Quinchos del Lunes 27 de Octubre de 2008

Las reuniones sociales de esta semana no pudieron escapar al tema del día: la estatización de las jubilaciones. Hubo de todo: desde análisis sesudos hasta «amenazas» de exilios autoimpuestos en Punta del Este. Lo que trajo algún alivio a la tensión fue el viaje por el fin de semana al Sur del matrimonio presidencial, en medio de un huracán de versiones sobre renuncias y acusaciones. Otra pareja, real ésta, visitó el país en un avión tan grande que debió aterrizar en Ezeiza y no en Aeroparque, como es costumbre. Uno de sus integrantes también usó un voluminoso vehículo blindado para desplazarse a La Boca, barrio en el que tiene un socio. Hubo reestrenos teatrales, apertura de un museo y risotto en la casa de una baronesa, pero en casi todos se habló de las AFJP. Veamos.

Cristina de Kirchner con los reyes de Jordania y sus traductores, en la Cancillería. La reina quiso conocer la cancha de Boca Juniors: ella es embajadora de UNICEF, entidad que el club publicita en su camiseta. ¿Que los Kirchner viajen al Sur es una solución para los problemas argentinos? La partida abrupta del matrimonio el viernes a El Calafate tranquilizó a todos (incluso a los mercados) con el mensaje de que mientras estén allí no se les va a ocurrir anunciar nada que arriesgue más la situación del gobierno (y del país). La salida fue casi tumultuosa el viernes. Néstor se disparó en un avión privado hacia la residencia «Los Sauces» en la mañana de ese día, cuando comenzaban a circular e-mails que hablaban de la renuncia de Martín Redrado a la presidencia del Banco Central. También de movimientos en la Jefatura de Gabinete, dos noticias que empujaron la compra de dólares pero que el gobierno calificó de patrañas urdidas por un fondo de pensiones -entre los más grandes, ligado a un banco extranjero- como peregrina represalia al plan de privatizaciones.

Como si los banqueros se movieran por el axioma anarquista que dice «cuando peor, mejor»; es decir, como si les conviniese más caos, una explicación insuficiente a lo que pasó el viernes, con Cristina de Kirchner internada en Olivos junto con Sergio Massa antes de subirse ella, sola y con el marido ya de viaje a El Calafate, al avión que la llevó a Mar del Plata y de ahí, siempre sola, a la residencia junto al glaciar. Antes de irse, Kirchner dejó una orden que le va a poner la música a todo lo que haga el oficialismo desde hoy: «¡ Saquen la ley con los votos propios! Nada de pegarse a la oposición, a los radicales, a la Carrió, que siempre quisieron la estatal, pero ahora no les vamos a dar la razón». Retorcida estrategia la que tienen orden de desplegar los kirchneristas del Congreso. ¿Y Redrado?, se preguntaba el viernes todo el gobierno; silencio desde el Central hasta que el titular del banco de bancos se despertó por teléfono: explicó que estaba almorzando con la cúpula de los banqueros de ADEBA, a quienes les estaba explicando cómo les va a ir con la apropiación por el Estado de los fondos de pensión y, lo que más les interesa a los banqueros, qué va a hacer el gobierno con las acciones que tienen hoy las AFJP de los bancos. Les llevó alguna tranquilidad que no se sabe si reconoce inspiración en el gobierno: que habrá profesionalismo en el manejo de los fondos, que está asegurada la continuidad de los fideicomisos para consumo masivo, que las acciones en bancos y empresas no van a ser instrumento de ninguna interferencia en la rutina de sus negocios.

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El nervio de ese viernes espera no repetirlo el gobierno nunca más; no podría resistirlo por la tensión que llevó a los mercados, la cantidad de dólares que se movieron y la falta de respuestas con el matrimonio incomunicado a miles de kilómetros de la Capital ( Kirchner dejó en Buenos Aires a su más cercano vocero, como para que no haya ni la posibilidad de mensajes del gobierno al público que les haga presumir que pudiera haber anuncios en el fin de semana). La orden a los funcionarios fue que trabajasen esos tres días en dos documentos, uno para que Amado Boudou lleve mañana al Congreso y uno que se conoció anoche sobre el plan de inversiones de la nueva ANSeS, enriquecida por los aportes previsionales cuando salga la ley. Eso dejó al jefe del organismo, como se cuenta en otras secciones de la edición de hoy, sin descanso el fin de semana, trajinando planillas de Excel con Carlos Tomada y otros asesores con la misión casi imposible de acallar la bronca de la clase media por esta medida que el gobierno intenta no se le convierta en otra contraola como fue la Resolución 125.

