Quinchos del Lunes 6 de Octubre de 2008

La profusión de reuniones sociales parece ignorar -al menos por ahora- la crisis financiera. No sucede con quienes concurren a ellas, que la tienen como tema central de sus charlas. En un foro peronista de brumosa oposición, un periodista y una abogada explicaron por qué un asesinato cometido hace 35 años es de lesa humanidad. En un salón de fiestas, se lanzó un «club» de intelectuales cuyo propósito es confrontar con una «carta abierta» oficialista. Una embajada celebró la reunificación de su país, dividido durante cuatro décadas, en parte por una pared, pero sobre todo por la Guerra Fría. También se comentó la charla del segundo de Tom Shannon en la Embajada de Estados Unidos y el porqué del romance (¿ inexplicable?) de la progresía latinoamericana con un candidato. Veamos:

Felipe Solá No se los vio a los Kirchner en mucho tiempo tan distendidos en compañía de invitados de Brasil, Uruguay y Chile en un salón del Sheraton de Pilar, donde trasnocharon hasta la madrugada del viernes hablando de lo que nunca hablan, el mundo exterior. Confirmó Néstor, cuando se apagaban las velas, que en serio quiere ser secretario ejecutivo de la UNASUR, la liga de naciones de la región que crearon Eduardo Duhalde y Lula da Silva.

Tiene el apoyo de todos los presidentes, salvo uno, Tabaré Vázquez, que canjearía el apoyo (de fantasía, porque Néstor tiene ya los votos) por algún gesto de cariño rioplatense. Fue en el largo café que compartió junto a Cristina y el grupo que integraban el senador uruguayo «Pepe» Mujica, el senador Rafael Michelini ( patrocinante del competidor de Mujica a la presidencia, Danilo Astori), el ministro chileno de Trabajo, Osvaldo Andrade, los secretarios Oscar Parrilli y Carlos Zannini, Juan Pablo Cafiero y el brasileño Marco Aurelio García. Esta semana parte en largo viaje regional el juntavotos de Kirchner para ese cargo, Rafael Folonier -secretario presidencial para oficios varios-, que lo llevará a todos los países de la UNASUR para atornillar una elección que festejará el ex presidente como un simulado paso al costado en el escenario local.

Quiere tanto Kirchner bajar el perfil, que llega tarde y no se nota. Se demoró ese jueves con Cristina de Kirchner una fracción de intendentes que le llevó a Olivos Florencio Randazzo para decirles que no le pidan que participe en actos nacionales, salvo el del 17 de octubre en Entre Ríos. «Sólo intervenciones municipales», le dijo al grupo que integraban alcaldes de la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires, donde se recolectan más votos que en varias provincias juntas (esta tarde estará en La Plata en una tenida con alcaldes). Le hizo demorar el helicóptero a Cristina con una exasperante escala en la residencia presidencial. El grupo que los esperó hasta pasadas las 22 del jueves hizo tiempo con autocríticas por haberse ufanado por un rato de que la región se salvaría del colapso financiero.

El chileno Andrade se dijo alarmado (cuando se sentaron a la mesa) sobre los riesgos para su país por la caída en el precio del cobre y, sobre todo, porque los fondos del sistema privado de jubilación en ese país están diseminados en el mercado internacional, más desde que Michelle Bachelet quitó trabas que les impedían a los fondos de pensión chilenos hacer inversiones de riesgo. Ese lamento fue el centro de la charla de los gobiernos «progresistas» de la región más la Argentina. Kirchner estuvo como presidente del PJ -partido al que le costaría sacar chapa de progresismo pese a los disfraces que ensayan sus dirigentes- y se hizo acompañar por Graciela Giannettasio, encargada de Relaciones Internacionales del peronismo, siempre escoltada por su fiel seguidor, Miguel Saiegh. Podría decir la señora de Florencio Varela que José «Pepe» Mujica, el senador uruguayo, ex tupamaro y en carrera para presidente, también sentó a la mesa a su pareja, pero son categorías distintas: es Lucía Topolansky, senadora del MPP, una mujer «casi dulce» según el propio Mujica. Ni Luis Maira, a quien todos trataban cordialmente de «Lucho», el embajador chileno en la Argentina, se atrevió a tanto: podría haber aparecido con su esposa, la conocida escritora Marcela Serrano -adalid del «realismo mágico femenino»- pero no lo hizo. Más aún, no vive en la Argentina, aunque no ha quebrado su matrimonio con Maira.

