La rana toro, una plaga que está preocupando

Este animal puede perjudicar a los peces del río que lleva el mismo nombre del departamento, según dijeron las autoridades de Medio Ambiente.
Desde Medio Ambiente de la provincia alertaron sobre la proliferación de ranas toro en el río Calingasta. Estos animales, que son considerados un manjar en muchas provincias al punto que son de crianza, son muy voraces. Comen peces, insectos y hasta pájaros. Esto puede perjudicar los cardúmenes de truchas y otras especies que habitan en la zona. El problema es que las ranas llegan a este río porque cuando son renacuajos, muchos pescadores de otras provincias los llevan vivos y los usan como anzuelo (algo que está prohibido por ley), y a los sobrantes los echan al agua. Si bien Medio Ambiente no tiene datos exactos de su crecimiento, en el último año han notado mayor presencia de estos animales en la zona mencionada. Y está declarada como plaga por sus hábitos predatorios.

La rana toro, en su etapa de renacuajo, es muy atractiva como anzuelo. "Sé que pescadores de otras provincias como Córdoba, donde hay criaderos artificiales de estos animales, las han usado como anzuelo. El que las utiliza las trae vivas, las usa y tira los restantes renacuajos al agua en lugar de arrojarlas a un sitio donde no sobrevivan", dijo Marcelo Jordán, director de Conservación y Areas Protegidas.

En los continuos recorridos que hacen inspectores de Medio Ambiente verificando el estado de la flora y la fauna han detectado, en el último año, que la cantidad de estas ranas ha crecido en el río Calingasta. También los pescadores han informado la presencia creciente de estos animales allí.

En una primera etapa, estos batracios se alimentan de larvas de insectos como muchos peces. Más grandes se alimentan de los huevos y hasta de crías, "y hasta pueden comerse cangrejos", según Jordán. Por este apetito es considerada una plaga.

Para los peces de la zona son un verdadero peligro porque si continúan proliferando, harían disminuir los cardúmenes de truchas, bagres cordilleranos y algunas especies autóctonas que habitan ese río.

En defensa de la naturaleza y el equilibrio del ecosistema, el uso de esas ranas vivas por los pescadores se considera una infracción que es multada. "Cuando una especie se arraiga a un lugar es muy difícil alejarla, por eso lo mejor es la prevención, es decir, que los pescadores no larguen más de estas ranas al agua", sentenció Jordán.

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