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¿Ahuyentó Julio Cobos a Néstor Kirchner de un teatro? Fue la leyenda urbana de la semana. El vicepresidente habría prometido asistir al estrenoporteño de la ópera «Eva» con Nacha Guevara, un emprendimiento en el cual está comprometido políticamente Daniel Scioli, y eso habría ahuyentado la presencia (en la misma función) de Néstor Kirchner en la noche del miércoles. Scioli presidió ese reestreno de la obra de Favero y Orgambide que tanto éxito tuvo en el Teatro Argentino de La Plata, y su gente dijo que nunca habían estado invitados ni Cobos ni Kirchner; el único que dejó la butaca vacía fue Sergio Massa, esa noche con problemas más serios que cuidar que la coreografía de apariciones en el escenario (es una de sus aficiones: calcula más que otros con quién y cómo aparecer en público). Ni se enteraron de ese episodio los invitados de Scioli al reestreno: Graciela Borges, Gino Bogani, Enrique Pinti, Claudia Maradona, Pampita Ardohain con Benjamín Vicuña, María Kodama, Jorge Telerman, el animador Jorge Rial, la tanguista Mora Godoy, Lucía Galán, Facundo Frávega y otros amigos del ala pimpinela del gobernador.

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Esa jornada de miércoles había sido tumultuosa por las explicaciones que intentaba dar Kirchner sobre la estatización de jubilaciones, una idea que se le ocurre a su gobierno a los seis años de mandato y cuando discutió el sistema por lo menos tres veces ante la opinión pública (libre opción; modificación de comisiones de las AFJP; movilidad de las jubilaciones) y el Congreso sin dar señal de ese proyecto. Es un prodigio de originalidad, o de improvisación. Esa noche Kirchner tampoco la acompañó a Cristina a la cena en el Palacio San Martín que le ofrecieron a los reyes de Jordania, una actividad tan fugaz que dejó mucho sin contar. Desde trivialidades que compartieron los funcionarios que se acercaron al palacio de los diplomáticos, como que Jorge Taiana debió ir a buscar al rey Abdullah II y la reina Rania Al Abdullah a Ezeiza porque llegaron en un avión tan grande que no pudo aterrizar en Aeroparque, como suelen hacer otros mandatarios que visitan el país.

Jordania no tiene embajada en Buenos Aires (sus intereses los atiende un embajador en Santiago de Chile), por eso no existe una colonia de habitués a sus actividades sociales en la región. Eso no impidió que en una visita de menos de 24 horas, el hijo del rey jordano se diera una vuelta por un campo que le señaron (otros dicen que ya lo compró) en la zona de Cañuelas.

Es un fanático del polo y buscó estar lo más cerca posible del campo de Adolfo Cambiasso, con lo cual gana varias casillas entre los polistas extranjeros que vienen al país en estos meses aprovechando que se juegan las copas más importantes. Muchos de ellos, millonarios o miembros de realezas europeas y orientales, se divierten mirando a los astros del polo y tienen oportunidad, pagando sumas que nadie revelará nunca, de practicar el deporte con los jugadores de más alto handicap y en las canchas más famosas del mundo.

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El menú que Jorge Taiana previó para esa cena fue cuidadísimo para no quebrar ninguno de los rituales de cocina de esta casa real jordana, la más europea de todas las que quedan en Medio Oriente: ensalada salvaje de langostinos del Sur, lomo en costra con salsa criolla, crocante de ananá, acompañado todo de Rutini Malbec y blanco, atendido con hambre de crisis en la mesa principal por los reyes hachemitas, Cristina de Kirchner -debutante con el vestidito negro, recurso que según los grandes diseñadores debe presidir el vestuario de toda dama-, el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, los ministros Jorge Taiana, Nilda Garré y Florencio Randazzo. Convivieron en otras mesas Julio De Vido con los empresarios Santiago Soldati, Cristiano Rattazzi y Alejandro Bulgheroni, los diputados Carlos Kunkel, José María Díaz Bancalari y Héctor Recalde, los secretarios Oscar Parrilli, Carlos Zannini y José Nun.