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El arranque por adelantado de la campaña electoral inclina el plano y empieza a separar lo que antes se juntaba, hace tambalear lo que parecía firme y hasta da sensación de equilibrio a quienes se venían abajo. La prueba más grosera, aunque imperceptible para el gran público, fue la aparición el jueves en la peña peronista que anima Antonio Cafiero en el restorán vasco de la calle Perón del periodista Ceferino Reato -autor del libro que dispara la reapertura de la pesquisa de la muerte de José Rucci a manos de insurgentes del peronismo en 1973- junto a la abogada Alicia Oliveira. Esa publicación de Reato la considera el peronismo de izquierda una manipulación para descalificar los juicios contra militares por atrocidades, pero Oliveira, ex jueza echada en 1976 por los militares, ha sido antes la patrocinante del periodista y ex montonero Horacio Verbitsky en una causa contra Carlos Menem, y es profesora de esa universidad bizarra que administra Hebe de Bonafini en la avenida de Mayo bajo el lema de las Madres. Reato y Oliveira venían ese jueves de declarar ante el juez que quiere saber -no lo logró- quiénes son los dos ex montoneros que mataron a Rucci y que dice Reatoestán vivos y actuaron en ese crimen usando autos, dinero y recursos de la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Si esto se probase sería acción del Estado en esa muerte y convertiría a un crimen atribuido a Montoneros en un delito de lesa humanidad, o sea imprescriptible, y sus autores serían llevados a proceso como los militares que hoy recorren los juzgados. Esta señal confusa de Oliveira patrocinando a quien puede ser martillo de otros de sus defendidos va más allá del fuero profesional: esta abogada actúa en política; fue convencional constituyente en Santa Fe en 1994 por el Frente Grande de Chacho Álvarez y sus actos como abogada abren interrogantes políticos.

Interrogantes que nadie responde, como quedó claro en ese almuerzo, en el cual el periodista volvió a repasar capítulos de su libro, escrito con un estilo llano, a veces coloquial, como si quisiera connotar los modos rústicos del peronismo. Por ejemplo, cuando cuenta que Juan Perón tenía unos perritos que les «lambían» (sic) el rostro a los invitados a Puerta de Hierro. Los correctores de la casa editorial de Reato dejaron ese vulgarismo (se dice «lamían») seguramente para reforzar el tono peronoide del relato, algo que justifica las invitaciones recurrentes que este periodista recibe de cenáculos antikirchneristas para que haga su señalamiento al peronismo de la tendencia, en el cual se quiere referenciar el actual gobierno, como culpable de la muerte de Rucci. Esto lo ha hecho habitué al autor del libro de peñas moyanistas, cafieristas, de los almuerzos de Lola -otra trinchera del peronismo alternativo- y de los martes con asado en el gremio de los ruralistas del «Momo» Venegas (entra y sale al oficialismo, que lo malquiere por su apoyo a las protestas del campo).

