Quinchos del Lunes 3 de Noviembre de 2008

Quinchos sabrosos luego de un intenso fin de semana: desde el riñón de Olivos, compartimos los primeros momentos del regreso anticipado de la Presidente; en espacio contrastante, asistimos a la disertación de un insólito conferencista (y los efectos colaterales de la charla). También estuvimos en la cena anual de una ONG, donde notorias figuras lamentaron la crisis de inversores; y en un asado clave en Santa Fe, en el que se avizoraron posibles cambios en la provincia. Tampoco faltamos al cumpleaños de un pensador criollo-irlandés, opacado por uno de sus invitados notables, ni a la diáspora de un partido que quiere unidad, pero fracasa en el intento. Veamos:
Arriba: cortesías entre Cristina de Kirchner y el rey Juan Carlos de España en la cumbre de El Salvador, Adonde hubo celos político-matrimoniales y quejas de Madrid por gestos que nunca dejan de ser gestos. Abajo: Enrique Olivera, radical que hoy gravita junto a Elisa Carrió, fue al restorán de los punteros de la UCR, Lalín, a festejar los 25 años de democracia y terminó mezclado con sus ex correligionarios. Olivos a solas un sábado, con los Kirchner en concentración familiar -sin fútbol ni invitados- al regreso de Cristina de Kirchner del viaje relámpago a El Salvador, una rutina que el matrimonio prefiere siempre evitar y, cuando puede, menoscabar. Por ejemplo, adelantando el regreso sin dar explicación, algo que puso en alerta a los diplomáticos de la treintena de países que asistieron a esa ronda de mandatarios iberoamericanos con el rey de España a la que todos los años tratan de encontrarle algún sentido nuevo porque languidece sin remedio. Esos diplomáticos se preguntaban por las razones profundas de ese adelantamiento de Cristina de Kirchner, que vino unas horas antes a Buenos Aires. «Ninguna razón», respondieron, mero biorritmo, quiso dormir en el Tango 01 la noche del jueves, seguramente para entregarse a la familia durante el fin de semana. El viaje, anodino en apariencia, parece -para quienes ven estos movimientos en las alturas con una lupa- cargado de cambios. La ausencia de Néstor Kirchner en esa cumbre como primer caballero ¿se debió al veto de Tabaré Vázquez, que demora la decisión de ir o no a la secretaría de la UNASUR, la liga de países de la región que Néstor quiere para sí? ¿O a la aparición en El Salvador de Carlos Bettini, embajador argentino en España, y de algunos españoles en la Argentina, a quien aprecia desde joven la Presidente, pero que no es santo de la devoción de Néstor? En el gobierno nacional nadie sabía que Bettini iría a El Salvador directamente desde Madrid, para estar en la serie de reuniones que tuvo Cristina de Kirchner con José Luis Rodríguez Zapatero y reforzar señales públicas de amistad entre Buenos Aires y Madrid que los españoles esperan sean algo más (en el caso Aerolíneas, por supuesto, un raro trámite en el que los gobiernos hablan todo el tiempo, pero después dicen que no está en la agenda de los gobiernos, etcétera). Bettini, que dedica su embajada en Madrid a explicarles a sus amigos del gobierno español lo raros que son sus amigos Kirchner, tiene ahora que dar razón de otra picardía argentina con España: mandar al embajador Héctor Timerman a pedirle a George W. Bush que invite a España a la reunión del G-20 que tratará la crisis financiera internacional la semana que viene en Washington. Lo hizo el sábado en una reunión previa por orden del gobierno de Buenos Aires que, dice «off the record», recibió de España el pedido de que hiciera esa gestión. Los españoles se mortifican ante el espejo negando que jamás pidieron ese trámite por una razón muy sencilla: ese país no pertenece al Grupo de los 20. El gobierno de Zapatero tiene una rencilla irremontable con Bush desde que el premier español mandó a sacar las tropas de su país de Irak. Desde entonces, las relaciones están congeladas, y más para reuniones de buena voluntad como éstas. Con la invitación que gestiona para España, el gobierno argentino exhibe esa pelea ajena e indispone más a los españoles en los Estados Unidos; y Madrid, para no empeorar su imagen, no puede decir nada.