Ausente el gran animador de estas cenas, Daniel Scioli, esa noche de viaje a Colombia junto al rey de los intendentes oficialistas, Julio Pereyra, para participar de una cumbre de alcaldes de todo el continente. El lote de los presentes se extrañó por la afición boquense de la reina, una licenciada en Economía de la Universidad de Londres de 38 años, con fama de bella; les explicaron a los hombres del gobierno que ella es embajadora de la UNICEF, oficina de la UNESCO para ayudar a los niños desvalidos. Boca Juniors lleva en su casaca la publicidad de UNICEF y eso le valió -pese a ser territorio macrista para el gobierno- la visita de la reina a ese barrio, al que llegó en un impresionante BMW 750 I, vehículo blindado pocas veces usado por funcionarios.

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La energía política de la semana se la llevó la polémica sobre la estatización de las jubilaciones, tema recurrente y excluyente en todos los saraos, que los hubo y muchos, ligados a la actividad artística y cultural. Lo más notable fue la inauguración del museo de Amalita de Fortabat, una movida muy discreta por la salud de la empresaria y limitada a sus amigos, algunos venidos del exterior. Una de ellas fue Susan Segal, directora del Council of the Americas, que halaga a los Kirchner cada vez que viajan a Nueva York, y quien motivó además una cena con empresarios en la Embajada de Estados Unidos. Estuvo en el protocolo de la Fortabat, a quien quiso halagar con esta visita por indicación de su mandante en el Council (y en otros emprendimientos), el millonario David Rockefeller, que sí es amigo de Amalita y que no pudo viajar a Buenos Aires también por su estado de salud.

La gente amiga de las artes y las letras quedó algo molesta por lo limitado de la lista de invitados de Amalita en el museo de Puerto Madero. Pero más por el aire privado que le dio Cristina de Kirchner al acto de traslado del mural «Ejercicio plástico» al predio de la llamada Aduana Taylor, detrás de la Casa de Gobierno, en donde se instalará.

Ese mural de David Alfaro Siqueiros, que hizo en la quinta Los Granados de Don Torcuato para el editor Natalio Botana en 1933, fue rescatado por empresarios privados y ahora se lo queda en préstamo el gobierno para que luzca en los jardines presidenciales. El dinero vuelven a ponerlo empresarios como Carlos Pedro Blaquier, Paolo Rocca y Carlos Slim, trío que aportó fondos para rescatar esas imágenes de Siqueiros que se apartan del imaginario socialista del resto de su obra mural y se acercan a lo sicalíptico. Así lo entendió uno de los dueños de esa quinta, Alvaro Alsogaray, quien cubrió esa evocación erótica de Siqueiros con cal, seguramente para que sus hijos (María Julia, por ejemplo) no sufrieran inspiraciones inconvenientes para adolescentes. Raro que Cristina de Kirchner no haya aprovechado este antecedente del Alsogaray «censor» con la afición que tiene por lanzar dardos a sus adversarios noventistas.

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Cristina de Kirchner le dio marco también privado a la instalación en Casa de Gobierno del primer contenedor con los pedazos del mural, vetó incluso que se acercase la prensa argentina a registrar el hecho. Permitió, en cambio, que todo fuera fotografiado y filmado por periodistas venidos de México, mostrándola a ella junto a otra Cristina, la embajadora de ese país que tiene el bello nombre de Cristina de la Garza. Fue gracioso cómo los curiosos que ese día se acercaron al jardín trasero de la Casa Rosada vieron desde un corralito cómo la Presidente, la embajadora, los secretarios Parrilli y Zannini, más el embajador riojano en México, Jorge Yoma, reían con exclusividad ante cámaras de medios mexicanos.

