Quito y Bogotá reanudan el vínculo diplomático

Reabrieron ayer sus respectivas embajadas, tras 20 meses sin relaciones.
Tras más de 20 meses de relaciones diplomáticas interrumpidas, Colombia y Ecuador reabrieron ayer sus embajadas en Quito y Bogotá, tras la llegada de los respectivos encargados de negocios.

Pero ambos gobiernos señalaron que la normalización plena de los vínculos sólo se logrará cuando sean superados los "temas sensibles".

El encargado de negocios ecuatoriano, Andrés Terán, asumirá la oficina de la embajada en Bogotá.

Su par colombiano, Ricardo Montenegro, realizará la misma tarea en Quito, informó la agencia Prensa Latina. Se sigue así la "hoja de ruta" acordada en septiembre para normalizar las relaciones suspendidas tras un ataque militar colombiano a un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio de Ecuador, en marzo de 2008. En el operativo murió el número dos del grupo rebelde, Raúl Reyes.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, consideró ese traspaso de la frontera, sin autorización, como una violación a la soberanía y el 3 de marzo de 2008 rompió relaciones diplomáticas con Colombia.

La semana pasada, el ministro colombiano de Defensa, Gabriel Silva, recibió a su par ecuatoriano, Javier Ponce, y al titular de Seguridad, Miguel Carvajal, para reactivar las funciones de la Comisión Binacional Fronteriza, creada en 1996. Así se reabren canales de comunicación y cooperación para atender los problemas de seguridad en la frontera común.

"El hecho de que tengamos espacios de comunicación más fluida entre autoridades militares, policiales y, sobre todo, autoridades políticas, crea evidentemente mejores condiciones para tratar las preocupaciones que podemos tener", destacó ayer Carvajal a la radio Sonorama, en Quito.

Con todo, los conflictos no han sido del todo superados. "En Ecuador tenemos preocupaciones, por ejemplo, sobre las bases colombianas usadas por fuerzas norteamericanas porque aquello aumenta las asimetrías de fuerzas", señaló Carvajal. Se refería al acuerdo entre Washington y Bogotá, que permite a militares estadounidenses el uso de siete bases militares en Colombia.

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