Racing tiene rumbo perdido y Argentinos sabe adónde va

Un gol de Scotti con la mano y otro de Raymonda definieron todo. Frustrante debut de Barbas como DT.
Las historias mínimas que propone Argentinos dentro de un campo de juego hacen la diferencia. Lo sencillo, la pelota al pie, el pase a un compañero, los espacios. Ese diálogo que nace en la lectura que hace Néstor Ortigoza, el jugador que no necesita sacar apuntes de facultad para saber de qué se trata. No importa la bolilla que salga porque es un volante disfrazado de enganche. Eso es lo que no logra neutralizar este Racing perdido, que todavía paga en cuotas aquellos tiempos felices, de plasmas y merchandising. El equipo insinúa un maquillaje para ocultar la imagen pasada con Ricardo Caruso Lombardi como piloto de este vuelo. Sin embargo, es demasiado temprano para esperar una evolución veloz. Y el resultado, inevitable, cae como una fruta del árbol, porque el destino no hace acuerdos. Sólo llega.

Los méritos del equipo de Claudio Borghi no son suficientes como para sacar una ventaja de entrada. Pero, la primera vez que se asoma al área de Jorge De Olivera, pasa por caja ante una defensa que estira la siesta sabatina. Andrés Scotti, en buena posición para el cabezazo, es desplazado con falta de Lucas Aveldaño y termina haciendo el gol con el brazo. Con nada, Argentinos golpea a este Racing que intenta otro camino, pero con intérpretes que todavía acusan el lastre del viejo equipo que sigue siendo el mismo. Pese a eso se las ingenia para llegar a zona de riesgo. Adrián Lucero lo pierde tras una jugada de Pablo Lugüercio. Y, al rato, otra vez el Payaso le pega al arco, Sebastián Torrico tapa el remate y Sebastián Rosano define mal en el área chica.

Desde el concepto del juego los de Borghi se saben un escalón por encima. Sobre todo, porque entienden que con la diferencia son capaces de empezar a jugar su rol. Ingresa a escena Gabriel Hauche. Avisa, desde su pequeña estatura, que tiene la inteligencia para sacarse de encima la marca de Aveldaño. Una vez, dos, tres veces. Hasta que le sueltan la correa, llega al fondo, se mete en el área y le sirve el menú a Santiago Raymonda para la definición a un toque. Ese gol sí, es una muestra en frasco chico de la propuesta del local. Ese nuevo cachetazo le mueve la estantería a Racing. Del todo. Juan Barbas intenta cortar la herida por la banda derecha con un movimiento de posiciones: Gabriel Mercado al medio y Rosano de lateral derecho. Al menos, hasta el final del primer tiempo.

A un toque, de primera, Argentinos se enamora definitivamente de la pelota. Ortigoza dirige el tránsito, es el eje de circulación por donde pasa todo tipo de trámites. Y más allá de que el ingreso de Sebastián Grazzini puede discutirle la tenencia, a Racing no le alcanza. Al zurdo, de interesantes condiciones técnicas, se le complica encontrar asociaciones lícitas para el juego. La frecuencia es diferente, sus compañeros escuchan otra radio y solamente de vez en vez se cruzan en el dial. Una vez con Lucero, alguna con Lucas Castromán, tal vez con Braian Lluy... Pero Grazzini toma decisiones, y eso no es poco en un Racing que juega atado y con rendimientos individuales que acarician el suelo.

El camino de un equipo lo marca la idea. Argentinos tiene definido el concepto del juego, la filosofía de Borghi, lo simple. Racing anda confundido, algo aturdido, necesita aprender la materia otra vez, desde cero. Entonces, el guión que se escribe antes del partido es el que se da en estos 90 minutos. El fútbol tiene lógica, lo que no asegura es un resultado. Ese que llega cuando se sabe por dónde ir.

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