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El plano inclinado preelectoral explica otras apariciones, como la del Club Político Argentino, una peña de profesores y periodistas que sale a confrontar con el grupo oficialista Carta Abierta, que formaron funcionarios y profesores pro gobierno para defenderlo en la pelea contra el campo. Estos oficialistas de las «cartas» que se leen en salones pagados por todos en la Biblioteca Nacional parecen perder la brújula cuando dicen que la «Argentina es un laberinto, pero también un jeroglífico» (Carta IV), y confiesan que han dejado de entender nada y que tampoco tienen un plan hacia adelante, salvo salir del laberinto y descifrar el jeroglífico, algo de lo que tampoco parecen seguros. Sus competidores del Club Político Argentino tratan, como todos los intelectuales, de buscar su lugar al amparo del poder en el proceso que se viene en almuerzos secretos los sábados en el Palacio San Miguel, sala de fiestas propiedad del secretario de Cultura macrista Hernán Lombardi. Ese grupo parece poblado por restos del frepasismo que no se sumó a Kirchner, es decir del ala Meijide (el chachismo está todo en el gobierno, como ya se sabe), el de Rodolfo Rodil y los profesores que asesoraron a Graciela Meijide cuando era legisladora y ministra de la Alianza, como Marcos Novaro, Vicente Palermo o María Teresa Ollier. Estos viudos del frepasismo llevaron el sábado a su condumio partidario a un cuarteto multipartidario: Felipe Solá, el conservador y hoy macrista Federico Pinedo, la vicejefa del Gobierno porteño Gabriela Michetti y al gobernador de Santa Fe Hermes Binner con la intención de que encendieran la luz y les mostrasen el camino, opositor desde ya.

Se entretuvieron con Solá cuando ironizó sobre las señales del gobierno a los mercados. «Cuando se dice mercado, seamos sinceros, se está hablando de los ricos. Más aún, de los que mueven la plata más rápido que otros». Pinedo llevó ante gente que cree tanto en políticas «de Estado» (ese eufemismo que encubre la clausura de lo más divertido de la política, que es la polémica), su plan de que los partidos acuerden diez temas para los próximos diez años. «Sólo así se puede crear confianza, que es lo que falta hoy en la Argentina y es algo que impide gobernar y hacer oposición», dijo este oficialista de la Capital pero opositor en lo nacional. Michetti, confesional, encantó al auditorio de intelectuales con sus dudas sobre cómo hacer política sin dejar en la puerta del Palacio San Miguel las convicciones, las servidumbres que la militancia les impone a los «buenos» cuando los obliga a mostrarse con los «malos» (ése es el infierno de los hombres de libros cuando hacen política), las traiciones y las lealtades. Binner, más caviloso que nunca, se acreditó como el hombre que piensa. Para todos los problemas tiene una promesa de que va a estudiar una solución. Los intelectuales escucharon, tomaron nota y despacharon a los invitados antes de que se sirviera el almuerzo. Todo con señas. Los políticos se levantaron con aire de «tengo otro compromiso» y los anfitriones los despidieron con tono de «su tiempo ha terminado» y se quedaron a almorzar solos, pensando en cómo van a hacer esta vez para no volverse a equivocar en política como cuando estuvieron en la Alianza, que les quitó una década de su corta (como la de todos) vida.

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Lejos de estas veleidades intelectuales, medio millar de empresarios, funcionarios y políticos se agolparon en los jardines de la Embajada de Alemania para celebrar los 18 años de la reunificación de ese país tras la caída del régimen comunista oriental.

Mucha efervescencia por la asistencia de embajadores de países en problemas Francia (Frédéric Baleine Du Laurens), Estados Unidos (Earl Anthony Wayne), los dueños de casa (Günter Kniess), pero forzados a estos festejos. Más aún cuando los alemanes se preparan para la gran fiesta del 9 de noviembre del año que viene, que es cuando se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín en 1989. Pocos políticos en la celebración (los radicales en masa se habían ido a la convención de Córdoba; el peronismo se dispersó con los Kirchner rumbo a El Calafate), entre ellos el apoderado del PJ oficial, Jorge Landau, el duhaldista Eduardo Amadeo, mucha segunda y tercera línea de la Cancillería, el presidente de la UIA, Juan Lascurain; el canciller de Macri, Fulvio Pompeo, todos mezclados en la busca de explicaciones del colapso financiero internacional. Algunos venidos de Nueva York se entusiasmaban con el juego de las diferencias. ¿Habrían resistido aquí como allá los ahorristas mucho antes de ir a retirar sus depósitos? Todos los parches en los Estados Unidos hasta ahora han protegido al ahorrista y han concentrado el castigo en los accionistas y los gerentes, explicaba uno a quien escuchaban atentos Daniel Funes de Rioja y el lobbista del grupo Bulgheroni, Antonio Estrany y Gendre, que acompañaron a Cristina de Kirchner en su viaje a los Estados Unidos.

