Con un quórum muy ajustado, el Plan B resucita el fantasma de la 125

Los K aseguran que tienen 131 diputados, dos más que los necesarios para comenzar la sesión. La oposición dice que sus números son los mismos que los de la guerra gaucha. Gestiones de último momento
Un fantasma recorre el bloque oficialista de la Cámara de Diputados: las retenciones móviles. Aunque en aquella sesión el kirchnerismo logró imponerse, lo hizo por muy escaso margen y dejando heridas que terminaron en la importante sangría que lideró Felipe Solá y que prefiguraron la derrota en el Senado. Al igual que entonces, ahora no le sobran votos para aprobar el plan anticrisis que lanzó la presidenta Cristina Kirchner, que incluye el blanqueo de capitales, la moratoria impositiva y beneficios para las empresas que regularicen trabajadores en negro. En los cálculos previos, los más optimistas de los diputados del Gobierno estiman que tendrán 131 votos. Dos más que el quórum reglamentario. La oposición también hace cuentas. Sus números los muestran con un piso que supera los 117 votos, muy cerca de los 122 que consiguieron cuando se votó la resolución 125 que desató la guerra gaucha.

Los kirchneristas no pueden distraerse. Por eso fatigan el teléfono para evitar ausencias. Los opositores también están pendientes de las llamadas. En pleno conflicto con el campo, en la Cámara baja tan sólo faltaron tres diputados de los 257 que componen el cuerpo. En los tres casos, las ausencias estaban justificadas.

El quórum reglamentario de 129 diputados –el número mínimo necesario para comenzar una sesión– será una responsabilidad exclusiva del oficialismo. La oposición llegará al recinto después de que la mayoría siente a los suyos. El tema no desvive a los kirchneristas, ya que algunos bloques que votarán en contra de la iniciativa del Gobierno darán quórum para el debate.

Desde la semana pasada, el oficialista Agustín Rossi vaticina que conseguirá los votos de 134 diputados. Los kirchneristas más conservadores contabilizan 131 votos. A ese número aportan unos 110 legisladores del Frente para la Victoria, cuatro diputados del Movimiento Popular Neuquino, seis de Santiago del Estero, siete que provienen de la fenecida Concertación Plural con el radicalismo K, Eduardo Lorenzo Borocotó, el socialista Ariel Basteiro y el cordobés Andrés Delich. En la cuenta de Rossi se podrían sumar dos diputadas del Partido Renovador de Salta y los dos correntinos del Frente de Todos.

Si se cumple el escenario previsto por el oficialismo, su triunfo tendrá algo de pírrico. Algunos bloques quedarán seriamente dañados. Basteiro conduce el espacio del Encuentro Popular, en tanto las tres diputadas que lo acompañan en esta bancada, Vilma Ibarra, Cecilia Merchán y Victoria Donda, votarían en contra del blanqueo. Aunque el ex sindicalista aeronáutico evitó pronunciarse públicamente, en más de una ocasión Rossi lo llamó para pedirle que apoye al Gobierno. Después de la expropiación de Aerolíneas Argentinas, el encolumnamiento de Basteiro no muestra matices. El oficialismo descarta el acompañamiento del cordobés Delich. Su compañera de bancada, Norma Morandini, votaría en contra.

Aunque el espacio opositor no es homogéneo, la crítica al blanqueo los unifica. Aseguran que la medida construye una amplia avenida por la que podría transitar el lavado de dinero. La crisis internacional es uno de los pocos argumentos que el oficialismo podrá mostrar para defender la iniciativa. Le resultará difícil explicar por qué impulsa una medida que reivindica la baja a los aportes patronales como elemento para dinamizar el empleo; política que caracterizó a la década del 90, tan criticada por el kirchnerismo. Dejar de lado el discurso que lo llevó a la Rosada y con el que gobernó durante estos últimos cinco años, más las heridas que producirá dentro de su tropa y sus aliados, será el precio que tendrá que pagar el oficialismo por cumplir con los deseos de los Kirchner.

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