San Rafael, destino preferido de los obreros golondrina

Que en nuestro departamento recala todos los años una importante cantidad de obreros golondrina no es algo nuevo. San Rafael se convierte, en los prolegómenos de cada cosecha, en el lugar preferido por estos trabajadores trashumantes que recorren todo el país como su modo de subsistencia.
Generalmente provienen de las provincias del noroeste y del sur de Bolivia, a diferencia de hace tres décadas o más cuando llegaban de las provincias de La Pampa, San Luis y del sur de Córdoba. Estos últimos eran famosos porque venían en trenes cargueros, trayendo en los vagones sus colchones, utensilios de cocina y varias mudas de ropa, porque solían permanecer desde mediados de noviembre hasta casi fines de marzo, cuando finalizaba la vendimia.

Los distritos a los que llegaba la mayoría de estos trabajadores ambulantes eran Goudge, Monte Comán, La Llave, Cañada Seca y Rama Caída, y eran acogidos en galpones dentro de las fincas que los empleaban junto a los cosechadores locales. Muchos de esos obreros se quedaron en nuestra zona y algunos hasta trajeron sus familias, quedando descendientes de aquellos pioneros de medio siglo atrás.

Sin embargo, la llegada de estos grupos nómades suele complicar a las comunidades donde se radican, constituyéndose en posible foco de contagio de enfermedades por el estilo de vida que suelen llevar. En muchas oportunidades, la Subsecretaría de Trabajo de la provincia, que tiene a su cargo los controles de la seguridad laboral y el registro de esos trabajadores, ha calificado de "pésimas" las condiciones en que viven. Algunos legisladores, incluso, han presentado proyectos para asegurar la cobertura social de los "golondrinas", pero el problema radica en que trabajan 15 o 20 días en una finca o distrito y van rotando a otras propiedades y parajes.

"De ese modo nunca puede haber un control efectivo, un seguimiento de la situación en que viven o las enfermedades que padecen", aseguran las autoridades.

Según las cifras que se manejan a nivel nacional, en el país hay 1.250.000 trabajadores rurales, 350.000 de los cuales son nómades o golondrinas, y un alto porcentaje de ellos llega a Mendoza para la época de cosecha. Sin embargo, no sólo trabajan en la temporada de la fruta o la cosecha de uva, sino que un número importante de ellos, especialmente los de origen boliviano, se emplean en los hornos de ladrillos, la mayoría propiedad de compatriotas suyos.

La constante es que gran parte de estos obreros temporarios viven en condiciones infrahumanas, sin agua potable, en viviendas precarias donde proliferan la vinchuca y otros insectos, carecen de una alimentación adecuada y sufren enfermedades propias de las malas condiciones en que subsisten. Tampoco se descarta, como sucede en otros lugares del país, que sean explotados y no se les pague lo que corresponde por su condición de extranjeros indocumentados. Cada temporada se discute lo mismo, pero la solución definitiva aún no aparece.

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