La Rambla de Montevideo, el lugar donde los partidos pelean los votos

Pocitos, típico barrio de Montevideo, es escenario de una disputa pacífica por convencer al votante.
La bahía de Pocitos, con su playa y sus edificios, es uno de los lugares más característicos de la ciudad de Montevideo y el más referencial, sin duda, para los argentinos que la visitan. La rambla es el lugar democrático por excelencia, vista por todas las clases sociales como uno de sus principales sitios de esparcimiento.

Lo mismo sucede en épocas de campaña, con los diferentes partidos políticos. Si bien el barrio ha estado históricamente más identificado con los partidos tradicionales -los blancos y los colorados-, la realidad es que ha cambiado en los últimos años con miles de vecinos simpatizantes del Frente Amplio (FA). Hoy en su coqueta rambla pueden verse pequeños locales móviles donde jóvenes ataviados con los colores de los distintos partidos no solo reparten listas o propaganda partidaria, sino que muchos también -fundamentalmente los que tienen una historia militante- conversan con los transeúntes y se esfuerzan para atraer algún voto más para su divisa.

En ese espacio pocitense, donde los fines de semana hay un gran movimiento de gente, suelen concentrarse simpatizantes de los distintos partidos. Estos colaboran con el reparto de listas, conversan, vivan a los automóviles que pasan con señas de sus partidos. A veces cantan y siempre le dan un colorido muy especial a este lugar de la ciudad en el que se confunden las banderas coloradas, las blancas y celestes (del Partido Nacional o Blanco), las tricolores del FA y hasta las violetas con vivos amarillos del minoritario Partido Independiente (PI).

Esta reunión tiene, además, una característica en común, muy valiosa para los tiempos que corren, que es la armonía con la que conviven los adherentes a todos estos partidos, algo que responde a una tradición muy arraigada en el Uruguay: su cultura cívica y política.

Una clara muestra de ello se dio hace algunas semanas cuando se llevó a cabo en la rambla, con total normalidad, una manifestación del FA convocada por SMS y que, sorprendentemente, no fue apoyada por la orgánica del partido por temor a que pudiera suscitarse algún problema.

"La tolerancia que se da acá es realmente para destacar", cuenta a Clarín Carolina (24), vecina del barrio y "blanca de toda la vida". "A mí nunca nadie me agredió cuando salí portando los colores del Partido Nacional; tampoco me tocó presenciar ninguna pelea", añade.

Verónica (30) trabaja en uno de los locales móviles del Partido Colorado. "'Dios me libre de agarrar eso', me dijo una vez una señora mayor a la que quise dar una lista. Te pueden decir eso o alguna otra cosa, o sea, nada muy grave", asegura. A Verónica, que no es ni militante ni simpatizante colorada, se la ve realizar su tarea con ganas. "Conseguí este trabajo a través del diario. Cuando supe que era para el Partido Colorado les dije muy claro: ofrezco mi trabajo, pero no mi voto'".

Quienes trabajan en los locales móviles de los blancos, colorados y FA, cobran todos 10 dólares cada jornada de 8 horas. A varios de ellos también les pagan el transporte. En elecciones anteriores, muchos del FA realizaban parte de esa tarea en forma militante. Esa realidad hoy también ha cambiado.

Los mejores remunerados son los del PI que cobran cerca de 15 dólares por jornada. Angel (17) es uno de los que reparten volantes para esa agrupación y está sorprendido por la cantidad de gente que se arrima a pedir listas o el programa. "Quizás esto tenga que ver con la cantidad de indecisos", sospecha. Dice conocer que entre los colegas es el que más gana y que se ha encariñado con el partido. "Cuando me toque votar tal vez lo haga por ellos", comenta.

Pocitos, como algunos otros puntos de Montevideo, vive un clima electoral especial, donde confluyen todos los partidos. En sus bares, la gente habla de las elecciones, aunque estos días otra gran pasión, el fútbol, monopoliza las conversaciones. "La clasificación para el Mundial de fútbol de Sudáfrica sería el broche de oro para el gobierno de Tabaré", bromea Rafael (33), a la que vez que ofrece un mate. "Calentito", dice. "Como esta campaña".

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