Racing se refrescó y aplacó las llamas

En medio de la floja campaña, y con Barbas como DT interino, logró el primer triunfo con una goleada por 4-0 anteAtlético Tucumán; Lugüercio, Caballero, Desvaux, en contra, y Aveldaño, los gritos
Melosos momentos de una realidad virtual. Racing sintió una mano cálida en la mejilla y, simplemente, sonrió. Y durmió tranquilo después de mucho, mucho tiempo, cuando temía por otra noche de sueños frustrantes. Ese equipo sin rumbo futbolístico encontró el Norte de un vistazo, aunque sea por una vez en el Apertura. La victoria, la primera en 12 fechas, en nada se condijo con la sobresaltada marcha que llevó hasta aquí, con un director técnico interino, entre las dudas y los temores que genera un promedio debilitado. Pero llegó... como si de repente hubiese encontrado por ahí ese trébol de cuatro hojas. Ahora es cuestión de disfrutar este instante de aire fresco.

La goleada excedió cualquier contexto. Quedó fuera de foco de la agrietada campaña, que por fin consiguió reparo bajo la sombra de un éxito tranquilizador, al menos por unas horas. Y también saltó el vallado de la incertidumbre que supone las manos de un entrenador interino, Barbas, entre un gran dislate ?la frustrada llegada de Lothar Matthäus? y la indefinición del momento y la rotación de candidatos, más allá de que todo se encamina a la asunción de Vivas.

La Academia se acostumbró a los pesares. Cuando soñó la campaña del despegue en este Apertura, sucumbió en el devenir de los resultados (hasta anoche tenía cinco empates y seis derrotas) y sintió el cimbronazo de la partida de Caruso Lombardi. Y sí, Racing se volvió así. Más imprevisible que nunca. Como anoche, cuando hilvanó una sucesión de jugadas propias de otros tiempos, algunas veloces y sincronizadas, con la inesperada complicidad de la defensa de los tucumanos.

Dice el himno de la tribuna que en las malas se alienta mucho más. Y acaso los futbolistas se hayan amparado en el amor propio de sentirse en el fondo para afirmarse de una buena vez por todas. Porque la mentalidad de Racing hizo un clic. Porque tuvo una actitud combativa. Porque mostró chispazos de buen juego, incluso con algunas sociedades interesantes. Porque sus delanteros tuvieron confianza y fueron agresivos. Porque, en definitiva, se insinuó como... otro equipo, uno con la mente clara y sin más conflicto que el adversario de turno. Increíble resultó el doblez de las imágenes.

Aquí, precisamente, conviene afirmarse en la debilidad de Atlético Tucumán. En recuerdos quedaron aquellos momentos de buen toque que se vieron en sus pasos iniciales en primera. A la falta de contundencia y peso ofensivo se agregaron las alarmantes fallas defensivas y todo concluyó en una diferencia abultada, que, incluso, pudo haber sido mayor. A los 34 minutos ya perdía 3-0 y más: dos pelotas habían rebotado en los palos del arco de Ischuk.

Racing empezó a elevarse con la primera conquista. Todo comenzó con una corrida de Cahais por la izquierda, con un buen campo libre por delante. Caballero no conectó el centro del defensor, pero sí Lugüercio, tras un rebote en Ischuk, de floja resistencia. Atlético cayó en un nerviosismo incontrolable; entre la impotencia, recurrió a las infracciones y se cargó de tarjetas amarillas; sus lentos zagueros perdieron casi siempre con la velocidad de Lugüercio, el más destacado, y la potencia de Caballero.

Ocho minutos después de la apertura, a los 12, la Academia dio un golpe casi definitivo: Yacob, que jugó pese a un fuerte golpe en la rodilla derecha, peleó una pelota dentro del área y encontró a Caballero; la primera definición del delantero pegó en el palo, pero él mismo anotó en el rebote. Atlético Tucumán se desmoronó. Alcanzará con decir que no contó con situaciones de riesgo en casi todo el partido, excepto por algún intento individual del corpulento Pereyra. Nada más.

Racing se adentró poco a poco en el refrescante oasis. Lucero se escapó por la izquierda ?otra vez ese sector? y, cuando estaba a punto de rematar, Desvaux desvió la pelota y venció a Ischuk. Cómo estará de confundido Atlético que hasta improvisó a Escobar, un volante, como lateral de derecho. Y así le fue ante esos pequeños síntomas de aturdimiento en medio del remolino de reveses... Antes de eso habrá que consignar un violento zurdazo de Caballero en un poste. La superioridad no admitió discusiones. Mucho menos la alegría. ¡Cuánto hacía que no rugía de felicidad!

Los cambios no surtieron el efecto que buscó Rivoira. Los ingresos de Bressán y Gigliotti buscaron mayor poderío y supusieron una defensa con tres jugadores (Bressán, Páez y Desvaux). Nada sucedió. El terreno mojado aceleró la pelota y Lugüercio sacó provecho una y otra vez. El delantero volvió a escabullirse dentro del área, hizo equilibrio sobre la línea de fondo y dejó de cara al gol a Aveldaño, que no falló.

Racing revivió y, al menos, encontró una pausa en su serie de avatares.

* Desde 2004 que no conseguía tanta diferencia

Desacostumbrado a las goleadas, la memoria debió esforzarse bastante para encontrar una marca igual. Racing no vencía por 4-0 desde diciembre de 2004, por el Apertura de ese año, en el que venció a Banfield con goles de Lisandro López, Sebastián Romero, Diego Barrado y Martín Cardetti.

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