Quintas, alianzas y quebrantos

Primero fue un problema económico. Ahora también es político. La endeblez de las cuentas municipales socavó en sólo siete meses al gobierno de Juan Jure y lo dejó con la imagen de debilidad, soledad e inmovilismo que actualmente lo persigue.

La realidad económica es más grave de lo que se dice. Cada mes, el gobierno municipal padece un déficit de 1.400.000 pesos. Es constante y estructural. Si no hay un recorte profundo de gastos en los próximos meses, si no se destierra el rojo de los balances, el funcionamiento cotidiano del Estado local estará en peligro.

Jure quedó prisionero de un esquema que ideó el gobierno anterior. El fideicomiso, que fue presentado como una herramienta fabulosa que le garantizaría obras públicas a Río Cuarto durante los próximos 8 años, es hoy un corset tortuoso. Cada 30 días, aunque las cuentas estén exhaustas, la Municipalidad debe aportar casi 2 millones de pesos al Banco Nación. No hay margen de maniobra; el gobierno está comprometido a depositar todo lo que recauda por el Fondo de Obras Públicas y no puede renegociar los vencimientos ni dejar de pagar momentáneamente.

El fideicomiso pesa como una piedra ahora que la administración debe subir la cuesta de la crisis.

Una segunda decisión tomada en tiempos de Benigno Rins alimenta el déficit: el blanqueo general de 740 empleados, que llevó la partida de personal de 3,7 a 5,2 millones de pesos mensuales. Sin concursos ni blanqueo, o con una manera más prudente de hacerlos, hoy el Municipio no estaría al borde del quebranto.

Es un mal eterno de los gobernantes argentinos: cuando la economía no está en crisis toman medidas como si la bonanza fuera eterna ¿La administración municipal necesita, en tiempos de crisis, 1.300 empleados para funcionar?

El fideicomiso y el peso del gasto en personal son corrosivos. Ahora, como adelantó Gumersindo Alonso, Jure está preparando un “ajuste tremendo” pero en otras áreas. En las últimas reuniones con los secretarios se decidió reducir a la mitad la planta política: quedarán 58 contratados como personal de gabinete, un ahorro mínimo si se compara con las 740 incorporaciones que se produjeron hace apenas nueve meses a la planta permanente.

El déficit crónico hizo que el gobierno terminara lanzando un revalúo que fue costosísimo para su imagen y que, finalmente, erosionó su capital político. Sin un peso en el bolsillo, la gestión de Jure no parece tener respuestas.

Tal vez, las debilidades políticas estaban en el origen y las dificultades económicas no hicieron más que desnudarlas o intensificarlas.

Aunque no lo parezca, el de Jure es un gobierno de coalición, de confluencia entre tres partidos: el radicalismo, el Frente Cívico y Social y el socialismo. Pero, a juzgar por los resultados, la alianza sólo llegó hasta el momento en que terminaron de contarse los votos.

El esquema político que encabeza Jure tiene una falla de nacimiento. Es un gobierno de parcelas, de quintas, en el que cada partido se adueña de una porción pero no se compromete con el todo.

Lo mismo le pasó a Rins y tampoco funcionó. Pero los defectos parecen tolerables y hasta intrascendentes en los escasos chispazos en que la economía argentina no está en crisis.

Los aliados, en momentos difíciles, en vez de convertirse en apoyos del gobierno terminan siendo, en realidad, elementos de presión. La política dice palabras en privado que niega en público. En los últimos días, a pesar de lo que se dijo a los medios, tanto el socialismo como el Frente Nuevo aparecieron por el Municipio más para cuidar a sus hombres y sus espacios de poder que para buscarle una solución a una crisis que, si no se remedia rápidamente, podría tener consecuencias graves.

Todos lo niegan, pero en la reunión que mantuvieron Jure y Alonso para definir si Marcelo Terzo sigue o no en la Secretaría de Economía, sobrevoló el fantasma de la ruptura dentro de la alianza.

Por eso, el intendente duda. Hoy, Terzo ha sido reconectado a un respirador artificial. La presión de Alonso puede llegar a dar resultado, aunque en el gabinete y en el Concejo piden a gritos que el secretario de Economía, que cumplió las órdenes del intendente al diseñar el revalúo pero que está desgastado a más no poder, sea separado del cargo.

Los aliados cuidan su quinta. Y el radicalismo no aparece. Sólo algunos concejales de la UCR estuvieron en el Palacio de Mójica para darle apoyo a Jure. La imagen es que el gobierno está solo.

Si hay un animal político que olfatea la debilidad es el peronismo. La semana pasada se negó a sí mismo y fustigó al intendente. “Es que Jure nos miente. Nos dijo que nos iba a convocar para los temas importantes y nunca más nos llamó. Para colmo, nosotros también pagamos el costo político de votarle ordenanzas importantes. Por eso nos abrimos”, explicó un concejal del PJ.

Dentro del Palacio volvieron los fantasmas. Han vuelto a mirar con desconfianza hacia el Concejo Deliberante, principalmente, al oficialismo.

Hay un aspecto positivo: no existe un funcionario en el gobierno que niegue la realidad. Saben que están débiles, que perdieron crédito entre la gente y que difícilmente puedan revertir inmediatamente, más aún en un año económico complejo, esa caída. Pero aspiran a que el pozo se haga menos profundo cuando el 1º de marzo el intendente anuncie, en la apertura de sesiones del Concejo, un plan que tiene la intención de marcar el relanzamiento de la gestión.

A nivel nacional hay signos preocupantes, como la caída de la recaudación y la merma de la actividad económica que empezó a reflejarse en las estadísticas de los últimos meses de 2008. Pero, para el gobierno provincial y el municipal, la crisis llegó antes y con mayor intensidad. Jure tiene un déficit crónico y Juan Schiaretti acaba de admitir que no sabe si podrá cumplir con los aumentos salariales previstos para este año.

El Municipio está en rojo y aún ni empezaron las discusiones con el gremio por una suba de sueldos. En la provincia, los sindicatos ya están en pie de guerra y amenazan con asambleas y paros.

La paz social podría alterarse y derivar en conflictos este año. La economía no da respuestas. Y lo peor de la crisis todavía no llegó.

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