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En los relatos familiares, abundan cuentos en los que se admite que Néstor maneja el hora a hora de la administración con Cristina en el país o fuera de él. Fue él quien mandó al Banco Central, durante la semana, a «ofrecer» u$s 1.000 millones para bajar el dólar. A sus órdenes se atribuyen los llamados de la oficina de Guillermo Moreno a algunos «meseros de plaza» con advertencias. «Dejen de hacer esas operaciones con el dólar», con referencia a una brillante bicicleta que nadie quiere contar en detalle y que le puede dejar a un habilidoso 10% de ganancia en el mes jugando con la divisa. El mesero responde: «Es todo legal».

Réplica desde una oficina pública: «Será legal, pero estamos en la Argentina. Mejor dejen de hacer esas operaciones. Se lo digo, pero bien ¿eh?».

También quejas del matrimonio por la indolencia de quienes se dicen amigos. «¿Cómo que se fue Alberto Fernández a España y llevó en la comitiva a una diputada que tiene que votar el jueves la estatización de las AFJP? ¿Quién es? ¡Quiero saberlo! Si sigue así, lo voy a mandar a Alberto a la China», trina el ex presidente.

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Es raro que dé conferencias Luis Barrionuevo, un hombre que se expresa por otros géneros literarios de la política. Por eso llenó el primer piso del restorán Lola en donde suelen lamer sus heridas los peronistas disidentes que fueron de los Rodríguez Saá (Héctor Maya, Daniel Basile) y que son hoy personajes en busca de autor. El sindicalista fue brutal en su diagnóstico y más directo en su proyecto: el candidato a presidente del peronismo en 2011 debe ser Eduardo Duhalde. ¿Por qué? Porque en política hacen falta líderes y en el peronismo han quedado dos, Carlos Menem y Duhalde. Menem está inhabilitado por la edad, entonces hay que trabajar para Duhalde. La barra, ampliado el lote habitual que integran peronistas, como Eduardo Menem, Andrés Cisneros, Miguel Toma, Teresa González Fernández, Jorge Raventos, Pascual Albanese; sueltos, como Moisés Ikonicoff; independientes o conservadores, como José María Dagnino Pastore, Fernanda Ferrero, o Jorge Pereyra de Olazábal, o diplomáticos en disponibilidad, como Jorge Herrera Vegas, tomó nota de la estrategia, fácil de formular, desde ya: hay que dejarlo al kirchnerismo en minoría en el Congreso después de las elecciones del año que viene con el propósito de no dejarlo gobernar. «Hay que impedirle que, siendo minoría, pueda llevar adelante sus proyectos. Así les podemos ganar en 2011 con Duhalde.» Como si con decirlo bastara, varios se revolvieron en las sillas. Barrionuevo justificó su posición como forma de retomar viejas peleas de su sector en el menemismo, cuando los «rojo punzó», bando que él integraba, se enfrentaban con los « celestes» de Toma y de Eduardo Menem. Se rió de que Ikonicoff «se había asustado» cuando lo pusieron a manejar plata de las obras sociales en ANSSAL y le reconoció a Pereyra de Olazábal que el apoyo que la CGT de Barrionuevo le dio a la causa del campo en el rechazo de la Resolución 125 había sido el comienzo de una revolución que unía al sindicalismo peronista con la Argentina conservadora de las entidades del campo. Como Barrionuevo habla poco, muchos querían pedirle explicaciones por algunas picardías del pasado. Por ejemplo, su apoyo a Hugo Moyano en la CGT. «Sí, ¿y qué? Lo apoyé a Hugo porque era el mejor para pelearlo al gobierno de Kirchner. Y cumplió... hasta que traicionó.» Pero cumplió, insistió «Luisito»: Moyano dijo que bajo el actual gobierno, el sindicalismo recibió mucho, y «fíjense que Kirchner nunca se ha metido con la CGT. Con los 'gordos' eso no hubiera sido así. Moyano ha sido bueno... hasta que traicionó», se disculpó.

