El rabinato israelí rompió con el Papa por reivindicar al obispo nazi

El rabinato israelí rompió con el Papa por reivindicar al obispo nazi
La cúpula de la ortodoxia judía reclamó una disculpa del Vaticano por las palabras del obispo lefebvriano Williamson. Joseph Ratzinger militó en las juventudes hitlerianas e insiste en beatificar a Pío XII, amigo de Hitler.
La decisión del papa Benedicto XVI de devolver a las filas de la Iglesia Católica a un obispo lefebvriano que niega el Holocausto contra los judíos mereció una dura condena del Rabinato de Israel, que ayer cortó por tiempo indefinido sus lazos con el Vaticano. En un carta enviada a la Santa Sede por su director general, Oded Weiner, el Rabinato comunica su indignación por la rehabilitación del obispo británico Richard Williamson -que vive en Argentina- y suspende un encuentro judeo-cristiano programado para marzo.

“Sin una disculpa pública será difícil continuar con este diálogo”, dice el texto de Weiner, filtrado al diario Jerusalem Post antes de su llegada a Roma. Ante varios miles de fieles en la audiencia pública de los miércoles en la Plaza San Pedro, y en un intento evidente por acallar las críticas, Benedicto XVI condenó el revisionismo sobre el Holocausto y dijo que la Shoá debe servir como “una advertencia contra el olvido y la negación”. El anuncio de ruptura de Jerusalén fue recibido con preocupación en Roma. El portavoz papal, Federico Lombardi, precisó que el Vaticano trabaja para evitar que se interrumpa el diálogo, y añadió que las palabras del Papa “deberían ser más que suficientes para responder a las expectativas de quien expresa dudas sobre la posición del Pontífice y de la Iglesia Católica” acerca del nazismo y el exterminio de los judíos.

El sábado pasado, Benedicto XVI levantó la excomunión a Williamson, hoy al frente del Seminario Nuestra Señora Corredentora en La Reja, partido de Moreno, y a otros tres obispos de la Fraternidad de San Pío X. Buscó así resolver un cisma dentro de la Iglesia que lleva más de dos décadas. Los cuatro religiosos, consagrados por el fallecido arzobispo cismático francés Marcel Lefebvre en 1988, estaban excomulgados por considerar “destructivas” las doctrinas aperturistas de la Iglesia aprobadas en 1965 en el Concilio Vaticano II.

Sin embargo, los otros tres obispos lefebvrianos repudiaron las declaraciones de Williamson. La Santa Sede difundió ayer una carta del superior de la Fraternidad de San Pío X, monseñor Bernard Fellay, en la que pide perdón al Papa por la negación del Holocausto por parte del obispo británico. Fellay asegura sentir “profunda tristeza y dolor por las consecuencias dramáticas” de esas palabras y explica que prohibió a sus obispos “opinar públicamente sobre cuestiones políticas o históricas”. Pero el daño ya estaba hecho. En una entrevista concedida en noviembre en Alemania a un canal de televisión sueco, Williamson afirmó que “las cámaras de gas no existieron” y que “no hay pruebas históricas de que murieran seis millones de judíos bajo el gobierno de Adolf Hitler”. “A lo sumo -dijo Williamson- hubo entre 200 mil y 300 mil muertos en campos de concentración, pero ninguno en murió en una cámaras de gas”.

Para justificar la readmisión del obispo británico, Benedicto XVI dijo ante los fieles que su función como Pontífice es la de trabajar por la unidad de los cristianos. De esta forma, el beneficio concedido a Williamson fue un gesto de “paterna misericordia”. El secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, afirmó que las declaraciones de Williamson habían “turbado” al Papa y calificó el episodio como “dolorosísimo e imprevisto”. Sin embargo, no pudo justificar que la Iglesia no conociera las declaraciones del sacerdote a una semana de difundida la entrevista en Suecia y cuando los fragmentos subidos al portal youtube ya suman más de 30 mil visitas.

