Ráfaga Monumental.

Ráfaga Monumental.
BANFIELD 3 - CENTRAL 1: Banfield encontró en tres minutos todo lo que se le había negado en el partido con River. Así liquidó a un Central que sigue en caída libre en la tabla de promedios.
En tres minutos se puede lograr lo que no se consigue en 90. Se puede cambiar impericia por contundencia, desconcentración (Pompei mediante) por atención e infortunio por suerte. Banfield lo hizo. Transformó el mal resultado en el Monumental en la ráfaga que tuvo a partir de los 42 del primer tiempo: un gol en contra de espalda-nuca, la expulsión de Zarif (dos faltas a Bertolo), el cabezazo de Bertolo y partido definido.

Lo paradójico del caso es que Banfield tuvo menos volumen de juego que la semana pasada. Sin embargo, del otro lado se encontró con un Central que combinó su andar cansino con una propuesta ofensiva que fue reprobada por su propia gente. El gol de Burdisso fue un milagro para un equipo que se repitió sistemáticamente con pelotazos frontales, que tuvo a un abnegado Caraglio que pedía en la primera etapa que le dejaran una bola al pie, que no encontraba sociedades en los escasos intentos del Equi González y que, encima de todos los pesares, quedó por debajo de Gimnasia LP en los promedios.

Lo que no se puede discutir es la legitimidad del triunfo de este Banfield que con un 3-3-2-2 se para desde el comienzo con la vista en el arco de enfrente. El tema es que no siempre logra progresar en el campo como consecuencia del juego asociado. Los laterales-volantes eligen el bochazo antes del toque y paso, de modo que abren poco la cancha. Erviti tira muchos firuletes, pero en la línea del mediocampo. Y cada jugada de Bertolo mide unos 30 metros, ya que abusa de la tenencia. Claro que es tan determinante en la marcha individual que, mientras lo miran de afuera, es el más determinante adentro.

Los goles le dieron aire y espacio a Banfield. Ya no se vio ese partido cerrado que en otros tiempos plantearon Burruchaga y Alfaro en un Arsenal-Quilmes. Los contraataques fueron una invitación para el local. Así, con todo el panorama, llegó la bomba de James Rodríguez Rubio, y Broun apenas la pudo mirar desde la sombra del arco. A Central no le quedaba tiempo ni para pelear con su amor propio ni para festejar el descuento. Le costará salir de donde está con partidos como el de anoche. En cambio, el Taladro, se trepó a la pelea. ¿Y qué pasa si sigue con esta ráfaga?

Comentá la nota