¿Racista yo?

Umberto Eco

Tal vez se hayan calmado ahora las discusiones en el nivel nacional, pero no en el orden internacional. Sigo recibiendo todavía e-mails de amigos de varios países, que preguntan cómo es posible que el presidente Berlusconi haya podido cometer la histórica metida de pata de hacer un chiste diciendo que el nuevo presidente de los Estados Unidos, además de ser joven y apuesto, también lucía un buen bronceado.

Numerosas personas intentaron dar explicaciones por la expresión empleada por Berlusconi. Para los malévolos, se trataba de una interpretación catastrófica (Berlusconi quiso insultar al presidente electo) o de una interpretación de formato trash : Berlusconi sabía perfectamente que se trataba de un error espantoso, pero también sabía que su electorado adora esa clase de barbaridad y lo encuentra simpático precisamente por ser capaz de cometerla.

En cuanto a las interpretaciones benévolas, oscilaban entre las ridículamente absolutorias (Berlusconi, devoto de las camas solares, quería elogiar a Obama), y las meramente indulgentes (hizo un chiste inocente, no exageremos).

Lo que los extranjeros no entienden es por qué Berlusconi, en vez de defenderse diciendo que se equivocó y que quería decir otra cosa (algo que, además, constituye su técnica habitual), ha insistido en que su expresión fue completamente lícita. Así, la única respuesta verdadera es que Berlusconi lo dijo de buena fe, pensando que era algo perfectamente normal, y no ve en ello nada malo.

Ha dicho (piensa él) que Obama es negro. ¿Y acaso no es negro, y nadie lo niega? Nos recuerda el chiste del conserje milanés que se negaba a darle una habitación a un africano: "¿Racista, yo? Pero ¡si el que es negro es él!" Además del chiste, Berlusconi parece insinuar que es una cosa evidente que Obama es negro. Todos los escritores negros de los Estados Unidos han declarado que se sienten felices de que un negro llegue a la Casa Blanca, mientras que todos los negros de los Estados Unidos repiten al unísono black is beautiful ("negro es hermoso". "Negro" y "bronceado" es exactamente lo mismo, por lo que se puede decir perfectamente tanned is beautiful ("bronceado es hermoso").

¿O no? No.

Recordemos que los blancos norteamericanos llamaban "negro" (pronunciado nigro ) a los originarios de Africa, y que cuando querían expresar su desprecio les decían nigger . Después, los negros lograron que se los llamara black , pero ahora los negros pueden decir, como provocación o como chiste, que son nigger . Pero pueden decirlo ellos de sí mismos, porque si lo dice un blanco le parten la cara. Así como hay gays que para calificarse provocativamente usan expresiones mucho más denigratorias, pero si las usa alguien que no es gay, como mínimo se ofenden.

Ahora bien: decir que un negro ha llegado a la Casa Blanca es una constatación, y es algo que puede decirse con satisfacción o con odio, y que cualquiera puede decir. Pero, en cambio, definir a un negro como bronceado es una manera de decir y no decir, de sugerir una diferencia sin atreverse a llamarla por su nombre. Decir que Obama es "un negro" es una verdad evidente; decir que es negro es una alusión a su color de piel; decir que es bronceado es una burla insidiosa.

Es cierto que Berlusconi no quería crear un incidente diplomático con los Estados Unidos. Pero hay maneras de decir o de comportarse que sirven para diferenciar a las personas de diversas extracciones sociales o de diversos niveles culturales.

Será esnobismo, pero en ciertos ambientes una persona que dice management inmediatamente es connotada negativamente, como los que dicen "Universidad de Harvard" sin saber que Harvard no es un lugar (y peor los que pronuncian directamente Haruard ), y en los ambientes más exclusivos queda proscripto el que escriba Finnegan´s Wake con el genitivo sajón. Es un poco similar a los que en una época individualizaban como personas de baja extracción a todos aquellos que levantaban el meñique al alzar una copa, los que ofrecían un café diciendo "buen provecho" y los que en vez de decir "mi mujer" decían "mi señora".

A veces, el comportamiento delata un ambiente de origen: recuerdo a un personaje público, famoso por su austeridad, que al final de un discurso que pronuncié en la inauguración de una exhibición, vino a estrecharme cordialmente la mano diciéndome: "Profesor, no sabe cuánto me ha hecho gozar". Los presentes esbozaron una sonrisa de incomodidad, pero aquella valerosa persona, que siempre había frecuentado círculos de gente temerosa de Dios, no sabía que esa expresión se usa ahora tan sólo en el sentido carnal. En lo referido al espíritu, se dice: "Ha sido verdaderamente un gozo intelectual". "¿Y no es lo mismo?", diría Berlusconi. No, las maneras de decir algo no dicen lo mismo.

Simplemente, Berlusconi no frecuenta ciertos ambientes en los que se sabe que se puede nombrar el origen étnico sin aludir al color de la piel, así como no se debe comer pescado con el cuchillo.

Comentá la nota