En un momento, como si figurase en el libreto, salieron de atrás una decena de manifestantes cantando «¡Cristina!, ¡Cristina!» con un profesionalismo digno de un montaje teatral. ¿Serán los mismosque van en la combi a todos los actos en los que actúa Cristina de Kirchner, o son estables del elenco de la Casa de Gobierno? Esos manifestantes profesionales hasta tienen una puerta propia, sobre la esquina de Paseo Colón e Yrigoyen; cada vez que hay actos en Gobierno, varias horas antes se agolpan con pancartas apropiadas al acto; unas veces agradecen jubilaciones, otras el rescate del patrimonio cultural latinoamericano.

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Estas andanzas se comentaron en reuniones menos exclusivas, aunque de alto rango, como la cena que ofrecieron los editores Dudu Von Thielmann y Larivière para festejar la aparición del libro «Platería de las Pampas», una colección de fotos y textos del pasado criollo que firma Claudia Caraballo de Quentin. Fue en el piso del matrimonio de Von Thielmann, una baronesa alemana afincada en el país, con su marido Ubertus, en realidad dos departamentos en Montevideo y Alvear, unidos por la terraza, y asistieron Octavio Caraballo y su esposa Flavia Martín, el pintor Tatato Benedit, «Pusi» Perkins (viuda del famoso corredor de autos Gastón Perkins, casada ahora con Alfredo Anchorena), Teresa González Fernández, el ex editor Bonifaciodel Carril (h), dedicado a su afición por las fotografías camperas. Venían de un cóctel anterior, que compitió con el acto de Amalita en su propio museo, con asistencia masiva, que se hizo en el Museo de Arte Decorativo para mostrarle el libro a más gente.

Más de 500 invitados, entre ellos la Royal Family representada por lady Ella Windsor, invitada a Buenos Aires por Carmine Dodero, y también los amigos gauchos de Caraballo, que llegaroncon sus mejores prendasy no se sabe si de a caballo. Lo cierto es que se devoraron en un santiamén todos los sándwiches y pedían más, sobre todo los gauchos. En un principio pensaron que el vernissage de Amalia Fortabat, sumado al diluvio de esa tarde, restaría concurrencia, pero al final de la noche había más de 600 personas. Entre ellos, los excluidos del listado de Fortabat, clamaban por una copa de champagne para ahogar sus penas. Nadie sabe a ciencia si Andrés von Büch, Archie Lanús, Fernando Petrella, Daisy Chopitea, Jorge Pereyra de Olazábal, María y Carmelita Herrera Vegas, Felisa Larivière, Miguel Blaquier, Guillermo Alonso, Gino Bogani o Flavia Martini, le encontraron un sabor amargo a la bebida, heridos después de esperar en vano la invitación de la ex reina del cemento a la inauguración de su nuevo y ecléctico museo de Puerto Madero.

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Quienes de verdad encontraron consuelo, como Tatato Benedit y María Herrera Vegas, que lo confesaron, fueron los invitados al risotto que cocinó la baronesa Dudu para los happy few que fueron al piso de Recoleta con vista a la Nunciatura. Octavio Caraballo, hermano de la autora, es también coleccionista de platería criolla y dueño de los mejores cuadros de Florencio Molina Campos, el pintor de los almanaques. Y hasta llegaron los Quentin, los suegros de la escritora, desde Ecuador para la fiesta. Se comentó esa noche que Amalita está retratada por Andy Warhol, pero también se dijo que Claudia tiene en su dúplex neoyorquino del East River con una vista «infartante», un retrato de Richard Avedon, uno de los mejores fotógrafos del mundo, además de una colección de arte italiano montada con auténtico criterio curatorial. La baronesa tenía motivos para celebrar: Caraballo le facilitó su trabajo, le entregó todo el material terminado, textos, fotos y diseño y, además, vendió muchos libros que valen lo que pesan.

Entretanto, en su propio museo y después del recorrido de la colección, Fortabat los sentó a sus invitados, a las galeristas Orly Benzacar y Sara García Uriburu, que estaba con su hermano artista Nicolás, a Guillermo y Franca Roux, Cristina Carlisle (Christie's) y Adela Casal (Sotheby's), a los coleccionistas Eduardo Costantini, Helena Olazábal de Hirsch, Ricardo y Eduardo Grüneisen y Santiago Soldati, y también a Bartolomé Mitre y las amigas que, como Sarita Gaínza, siempre concurren a sus cumpleaños. Faltaban sillas, pero se acomodaron cuando los escasos jóvenes que había se pusieron de pie para comenzar el acto con una hora de demora. Se atribuyó la tardanza a que esperaron a Mauricio Macri, que nunca llegó.