Algunos mejor informados ponían el acento en diferencias culturales y religiosas. «Allá son calvinistas, individualistas, no creen como los católicos en la culpa colectiva. No es el sistema el que anda mal, como dirían acá antes de salir a ejecutar en masa a los banqueros y los funcionarios. Allá creen que son errores individuales, uno que se equivocó al invertir en ese papel, un gerente que cometió un error, lo que robó. Para ellos, castigo individual. Por eso el pánico se limita a los operadores, pero no pasa al público. En una sociedad individualista, los errores son individuales, cada uno paga sus culpas y queda ahí.» Eso lo refleja otra anécdota, escuchada entre copas ese mediodía en los jardines de la embajada alemana en el barrio de Belgrano -la oferta limitada a caldos patagónicos, de la Bodega del Fin del Mundo, propiedad de la alemana familia Schroeder de Neuquén-: en una cena a la que concurrieron empresarios argentinos con amigos en Washington, preparatoria de la delegación que irá a la conferencia anual del FMI esta semana, durante dos horas se habló de todo y, recién sobre los postres, uno de los locales sacó como tema de conversación la crisis financiera. Lo certifica un embajador argentino que estaba presente en esa cena y lo contó sorprendido cuando hizo el informe a Buenos Aires sobre el clima que se vive en los Estados Unidos. De la charla surgió otra constatación: George W. Bush terminó de gobernar el día en que los diputados republicanos le voltearon en el Capitolio el primer paquete de salvataje. Ya antes, se comentó, le habían avisado del Congreso que aunque lograse salvar -lo que no ocurrió- la Ronda de Doha, no le avalarían los acuerdos de librecomercio. «Nunca le regalarían a un presidente que se va la consagración del libre comercio en el mundo».

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Algunos de los presentes venían el mismo viernes de conversar en la Embajada de los Estados Unidos con el último enviado de Washington, el segundo de Tom Shannon, el subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Christopher McMullen, charlas de las que salieron con más preguntas que respuestas: 1) ¿por qué la progresía latinoamericana está entusiasmada con la candidatura de Barak Obama?; 2) ¿quién controla la política exterior de los Estados Unidos, la cancillería (departamento de Estado) o las secretarías de Defensa y Justicia? Sobre lo primero se escucha que Obama ya se comunicó con Alvaro Uribe -principal contradictor del chavismo latinoamericano al que quedan pegados los Kirchner- para asegurarle el apoyo al plan Colombia contra las FARC. El segundo del candidato demócrata, Joe Biden, ya avisó que su política antinarcos es sostener los planes de represión de la oferta (haciendo por el mundo lo que su gobierno no puede hacer en territorio americano) y el speaker de la Cámara baja para asuntos latinoamericanos, que se dice amigo de la Argentina, Eliot Engel, ya dijo que las relaciones con Evo Morales van a seguir cortadas hasta que no reponga al embajador de los EE.UU. y le pida perdón a ese país. La bancada demócrata además apoya cortar el programa de beneficios a las exportaciones de Bolivia y Ecuador o revisarlas cada seis meses hasta que sus gobiernos no cambien de alineamiento. Les corre un frío por la espalda a los kirchneristas «obamistas» cuando estas reflexiones les hacen ver que sería mejor que ganase el republicano John McCain.

Sobre la declinación de la cancillería de Washington en el manejo de la política exterior de los EE.UU. un profesional de ese oficio hizo reír a los presentes con este dato: en ese país es mayor la cantidad de músicos de bandas militares que dependen del Ministerio de Defensa que diplomáticos tiene el departamento de Estado. Esto revela la declinación de ese ministerio frente al de Defensa, que se encarga de la guerra contra el terrorismo internacional, y al de Justicia, que se ocupa del lavado de dinero y de extender el brazo judicial americano a los valijeros de todo pelaje. Lo que hagan ellos es más importante que lo que diga un diplomático, reían mientras subía la espuma del champán germano-patagónico Saurus y alguien bromeaba en estos términos: «Que Cristina lo reciba a Shannon es como que Bush lo reciba a Alfredo Chiaradía o a Eduardo Sigal, o sea, nunca ocurriría y si ocurre no tiene ningún efecto sobre la política real».

