Los quinteros piden auxilio antes de que la piedra destroce su producción

Las mallas antigranizo superan los 36 mil pesos por hectárea. La última tormenta renovó el temor a perderlo todo de nuevo. Y las promesas de ayuda oficial se fueron evaporando después de cada lluvia.
Esta vez no les tocó. Los productores del cinturón verde de Río Cuarto respiran aliviados. La tormenta se fue y el azar quiso que en sus huertas no cayeran piedras.

Pero, saben que en cualquier momento les toca y estarán solos para afrontar el riesgo.

Sin créditos blandos nunca podrán colocar las ansiadas mallas antigranizo, cuyo costo alcanza la friolera de 36.300 pesos por hectárea.

Con cada pedrea llegan las promesas de ayuda y los sistemas de protección parecen acercarse a sus quinta. Pero son compromisos efímeros que se desvanecen, igual que el propio granizo.

Para ver de nuevo sus frutos y poder volver al mercado, después de las peores tormentas, los quinteros se secan las lágrimas y empiezan de nuevo.

Sebastián Condori (24) trabaja a porcentaje en la quinta de Jorge Amaya y cuenta que sufrió por la tormenta del miércoles, que fue más benévola de lo que parecía. “Cayó un poco de granizo, pero no pasó nada, sólo se picó un poco la lechuga. La vamos a tener que vender más barata, en lugar de 15 pesos el cajón tendrán que ser 10, pero por lo menos la tenemos”, dijo el hombre, sabiendo que pudo ser peor, como cuando el 25 de abril pasado la piedra le destruyó toda la verdura y la fruta.

“Acá no hay ningún tipo de protección. Tenemos sembrado unas cinco hectáreas. La verdura de hoja es la que más riesgo corre. Si viene una piedra grande, no queda nada. Después hay que esperar por lo menos cuatro semanas para volver a sacar algo”, indicó el quintero mientras cosechaba chauchas, junto con su esposa Gimena (23). A pocos metros los aguardaba su hijito de un año.

“Por culpa de las piedras la hemos pasado muy mal. El año pasado no nos quedó nada. Fue todo un trabajo tirado”, agregó la mujer.

Alejandra Panzitta (39) cobró la calma cuando ayer por la mañana recorrió la quinta y comprobó que nada malo había pasado. “Cortamos clavos cada vez que viene tormenta. Y ésta, por momentos, se puso bastante fea, nos hizo acordar a la de abril del año pasado, que fue con piedras grandes. Liquidó todo, estuvimos como dos meses sin ir al mercado. Hubo que volver a sembrar y esperar, porque las plantas no se criaban por el frío”, dijo. Y agregó: “En noviembre también vino granizo y con el viento nos molió la verdura. En este sector es raro que, si viene tormenta, no caiga piedras”.

Esta productora del cinturón verde dijo que las mallas antigranizo “son inalcanzables, cuestan mucha plata”. “Con el precio que se le saca a la verdura no se puede pagar eso”.

Omar Brollo (45) trabaja con su hermano. Son hijos de quinteros y viven con sus familias de la explotación de 10 hectáreas del cinturón verde, cuyos frutos venden en el Mercado de Abasto.

Dijo: “El 26 de diciembre cayó granizo por última vez. Afectó la verdura de hoja. Pero, lo que fue el 25 de abril, ni hablar. Fue un desastre. Rompió todo. Y ayer -por el miércoles- pensábamos que de nuevo se venía la piedra, pero nos salvamos. Hubo un poquito de granizo en el lote de la alfalfa”.

“Después de la última piedra, mandamos todas las planillas. Dijeron que nos iban a ayudar, pero el gobernador ni se mosqueó. Y de las mallas antigranizo se habló, pero tampoco pasó nada. Hablaron de créditos de tres mil pesos, pero eso no sirve. Es un sistema carísimo. Por lo menos, hacen falta 50 mil pesos, con un un año o dos de gracia”, enfatizó.

Brollo agregó: “Hace dos años que no embocamos una. Desde la nevada para adelante, todo fue un desastre. Nosotros necesitaríamos una malla, aunque sea para la verdura más frágil. Y podríamos pagar la cuota de un crédito, pero nadie hace nada”.

Israel Villegas (25) alquila 8 hectáres cubiertas con mallas antigranizo. Comentó:

“Ahora estoy más tranquilo. Sé que por lo menos no me va a llevar todo la piedra, como antes. Anda bien, la última vez, la malla quedó bajita por el peso de las piedras, pero la verdura se salvó toda”.

Dijo que el dueño de la quinta primero puso una media sombra, pero no dio resultado, porque se rompía con la piedra y no dejaba pasar el sol.

$ 700 por rollo

Para cubrir del granizo una quinta de 5 hectáreas hay que disponer de 181.500 pesos. Y el sistema dura entre 8 y 12 años.

Héctor Scorsetti, comerciante local, dijo que cada rollo de cien metros de esta malla cuesta 726 pesos. Tiene 2,10 metros de ancho, por lo que se precisan 50 rollos para cada hectárea.

Los riesgos y los costos de evitarlos desalientan la producción. En las 300 hectáreas del cinturón verde quedan unos 40 productores. La alfalfa y la soja, entre otras actividades, fueron ganando espacio.

Alberto Willnecker, presidente del Mercado de Abasto, dijo: “Es una inversión muy grande, difícil de recuperar con esta producción”. Y agregó que “cuando asumió el Gobierno de la Provincia, vino el secretario de Agricultura y dijo que iban a generar una estructura de apoyo, pero no pasó nada. Hicimos varios viajes, llenamos planillas, pero nunca la Provincia puso un peso. En cambio, la Municipalidad hizo aportes reintegrables y no reintegrables para resembrar, porque si el cinturón se queda sin producción sufre toda la ciudad”.

La concejal Lucía Aliberto, como productora del cinturón verde, expresó: “Se hicieron todo tipo de gestiones, pero jamás se concretó nada. No hay políticas de protección a los cultivos. La renta es baja, sólo alcanza para mantener la familia”.

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