No es la primera vez que Benedicto XVI genera protestas entre la comunidad judía, sobre todo desde que se le adjudicó un pasado como militante en las juventudes hitlerianas. Luego sumó su insistencia en beatificar al Papa Pío XII, cuestionado por su condescendencia hacia el régimen nazi. En 2007, el malestar se reavivió con la decisión papal de recuperar la antigua liturgia preconciliar en la que, durante la oración del Viernes Santo, se invoca a Dios para que “ilumine y convierta a los hebreos”. Este regreso a las fuentes conservadoras del catolicismo fue bien recibida por los lefebvrianos, aunque siempre insistieran en condicionar su regreso a las filas de la Iglesia al levantamiento previo de las cuatro excomuniones. Benedicto XVI cumplió con la demanda y ahora deberá pagar las consecuencias.

La palabra santa de Williamson

En la entrevista concedida en Alemania a un canal sueco de televisión, el obispo negó la existencia de las cámaras de gas.

* “Existe evidencia histórica abrumadora que niega la posibilidad de que seis millones de judíos hayan sido asesinados en cámaras de gas por orden de Adolf Hitler.”

* “Es cierto que entre 200 mil y 300 mil judíos murieron en campos de concentración nazis, pero ni uno solo murió en una cámara de gas.”

* “Es imposible que existieran cámaras de gas porque una vez que las personas son asfixiadas, el gas debe ser evacuado para que otros puedan entrar a la cámara. Para evacuar ese gas se necesitan chimeneas demasiado altas, que podrían haber sido fotografiadas por aviones enemigos. Y esas fotos no existen.”

* “Además, las puertas de las cámaras de gas debían ser herméticas para evitar la muerte de quienes estaban afuera. Sin embargo, las puertas que los turistas pueden apreciar en Auschwitz no son en absoluto herméticas.”

* “Si el antisemitismo es malo, entonces está en contra de la verdad. Pero si algo es verdad, no es malo. No importa cómo lo llamemos siempre que se trate de una verdad histórica.”

* “Hubo una increíble explotación económica de este tema. Alemania pagó miles de millones de euros porque sufre un complejo de culpa.”

OPINIÓN

El precio de la unidad

Sergio Widder (Representante del Centro Simon Wiesenthal para América Latina)

La intención de Benedicto XVI de trabajar por la unidad de la Iglesia no es una decisión que podamos juzgar negativamente. Sin embargo, el precio es demasiado elevado porque está reincorporando a un grupo de personas que defienden barbaridades como la negación del Holocausto y la idea promovida por el obispo rehabilitado, Richard Williamson, del deicidio, es decir, la acusación de que los judíos asesinaron a Cristo. Se trata de una imputación que motivó el asesinato de gran cantidad de judíos a lo largo de veinte siglos.

Al respecto, el Concilio Vaticano II fue una bisagra porque explicó que la pasión y la muerte de Cristo no pueden ser atribuidas a los judíos. Algunos desconocieron ese Concilio, y recientemente la idea del deicidio tuvo una mayor difusión a partir de la película de Mel Gibson, La pasión de Cristo, y otro tipo de propaganda antijudía.

La decisión de Benedicto XVI implica un paso atrás y contradice la política y la doctrina que impulsó Juan Pablo II, quien pidió perdón por la pasividad y el silencio de la Iglesia ante el asesinato sistemático de los judíos en el Holocausto. Es imposible realizar un ejercicio contrafáctico y pensar qué hubiera pasado si la Iglesia alzaba su voz en contra del plan de matanza de judíos. Lo cierto es que ni siquiera se intentó.

El propio Benedicto XVI reivindica ahora la memoria de la shoá, algo que no me resulta sorprendente. Lo que es incomprensible es la simultaneidad del homenaje a la memoria del Holocausto y, al mismo tiempo, la reincorporación de grupos tan radicalizados.

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