Amalita, escoltada por su nieta Amalita Amoedo, que es una buena artista, y su hija Inés Bengolea, se dio el gusto de conversar con sus amigos y contó cómo había comenzado a coleccionar: «Tenía apenas 11 años cuando descubrí el arte en el 'Tesoro de la Juventud'». Luego no eludió los momentos difíciles, cuando debió vender parte de su colección de impresionistas (que junto con la de Nelly Arrieta figuraron durante años entre las mejores del mundo). El excelente coctel acompañó la charla y acaso para poner en evidencia la maravillosa vista del edificio con su frente vidriado, la noche culminó con un festival de fuegos artificiales.

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Cumplir 40 años es algo, pensó el juez federal Ariel Lijo, y cerró uno de los santuarios más exquisitos del sushi criollo, el restorán Azul Profundo de avenida Del Libertador y Esmeralda. Más que una fiesta fue un desfile de armas, es decir, exhibición de amigos para que vieran otros amigos. Fue lo más importante de la Justicia en la semana, junto a la decisión -que todos tratan de explicar por compromisos políticos más que por pureza jurídica- del juez Claudio Bonadío de intervenir en el negocio de las AFJP para que dejasen de operar en los mercados y la asunción el miércoles como camarista federal de Jorge Ballestero (con más familia y funcionarios que presencias políticas, lo mismo que en el festejo casi secreto que hizo en un local de Monroe y Figueroa Alcorta).

Estaban casi todos los «federales» (Octavio Aráoz de Lamadrid, Rodolfo Canicoba Corral, Sergio Torres, María Servini de Cubría, faltó Norberto Oyarbide, siempre notable cuando aparece), el secretario de Seguridad de Buenos Aires, Carlos Stornelli, que no se habló con quien fuera su segundo en esa cartera, Martín López Ferrando, el diputado Ramón Ruiz, antes interventor en el PJ nacional en nombre del peronismo gobernante con Eduardo Duhalde y los Kirchner), el jefe de la Prefectura, Oscar Arce, y una mínima representación política: el ministro de Seguridad macrista, Guillermo Montenegro (ex juez, de la misma hornada generacional que Lijo), y los legisladores Cristian Ritondo y Diego Santilli, encargados por Mauricio Macri de armar una policía porteña. También los empresarios Adrián y Gerardo Werthein; del gobierno, sólo la secretaria de Justicia Marcela Losardo, que al día siguiente acompañó junto a Daniel Scioli, Ritondo y Diana Conti, como única expresión política, la jura de Ballestero como camarista.

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Entre gente tan enterada ya hay juicios preliminares sobre el debut -en funciones para amigos- de Jorge Lanata en el Maipo. Confesó desde el escenario el viernes que necesita alcanzar más ductilidad en el género. Se lo dificulta que ha dejado de fumar (además fumar «entre cajas» trae mala suerte en el teatro; no podría pitar nunca en el Maipo). Su idea es comentar todas las noches en el monólogo final la tapa del diario que dirige (¿le sumará lectores, o se los restará entre quienes se queden satisfechos con ese adelanto de medianoche). Se sacó el saco «para que me vean los tiradores»y con un cigarrillo apagado en la mano hizo comentarios cáusticos hacia los Kirchner y terminó leyendo un texto sobre Manuel Belgrano (seguramente sacado de uno de sus libros de divulgación), sobre cómo no le pagaron los sueldos caídos, cómo nunca hicieron escuelas con esos fondos o cómo profanaron su tumba para robarle los dientes.

Promete redondear el oficio en el cual debutó con asistencia de infaltables a todo sarao. Tiene letra Lanata en lo que hacen y dicen los famosos que alimentan sus libretos. Por ejemplo la boutade de la animadora Mirtha Legrand en la noche del sábado en Rosario, adonde viajó para la entrega de los premios Magazine en el salón Metropolitano. Tanto champán derramó que la Legrand, cuando tomó la palabra dio una muestra de entusiasmo poco explicable: «Tenemos aquí - dijo rodeada de invitados locales y llegados de Buenos Aires- entre todas estas personas a quien vamos a tener de presidente los argentinos, el doctor Hermes Binner». No dio razones para tan aventurada profecía que, como siempre, dividió al auditorio que convoca todos los años el empresario y periodista Carlos Bermejo.