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Cauto, Barrionuevo omitió pronunciarse sobre candidaturas; su «pollo» es Francisco de Narváez, a quien ha sentado junto a él en el Congreso, y candidato a diputado y a gobernador de Eduardo Duhalde. De Felipe Solá -hoy patrocinado por otro sindicalista, el ruralista Jerónimo «Momo» Venegas- no quiso hablar. El ex gobernador, gran caminante de cornisas, se mueve con una señal de Duhalde a su favor, pero quiere la exclusividad del peronismo «blanco». Prefiere expresarse a puertas cerradas, como lo hizo en la cena casi secreta que le organizó el ex embajador Juan Archibaldo Lanús en su piso del Palacio Estrugamou, para que Solá le explicase su proyecto a un selecto grupo de invitados, encabezados por el periodista francés Guy Sorman, un divulgador en América latina de un liberalismo que extraña en su propio país. Ante el economista Dagnino Pastore; el ex secretario técnico de la presidencia en tiempos de Juan Perón, José Enrique Miguens; la poetisa Guadalupe Noble; el ex embajador duhaldista Eduardo Amadeo y, entre otros, el ex presidente Ramón Puerta, Solá reveló que va a armar un bloque propio y un partido propio sobre la base del debate que arranca esta semana en Diputados acerca de la estatización de las jubilaciones. Avisó que va a presentar un proyecto propio donde establece una «estatización con intangibilidad» de los aportes de los futuros jubilados. Entusiasmado, dijo que el Congreso es un festival de legisladores que saltan de una posición a otra y que ese recurso hay que aprovecharlo de alguna manera. Amadeo hizo el rap habitual de elogios de Duhalde; Dagnino Pastore se preocupó por la corrida del público hacia el dólar. Lanús, que administra estas reuniones según el reglamento de la Chathan House (un mecanismo que intenta preservar sus reuniones para que no aparezcan en los diarios), logró un aporte con esa cena que hizo en su casa, que fue la conclusión de todos los presentes: con la salida de dinero del país y la corrida del público al dólar puede haber perdido ya lo que pretendía ganar con la estatización de las jubilaciones.

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Era su público, eso explica la ovación que recibió Mauricio Macri cuando abrió la cena anual de la organización Endeavor, una ONG que se dedica a promover emprendedores y que animó hasta ahora Eduardo Elsztain quien, cuando subió al escenario, anunció que se retiraba de la presidencia. Fue en el Sheraton, para acompañar un pobre menú de carne en dados sobre canasta de pan, ante medio millar de emprendedores que habían pagado sus mesas para ayudar a la ONG que cumplió diez años. En la mesa principal, los organizadores sentaron a Macri, a Beatriz Nofal, al ex secretario de Trabajo de Bill Clinton, Robert Reich (en el país para hablar en la conferencia de IDEA), la directiva del Council of Americas, Susan Segal (se pasó dos semanas en el país, entre otras cosas para representar a David Rockefeller en la inauguración del museo de Amalita Fortabat) y el reaparecido ex banquero Manuel Sacerdote (fue presidente del BankBoston). Elsztain conmovió a los presentes cuando anunció que dejaba el cargo; es hombre clave para obtener los fondos que maneja Endeavor en el apoyo a emprendimientos, como lo fue antes Francisco de Narváez hasta su alejamiento, del cual le costó a la ONG recuperarse. Elsztain ha acentuado su tono religioso en estas intervenciones, pero no dejó de entretener al auditorio cuando contó que estuvo cuatro años tratando de convencer a un inversor para que le diera un cheque de 100 mil dólares. ¿Es un emprendedor un « manguero»?, reía el público. En su speech anunció que el cargo de presidente pasaba a Andy Freyre, emprendedor en el negocio de los materiales de oficina, quien confesó desde el micrófono que en estos momentos estaba viendo cómo sus inversiones se evaporaban por la crisis financiera internacional. En las mesas todos dirigían su mirada a inversores ya aquilatados, como Marcos Gastaldi, Lisandro Brill, o el petrolero Jorge Estrada Mora (más conocido como productor de películas de éxito, como «El hijo de la novia» o «Luna de Avellaneda») en busca de ánimo. Fue sólo para tomar conocimiento de desastres laborales como el provocado por el principal emprendedor inmobiliario del país, que echó a la mitad de su personal de expertos financieros y en urbanismo porque se le cayó todo el financiamiento internacional para proyectos en la zona norte de la Capital y del conurbano. Macri saludó con aliento a los presentes, prometiendo, en el lenguaje que les gusta escuchar a los inversores, ayuda oficial pero sin estatismo desde el Gobierno porteño. Más retórica, por la necesidad, la Nofal, una radical a la que le va bien en su emprendimiento con el vino que hace con sus hermanas en Mendoza, pero que viró sin red hacia el kirchnerismo. Administra una agencia estatal de inversiones que le hace reír cuando le dicen que «manejar con este gobierno una agencia para traer inversores a la Argentina es como ser ministro de marina en Bolivia».

