RACING 3 - BOCA 0: A lo campeón

Racing goleó y bailó a Boca. Ahora está casi a salvo de la Promoción, algo impensado hace poco más de tres meses, cuando llegó Caruso.
Aquella medianoche del 6 de marzo, mucho más lejana que lo que indica el almanaque, no hubo quien sacara provecho de la desesperación colectiva. Habría bastado un ingenio macabro, listo para lucrar con la desesperación de la gente de Racing, para generar un negocio próspero. Manosantas y terapeutas -reales y apócrifos- habrían agotado agendas con sesiones para calmar la inquietud de los hinchas que asistían a la repetición de la temporada pasada, cuando Racing recién eludió el descenso en Promoción. El 4-1 de Tigre, en la segunda presentación de Ricardo Caruso Lombardi como sucesor de Juan Manuel Llop, también convocaba a escribanos improvisados, dispuestos a recolectar las firmas que dirigentes, jugadores y fanas estaban convencidos de poner, de manera figurada, para asegurar la reválida.

"¡No puede ser! En lugar de que Caruso no transmita su onda positiva, parece que la mufa que tenemos termina por contagiarlo", decían entonces representantes de la nueva conducción, que debieron prescindir de Llop a tres fechas del inicio del Clausura y sentar a Caruso una vez que Diego Simeone rechazara la oferta de regreso al club. Se avecinaba la tormenta perfecta: tres derrotas al hilo con nueve goles en contra, refuerzos que ejercían de lastre y una CD que en menos de dos meses de gestión jugaba con brasas sin amianto en las manos. El pronóstico anunciaba devastación, en especial después del 1-1 con Argentinos por intervención de Gustavo Campagnuolo y del baile en Victoria, con un elenco cuya prestación desmentía la sagacidad de Richard. Y más: visita de barras al entrenamiento luego del 1-4 que le echaba combustible a la visita de Godoy Cruz, en la sexta fecha.

Caruso apostó y ganó. Dio indultos generosos y construyó la recuperación con exonerados (Migliore, Aveldaño y Martínez), recuperó a símbolos prematuros (Zuculini) y puso en forma a la contratación top (Ramírez). Regaló, aunque no se detectó entre los premios a sus muchachos, lija a granel para raspar y desde el despliegue y la firmeza en defensa fue liberando a un condenado.

Ayer insistió con presión y salida rápida y verificó la hipótesis de juego que pensó. Ante un rival con contención endeble, mandó transitar las bandas a fondo sin que eso le diera cosecha gruesa adelante por abuso de los centros (Ramírez extraño a Lugüercio porque tuvo que salir del área). Boca, con ofensiva reducida a los remates externos de Riquelme, insinuó una recuperación en el segundo tiempo a favor del retroceso del local. Otra trampita de Caruso: sin tapón por la roja a Battaglia (Ischia se excedió con un medio tan descompensado), desprendió volantes y desmintió prejuicios con una circulación (los tres goles nacieron así) digna de causas menos urgentes.

¿Central postergó la salvación? Si esperó tanto, un par de semanas no aplacarán el entusiasmo.

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