Con el radicalismo como plataforma electoral

La asunción de Ernesto Sanz en el Comité Nacional en reemplazo de Gerardo Morales significa un avance en las aspiraciones del vicepresidente. El nuevo jefe partidario considera que está terminada la etapa de resistir el avance interno del cobismo.
Una nueva etapa se abrió en la UCR durante la madrugada de ayer con la asunción del mendocino Ernesto Sanz al frente del Comité Nacional. El círculo de enfrentamientos que se inició con la batalla por la conducción del bloque de diputados radicales siguió con el de senadores y se cerró con la conformación de la Mesa Ejecutiva del partido demostró que la posibilidad de volver al gobierno en 2011 –de la mano de Julio Cobos– los encuentra unidos hacia afuera pero divididos, como siempre, hacia adentro. Comenzarán a partir de ahora una serie de realineamientos en el segundo partido político del país, que intentará disimular sus diferencias para mostrarse como el eje de una alternativa de Gobierno que contemple también otras fuerzas opositoras. La relación con Elisa Carrió, Francisco de Narváez, el socialismo de Hermes Binner y el PJ disidente serán algunos de los puntos clave de los próximos dos años.

Este paso adelante de Cobos –que ayer mismo presentó propuestas educativas y sociales– significa un retroceso significativo en la alianza del partido con Elisa Carrió (ver aparte). El vice domina ahora en Diputados gracias a su sociedad con el radical cordobés Oscar Aguad, mientras que en el Senado, aunque preside Morales el bloque, cuenta como propios a 11 de los 17 legisladores. Ese esquema, sumado al del nuevo Comité Nacional, le permitiría desligar a la UCR de la posición intransigente en la que se embandera la chaqueña y que Cobos considera no positiva.

Lilita viene deslizando públicamente que será candidata presidencial en 2011 y la aprobación la semana pasada de la reforma política refuerza la hipótesis de que su candidatura caminará por andariveles separados a los del partido que la vio nacer. El vice, en cambio, insiste en enviarle mensajes al socialista Binner.

El entramado de alianzas y alineamientos internos en el radicalismo no responde a un ordenamiento ideológico ni geográfico, sino más bien a un arbitrario conjunto de lealtades. Podrían definirse hoy tres grandes grupos, de distintos tamaños y con diferentes objetivos, que a su vez tienen sus propias contradicciones y divisiones. Por un lado, reapareció en escena la "vieja guardia" radical encabezada por el porteño Enrique "Coti" Nosiglia y los bonaerenses Leopoldo Moreau y Federico Storani, entre las cabezas más célebres de la histórica Coordinadora Nacional. Por el otro, la que fue hasta el viernes la conducción del partido, liderada por el jujeño Morales, el chaqueño Angel Rozas y Ricardo Alfonsín, un dirigente de peso nacional heredado del apellido de su padre. Por último, el sector de los ex radicales K, comandado por el todavía vicepresidente Cobos y apuntalado por buena parte de la dirigencia de las provincias que en su momento se sumaron a la Concertación Plural: Mendoza, Catamarca, Río Negro, Chaco y Corrientes.

El cambio de Morales por Sanz significa un avance en las aspiraciones del vicepresidente Cobos. A diferencia del jujeño, uno de los más duros anticobistas y de los más cercanos a Carrió, Sanz considera que está terminada la etapa de resistir el avance del cobismo en el partido y que es momento de rodear al vice para neutralizar eventuales influencias negativas. Para los hombres del grupo de Morales, esas malas influencias son los dirigentes de la Coordinadora.

La nueva composición del Comité Nacional quedó, debajo de Sanz, con la vicepresidencia primera para Rozas, la segunda para el senador rionegrino Pablo Verani y la tercera para el cordobés Carlos Becerra. El porteño Jesús Rodríguez, que pertenece al grupo de Nosiglia, quedó en la secretaría general, mientras que el pampeano Juan Carlos Marino terminó como Tesorero y el jujeño Miguel Giubergia como Protesorero. Finalmente, Mario Negri quedó octavo, en la Secretaría de Coordinación, un puesto que está afuera del círculo más cerrado de decisiones.

Sin contar a Sanz, considerado una síntesis de todos los sectores, ese esquema deja a Cobos con cuatro hombres sobre un total de seis: Verani, Becerra, Rodríguez y Marino. Rozas y Giubergia están alineados con la conducción anterior.

La próxima prueba que deberá sortear el radicalismo y que servirá para medir fuerzas, una vez más, será la pelea por la conducción del radicalismo bonaerense. En marzo o abril del año próximo se renovarán autoridades en el distrito más importante del país y lo que resulte de esa elección será decisivo para permitir o abortar una boleta que lleve el nombre de Cobos y de De Narváez en 2011. El único que ya se anotó para suceder a Daniel Salvador es Leopoldo Moreau.

Allí el cobismo todavía deberá decidir si repetirá su alianza con los ex coordinadores, si presentará candidato propio o si apoyará al sector de Alfonsín, que sigue en minoría interna frente a la dupla Moreau-Storani. Mientras tanto, radicales y cobistas ya van abriendo las juntas promotoras "Cobos presidente 2011" en distintos distritos. En Capital se lanzó hace rato, mientras que en el bastión cobista, Marcos Paz, se inauguró la primera de la provincia de Buenos Aires.

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