó Obama ante la crisis en Honduras también fue una manera de evitar que Chávez aproveche la situación para extender su poder y su influencia en la región. La prioridad de su gobierno, en tal caso, sería despejar cualquier sospecha de que pueda estar involucrado en el golpe, algo que Chávez se ocupó de hacer circular con rapidez entre sus aliados.

"Estados Unidos decidió apoyar rápidamente a Zelaya para que el golpe no se consolide. Esto le da la oportunidad a la Casa Blanca de desinflar un poco la retórica antiestadounidense de Chávez y sus aliados bolivarianos", explicó Casas-Zamora.

El papel de Estados Unidos en Honduras, no obstante, "es complicado, fundamentalmente por todos los años de intervención estadounidense en América Central", opinó Carmen Diana Deere, directora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Florida.

"Por el papel que tuvieron tanto Honduras como Estados Unidos en la década del 80, en la guerra contra los sandinistas y El Salvador, tiene que haber aún lazos muy estrechos entre ambas partes, por lo que para Estados Unidos ésta es también una oportunidad para demostrar que aquella época oscura quedó atrás", añadió.

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