Racing es sombra.

Racing es sombra.
RACING 1 - HURACAN 4: Otra vez empezó ganando y se lo dieron vuelta. Fue muy flojo en defensa y no tuvo respuesta anímica.
Nada parece servirle a Racing para encontrar la senda rumbo a la paz. Todo le sigue costando demasiado cuando de hallar tranquilidad se trata. No es suficiente, está visto, con la democratización del club, algo consumado con la asunción de Rodolfo Molina como presidente. Eso traerá transparencia institucional, confianza en el futuro, pero cuando la pelotita empieza a rodar...

No alcanza, tampoco, para que el equipo termine de armarse, que crezca desde la confiabilidad, que en la misma jornada debuten Lucas Castromán, un mediocampista de jerarquía innegable, y Rubén Ramírez, ese delantero-goleador por el que suspiró buena parte del verano y ahora lo tiene como referente de la ofensiva.

En ese esfuerzo por enderezarse, por ubicar de una vez la ruta que lo acerque a un escenario menos frustrante, ya ni siquiera le sirve arrancar los partidos en ventaja. Hace una semana, en Lanús, gol de Lugüercio a los dos minutos. Después el equipo de Luis Zubeldía lo dio vuelta (fue 3-1) sin hacer nada del otro mundo. Ayer, cabezazo goleador de Matías Martínez --su primer tanto en Primera-- 10 minutos después del primer pitazo de Gustavo Bassi. A los 32, es decir 22 minutos después, la chapa indicaba un 4-1 para el visitante.

¿Qué pasó para que un equipo como Huracán, que hace una semana tuvo indisimulables problemas para ganarle 1-0 a San Martín de Tucumán en Parque de los Patricios, le clave cuatro dagas en el corazón en tan corto lapso?

De todo pasó. Y de mitad de cancha hacia atrás, sucedió todo lo malo junto. Racing, sus hombres desde la posición de Claudio Yacob (con él incluido, eh) hacia su arquero, no terminan de entender que si en el fútbol argentino no se defiende seriamente (para colmo Shaffer sufrió una entorsis de tobillo derecho), más temprano que tarde se termina en el horno.

Ni mínimamente se intenta aquí disminuir los méritos de Huracán para querer la pelota, tratarla lo mejor posible, respetarla desde el toque y utilizarse para atacar. Pero que Federico Nieto cabecee cómodo en el segundo tanto y Campagnuolo tenga una frágil reacción, está bastante lejos de lo que normalmente sucede en las áreas. Que el veterano arquero se juegue la vida --con éxito en el tercero-- frente a la llegada en soledad de Pastore pero que el rebote lo concrete De Federico sin oposición, poco tiene que ver con cumplir de modo eficaz con los roles asignados por el entrenador. Y que Pastore llegue nuevamente --una fotocopia en realidad-- solo para convertir el 4-1, decididamente se está en presencia de un sector que carece hasta de un mínimo porcentaje de confiabilidad. Buena parte de la mucha gente que otra vez acompañó al equipo aguardó estoicamente que en algún momento y de cualquier forma (con juego o con alma) los jugadores mostraran capacidad de superación para coquetear a la hazaña. Aunque en realidad todo eso formaba parte de una utopía. Por eso, como telón, con esa bronca que no se aguanta, exigieron que el clásico de la semana que viene, con Independiente, hay que ganarlo. Sí o sí. De lo contrario, amenazan con que algo nada bueno va a pasar.

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