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También estuvimos en una cena cultural a beneficio del Hospital Alemán el miércoles en el Jockey Club de San Isidro. Ningún funcionario nacional del área de Salud; sí, en cambio, estaba el secretario de Salud de Mauricio Macri, Jorge Lemus, en un evento del que participaron 240 comensales que pagaron la friolera de $ 2.500 el cubierto para contribuir a la construccióndel Instituto Oncológico-Pediátrico de ese centro asistencial germánico. Antes de la cena hubo una recepción en el salón central del tradicional club que balconea al magnífico campo de golf (salchichas, mozzarellitas y langostinos apanados, y canapés surtidos, todo acompañado por vino y champán donados por bodegas Norton) donde se saludaban empresarios, médicos, embajadores y pocos políticos. El tema excluyente fue el anuncio de estatización de las AFJP y el impacto de la medida en las Bolsas. Las miradas estuvieron puestas en Ricardo López Murphy (¿habrá pagado también los $ 2.500 para cenar?), a quien los asistentes le ofrecieron una especie de «besamanos» seguido de un comentario sobre la situación actual de la economía y sobre los Kirchner. En ese distrito el ex ministro sacó buena cantidad de votos en 2007; eso explica el atractivo que tiene para los locales.

Estrenándose como titular de la Corriente Cívico Republicana -grupo, no partido, aclara- el ex ministro de Economía de Fernando de la Rúa sólo intercambió opinión sobre la crisis de los mercados con la embajadora de Austria, Gudrun Graf. La diplomática le dijo, en perfecto castellano, que tenía la sensación de que «el mundo era otro desde hace un mes», respondiendo a su pregunta sobre cómo estaban sobrellevando las economías de los países europeos la debacle internacional. También ella, como estaba interesada en entender algo de lo que pasaba con las AFJP, López Murphy aportó: «Lo que quiere el gobierno argentino es hacerse de caja y darle un paga-Dios al país. Esto avasalla la libertad individual de decidir dónde invertir o destinar los ahorros». En otro rincón, el empresario Pablo Roemmers analizaba con Rodolfo Hess y Luis Stück, de Fund Raising, el avance de las obras en el Instituto Oncológico Pediátrico cuando un grupo de damas interrumpió para compartir su furia, otra vez por la estatización de las AFJP. «Es un saqueo, es perverso», comentó una y otra le respondió: «Con este escenario quién va a traer plata al país. Yo, el año que viene me voy a vivir a Punta del Este. Esto es inaguantable». Si no hubiera sido por la presentación de la Camerata Bariloche, que desvió la línea de los discursos matizando con etéreos acordes de la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart y la Sonata en Sol Mayor de Rossini, la noche se derramaba en pronósticos apocalípticos que no le otorgaban demasiada expectativa a los organizadores para confiar en la continuidad de esa obra benéfica. Lo social se diluyó con el inicio de la cena, ya en la terraza cubierta del club -animada también por la Juventus Lírica-. Allí todo el malestar por la crisis y las pérdidas por las AFJP parecieron esfumarse para centrarse ahora en la posibilidad de llevarse un auto, el premio mayor del sorteo de la noche, que terminó en manos de Mónica Soler, tía del empresario Roemmers.

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Vamos a terminar con un chiste de salón. Un hombre llega a su oficina un lunes por la mañana, con un brazo enyesado y caminando con dificultades por una bota de plástico en su pierna izquierda. Un compañero de oficina le pregunta qué le pasó, y el herido responde:

- Te lo cuento si me prometés que no se lo vas a decir a nadie. Fue González, el de Contaduría...

- ¡Me estás jodiendo! ¿González: ese debilucho que no debe pesar ni 50 kilos te hizo eso?

- Sí, fue él, pero ayudado por algo que tenía en las manos...

-¿Y qué era?

- Una pala... Me molió a palazos...

- ¿Y vos no tenías nada en las manos?

- Sí, pero no me fue de mucha ayuda...

- ¿Y qué era?

- Lo cola de la esposa de González...

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