Señal de convivencia fue la presencia en la fiesta alemana de dirigentes de la comunidad judeo-argentina (Aldo Donzis, de la DAIA) que desplegaron diplomacia en el borde del shabat, y recibían saludos por el Año Nuevo judío. En los corrillos con otros invitados se habló mucho del nuevo libro de Edgar Bronfman Jr, el ex dueño de Seagram que ha gastado parte de su fortuna en proyectos para combatir el antisemitismo en el mundo, «Hope, Not Fear», en el cual desarrolla el concepto de un « neojudaísmo», que abandona normas ortodoxas, admite más a los conversos -especialmente en matrimonios interreligiosos- y se mantiene -como afirma Bronfman- alejado de la sinagoga. «No creo en el Dios del Antiguo Testamento, pero estoy feliz con mi judaísmo», dice Bronfman, a quien se debe la célebre campaña contra la apropiación de bienes de judíos bajo el nazismo que terminaron hasta hace poco en bancos de varios países.

Entre diplomáticos argentinos siguió la preocupación por una noticia que vino al país con la delegación que acompañó a Cristina de Kirchner a los Estados Unidos. ¿Será el diputado de Lomas de Zamora el nuevo cónsul argentino en Nueva York? Ese puesto está vacante desde que lo dejó Héctor Timerman para ocupar la embajada en Washington que fue de José Bordón. En varios cafés de trasnoche que tuvo Kirchner junto a miembros de la delegación analizó, no se sabe con qué grado de seriedad o de convicción, la posibilidad de que Mércuri ocupe ese cargo. Lo habló, entre otros, con el intendente de Avellaneda, « Cacho» Álvarez, que lo conoce bien a Mércuri (hoy diputado provincial por Buenos Aires) y con el gobernador del Chaco, Jorge Capitanich. ¿Razones? Mércuri presume de tener amigos en el Partido Demócrata de Estados Unidos, que hasta ha hecho alguna campañita entre los argentinos que viven en el área de Nueva York y hasta un compromiso con la mejora del medio ambiente que se guarda bien adentro del corazón este hombre de Lomas de Zamora a quien hay que terminar de divorciar de Eduardo Duhalde. Final abierto para un puestazo, el único que queda libre por allá después de que el ex concejal kirchnerista Miguel Talento se acomodase en el consulado de Miami, el mismo que hizo famoso el llorado Rubén Cardozo, uno de los más recordadosbuscapiés de la política criolla.

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Más prosaico, el apoderado Landau decía a quien quisiera escucharlo que en la campaña de afiliación del Partido Justicialista han sumado en un mes 430 mil fichas. El partido ya tenía anotados 1,1 millón cuyas fichas ahora hay que cruzar con esos nuevos afiliados para descartar duplicaciones. Con sólo esa nueva afiliación, presume Landau, van a terminar corriendo a sus adversarios en la interna del PJ de Buenos Aires, en la que creen que los «alternativos» que encabeza el duhaldista Daniel Basile agotarán sus impulsos en impugnaciones, pero que no irán efectivamente a las elecciones internas. No es lo que se escuchó a este activo duhaldista en el almuerzo del martes en Lola, peña de los alternativos que se juntaron esta vez a escuchar al ex presidente Ramón Puerta, a quien le han confiado las gestiones para que arme «la foto» del otro peronismo, el que rechaza a los Kirchner. Puerta los dejó desconcertados cuando les dijo en ese cónclave del primer piso del restorán más emblemático de la Recoleta: «No soy comando ni mercenario. Me piden que junte al peronismo como alternativa pero hay individualismos que lo impiden. La Argentina necesita una oposición que funcione. Pero hace falta la buena voluntad de los actores. No se puede juntar fácilmente a los «jetones», como dice Basile. Hay celos en las primeraslíneas. En todo caso hay que hacer una mesa de enlace en las segundas líneas para que ellos convenzan a sus jefes de declinar protagonismo».

