Randazzo, desdibujado en el gabinete postderrota

Los opositores lo eligen como blanco y bombardean la mesa de discusión que montó el bonaerense. Dejó de ser el defensor mediático de la gestión de Cristina Kirchner
En el sube y baja del poder al ministro del Interior, a Florencio Randazzo le tocó estar abajo esta vez. El hasta hace pocas semanas funcionario preferido de Néstor Kirchner pasa estos días, según aseguran quienes lo frecuentan en la Casa Rosada, enredado en las tratativas de un diálogo político que ninguno de sus interlocutores -los partidos de la oposición- desea protagonizar. Alguna vez encargado de defender varios de los temas más delicados de la gestión, ahora Randazzo recortó al mínimo sus apariciones mediáticas.

Los cambios son parte de las consecuencias y manotazos producto de la derrota electoral del 28 de junio, la más importante que sufrieron los Kirchner en su camino político.

Para entonces, Randazzo había mudado su despacho a Olivos. Arrancaba sus jornadas en la residencia presidencial y repartía su agenda entre actividades oficiales, al lado de la presidenta Cristina Kirchner, y recorridas por el conurbano bonaerense junto a su jefe político.

El ex funcionario bonaerense se había ganado la confianza de Néstor Kirchner, y hasta se lo veía compartiendo espacios con los kirchneristas de pura cepa, como el jefe de la Side, Héctor Icazuriaga.

‘El flaco’, como lo llaman en el PJ bonaerense, se había convertido en el nexo entre muchos de los intendentes de la vasta provincia de Buenos Aires, a quienes conocía, y muy bien, desde la época en que ocupó el Ministerio de Gobierno de Felipe Solá, con quien hoy se muestra distanciado.

Fue durante la campaña presidencial de 2007 cuando Randazzo comenzó a separarse de Solá, a quien Kirchner nunca terminó de tomarle confianza. Y con la llegada de Cristina a la Casa Rosada, el ex presidente lo eligió para ocupar el lugar de Aníbal Fernández en el Ministerio del Interior. Allí hizo el mismo trabajo que venía haciendo en el territorio bonaerense, pero le sumó el contacto con gobernadores e intendentes y dirigentes del interior.

Con un lugar ganado en el entorno K, Randazzo le ganaba la pulseada al ex jefe de Gabinete, Sergio Massa. En ese entonces, la interna Massa-Randazzo ocupó el lugar de las peleas palaciegas que mantenían en la era de Néstor Julio De Vido y Alberto Fernández. El desenlace de ambas peleas fue similar. Randazzo, que se alineaba con el ala más dura, siguió adelante, mientras que Massa, quien llegó con aires de recambio, pero ninguno se concretó, volvió a la intendencia de Tigre.

Fortalecido, en el entorno del ministro hasta llegaron a ilusionarse con que Kirchner los premie con la Jefatura de Gabinete, que después del 28 de junio iba a dejar Massa. Lo hacían por lo bajo, ya que saben que a Kirchner no les gusta que los cambios o decisiones más sensibles se ventilen por la prensa.

Pero después llegó el garrotazo de las urnas y las fichas en el tablero K se movieron de una manera imprevista. El patagónico echó mano de Aníbal Fernández -que se transformó rápidamente en un miembro del ala dura del Gobierno-, y Randazzo quedó muy opacado por el nuevo Jefe de Gabinete, dedicado con exclusividad a motorizar el devaluado diálogo con la oposición que tuvo como centro la Reforma Política. El resultado de esas reuniones, admiten dentro de la propia Casa Rosada, hasta ahora es casi nulo.

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