"Quise evitar lo mismo que pasó en Independiente".

RACING: Admitió que cometió un error "pero no un pecado". Y señaló que la barra de Racing no es violenta.
La tarde cae mansa en Barracas, en esa cuadra de la calle San Antonio donde está la parroquia Natividad de María. La procesión va por dentro. Adentro está el padre Juan Gabriel Arias, el sacerdote que también es dirigente de Racing y quien el lunes le propuso al plantel una reunión con la barra brava. Atiende a los móviles de las radios, atiende a Clarín, aclara que tiene que dar la misa de las siete. Y aclara algunas cuestiones más.

Leandro González había contado el episodio del lunes a la tarde, en el vestuario del Cilindro, momentos después de que se despidiera Juan Manuel Llop. El dirigente Arias le propuso la reunión a los jugadores. En un "Un buen momento", de radio La Red, al volante le preguntaron si era cierto lo que había ocurrido y González señaló que "sí, fue así. Pero quedó ahí. La respuesta del plantel fue que eso era una locura y quedó ahí. Cuando nos vino a plantear eso, la respuesta fue de una, lo cortamos en seco. No lo tomamos a mal ni le hicimos ningún gesto feo. Los más grandes nos dijeron que nunca habían vivido algo así".

El dirigente sabe de qué se trata el interés por hablar con él.

¿Cuáles son los lazos que tiene con la barra brava?

No tengo lazos. Yo conzco a mucha gente y tengo ascendencia sobre cierta gente, entre los cuales hay gente de la barra. Yo hablo mucho, con todos y noté que había mucha bronca, mucho enojo Y algunos querían ir a hablar con los jugadores.

Entonces, usted propuso la reunión.

Sí, pero hay que explicar el contexto. Algunos me dijeron que querían ir a apretar a los jugadores. Yo les dije que no era momento de apretar, si no de apoyar...

Perdón, ¿quiere decir que en otro momento, sí se puede?

No... lo que quiero decir es que apretar no es la manera y ellos estaban decididos a ir a apretar. Todos sabemos lo que pasó en Independiente antes del clásico (se refiere a las presiones de la barra a los jugadores, en Tucumán tras la derrota con San Martín y en una práctica en Villa Domínico) y quise evitar que en Racing pasara lo mismo. Entonces, les transmití a los jugadores el estado de ánimo, no solo de la barra sino de hinchas y socios. Les pregunté qué les parecía a ellos tener una reunión, dos o tres jugadores y dos o tres hinchas, para hablar café de por medio. Me dijeron que no y se acabó el tema. Pero yo cometí el error de hablar con todo el grupo, debía hablar con algún referente porque si la respuesta era negativa, quedaba ahí, no trascendía y listo.

¿Ese fue el error?, ¿cuál debe ser la relación de los dirigentes con la barra brava?

No hay que ser hipócrita, todos los dirigentes conocen a las barras. Yo condeno a los que roban, manejan negocios en el club y provocan violencia en las cancha. Son nefastos. Pero no puedo condenar a esta barra de Racing. Nunca la vi en un hecho violento y si la veo, la voy a decir. Pero yo no soy policía, soy sacerdote.

No me va a hablar de la oveja que debe volver al rebaño...

Esa es mi tarea en la parroquia, donde van barras y gente que no es barra. Pero uno hace su tarea también ahí, no se preocupe.

¿Cómo vincula el sacerdocio con su tarea de dirigente?

Este es el primer cortocircuito que tengo. Voy a ver cómo lo manejo, pero me hizo pensar.

La jerarquía eclesiástica, ¿no le dijo nada por esta exposición?

Me conocen y saben que no hice nada malo. Cometí un error y no un pecado. Si bien todo pecado incluye un error, no tuve una falta moral. A Bergoglio y a los obispos les gusta que yo vaya a la cancha.

Comentá la nota