En el debate del martes se volvió a plantear el drama que atormenta a los peronistas opositores: ¿Kirchner y Cristina, si fracasan, se llevan puesto a todo el peronismo? Unos dicen que sí, otros que Kirchner no es peronista. «Si no hacemos algo dentro del peronismo, no nos quejemos de Macri o de Carrió -dijo Puerta-. Para eso de ser pata peronista de otros no cuenten conmigo, porque no lo voy a hacer ni con mi amigo Macri. Es mi amigo, pero no soy pata de nadie.

Masssera tenía pata peronista, Vandor era pata de un esquema ajeno. Alfonsín y la Alianza tenían pata peronista. Todos fracasaron. Si el peronismo es pata no sirve para dar gobernabilidad. Para eso hay que dar la pelea en el PJ». Saltó Héctor Maya y dijo: «Si juntamos a los dirigentes, les comunico que Carlos Menem está dispuesto a ir».

Responde Puerta: «Si va Carlos Menem, va él solo. ¿En dónde tienen la cabeza? Basta de forzar. En el congreso de Potrero de los Funes estaba Ramón Saadi, que de ahí se fue a negociar con Kirchner. Seamos serios», clamó antes de que se empezaran a levantar, más desconcertados que nunca, los alternativos, en especial porque su lealtad estará a prueba en los festejos simultáneos del 17 de octubre, Día de la Lealtad (insumo siempre escaso en el peronismo), entre las convocatorias de Néstor Kirchner (Entre Ríos), Jorge Busti (también en esa provincia) y el dúo Eduardo Duhalde-Luis Barrionuevo que llaman al miniestadio de Ferro con la sola y discutible atracción de escuchar el discurso de Francisco de Narváez.

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Tanta espesura política no postergó los acontecimientos de brillo social. Algunos con alardes de munificencia, como el cumpleaños que festejó Guadalupe Noble, hija de Roberto, el fundador del diario «Clarín», en el pueblo de Cachi, a 200 kilómetros de la capital de Salta. «Lupita», que es poeta y fue actriz (fundó el teatro El Picaderoen donde se hizo el ciclo Teatro Abierto hasta que le pusieron una bomba en tiempos militares), se compró el edificio en donde funcionó el correo y lo restauró como casa de descanso, obra que inauguró el sábado para que coincidiese con el cumpleaños. Para un centenar de invitados de todo el país mandó a poner una carpa sobre la calle en la que mezcló estrellas como el ex gobernador Juan Carlos Romero junto a su esposa Bettina; al ex vicegobernador Walter Wayar; el embajador Juan Archibaldo Lanús; la activista Teresa González Fernández; el matrimonio de Teresa Gowland ( restauradora) y Miguel Frías ( productor cultural); la empresaria Mónica Gancia con su esposo el abogado Luis Alberto Erice; la legendaria baronesa Petra de Montigny, a quien se le atribuye un matrimonio con otro legendario del peronismo, el diputado John William Cooke; y la ex modelo Blanca Isabel Alvarez de Toledo.

Todos para devorar fuentes llenas de empanadas, humitas, locro, colaciones dulces, rogeles y escuchar sobre el final un festival de música del altiplano interpretada y bailada por chicos del lugar. El encuentro no sólo dio para la frivolidad: Romero negoció en un aparte con la «Colorada» González Fernández qué lugar puede llegar a tener este senador amigo de Kirchner en una foto antikirchnerista. No todo es farra y buen gusto en estas reuniones, como tampoco lo fue en la sesión de recepción del nuevo académico que hizo la autodenominada Academia de Gastronomía.

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Fiesta de disfraces el jueves a la noche en lo de Magdalena Cordero a beneficio de la Fundación Recoleta. Había que ir disfrazado de obra de arte. Marta Minujín fue sin disfraz, pero se encontró con la sorpresa de que tres mujeres, incluida la anfitriona, se habían disfrazado de ella. Dolores Liprandi, con buen gusto se vistió con falda de gasa rosa y medias blancas como una bailarina de un cuadro de Degas. Alejandro Corres, vicepresidente de la Fundación Recoleta, fue un pintoresco personaje de Antonio Seguí. Pero la que se llevó las palmas fue Margareth Henriquez, presidente de Bodegas Chandon, que obsequióel champán rosé de su bodega que se tomó esa noche, y acudió a maquilladora y peinadora para lograr una increíble Frida Kahlo que le permitió ganar el premio al mejor disfraz. Rogelio Polesello y Alejandro Raineri eran algunos de los artistas invitados. En la fiesta se notaba quiénes eran hinchas de San Lorenzo porque están demasiado obsesionados con el tema fútbol, la antípoda del arte. Uno, el más ingenioso, dijo que los hinchas de Vélez Sarsfield, apenas nacen sus hijos los hacen socios e hinchas del club «para no cortar la cadena de frío».

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El tema dominante fue la economía, porque a la tarde había ocurrido el «crash» de Wall Street. Vicky Smith Estrada, ahora militante de la Mesa de Enlace del campo y admiradora de Alfredo De Angeli, era una de las más ávidas de novedades. Uno de los invitados, amigo de Alan García, contó que el presidente peruano le dijo que habla diariamente con su amigo Rafael Correa, presidente de Ecuador. En cada conversación le dice que no cometa el mismo error que él hace 30 años, cuando dejó de pagar la deuda externa y nacionalizó todo. Se dio cuenta de que Correano lo escuchaba. Entonces, el peruano le avisó a su gabinete: «Si Rafael gana el plebiscito por amplio margen, prepárense porque irá para el lado de Hugo Chávez y hará populismo». Y no se equivocó.

Margareth Henriquez contó que estuvo esa tarde en la reunión del Consejo de Inversiones en el Plaza Hotel. Beatriz Nofal hizo una exposición, pero los empresarios, entre ellos Cristiano Rattazzi y Eduardo Elsztain, le señalaron que sin seguridad jurídica no hay inversiones. «Estoy esperando una señal positiva del gobierno. Soy optimista», les respondió. Alec Oxenford, empresario de nueva tecnología, creador de De remate.com y que ahora está entrando en China, contó que dio una charla para jóvenes y les pidió que le nombren cinco empresarios que ellos crean que son exitosos. El silencio fue total. Sólo uno de los asistentes se animó: «Tinelli», dijo y sorprendió a todos. Margareth Henriquez se quejó de la forma en que venden vino los supermercados. «No respetan las marcas», dijo. Y contó que en las góndolas están agrupados por variedad (Malbec, Chardonnay, Syrah, Cabernet, Merlot, etc.) y no por marca. Entonces la gente compra preferentemente Malbec porque es lo que más conoce. El resultado es que ese vino tiene más valor en la Argentina que en el mercado internacional, porque está sobredemandado.

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Vamos a terminar con un chiste de rubias, una categoría siempre eficaz. Un día, una chica rubia vuelve de la escuela y le dice a su madre:

- Mamá: hoy aprendimos a contar hasta cinco, pero yo llegué hasta diez. ¿Será porque soy rubia?

Y la madre responde:

- Sí, querida...

Al otro día, le cuenta a la madre:

- Má: hoy aprendimos las letras del alfabeto. Todas las demás nenas llegaron hasta la «E», pero ¡yo llegué hasta la «S»! ¿Será porque soy rubia?

La madre, de nuevo contesta:

- Sí, mi amor, sí... Al tercer día, la rubia le cuenta a su madre:

- Mami; hoy aprendimos la función de los senos, y todas las demás nenas tienen el pecho plano, pero yo tengo 90 de busto. ¿Será porque soy rubia?

- No, mi amor: es porque tenés 24 años...

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