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Cerca de 400 invitados festejaron, junto con el defensor del pueblo de Santa Fe, Carlos Bermúdez, su cumpleaños número 60, en fiesta sorpresa organizada por su esposa «Gaby», que sirvió también para despedirlo de la función pública ya que finaliza su mandato como ombudsman santafesino en el mes de noviembre. La esposa, alegre de tenerlo de nuevo en casa, exhibió como un trofeo el mensaje que le mandó el ex corredor y senador nacional, Carlos Reutemann. Una rareza de este parco ex gobernador, que se disculpó por telegrama -una extravagancia en la era del email- por no poder estar presente el mediodía del sábado en el local El Fogón, de Santo Tomé, cerca de la capital santafesina, en un asado al que envió al ex diputado Jorge Giorgetti y al vicegobernador en su primer mandato, Miguel Robles. Sobre su reemplazante es esperable, se escuchaba en los corrillos, que el cargo de control de un gobierno del socialismo debe ir a la oposición, algo que obliga a Hermes Binner a negociar la designación con el peronismo provincial. ¿Será ese acuerdo con el sector de Reutemann? Bajo el efluvio del champán y el buen vino, muchas bellas mujeres -que se pasaban mano en mano el telegrama del «Lole»- se medían el traje como compañeras de fórmula para acompañar a Reutemann en su reelección como senador nacional. Entre los santafesinos que esperaron la madrugada especulando que el ministro coordinador de la provincia de Santa Fe, Antonio Bonfatti, salió a la cancha decidido a jugar el gran partido que le espera en 2011. En efecto, porque no son pocos los que dicen que el superministro sería el candidato del socialismo, habida cuenta de la pobre gestión que está realizando el intendente de la ciudad de Rosario, Miguel Lifschitz, quien, según algunos, «quiere ser, pero no le da el pinnet» para una gobernación.

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«El eje de mi gobierno va a pasar por la seguridad: habrá más dinero para esa área, más patrulleros, más policías, más rigor contra el delito.» Lo decía Daniel Scioli en una residencia del conurbano -la casa de Pacho O'Donnell en el Country Pilar Golf en donde el psicoanalista y divulgador de historias festejaba sus 67 años-. El gobernador ZScioli recitó los números de las últimas encuestas, que indican que la inseguridad es la principal preocupación de los bonaerenses. No quiso, en cambio, adentrarse en la estatización de las AFJP, otro de los temas preferidos por la nutrida y ecléctica concurrencia a la fiesta: desde Lucho Avilés hasta Jorge Jacobson, Lito Cruz y Rubén Stella pasando por Alicia Pierini, Jorge Castro, Ricardo Rouvier y Ceferino Reato, el periodista a quien los sindicalistas rinden tributo porque creen que motoriza -nadie sabe si queriéndolo o no- la revisión del asesinato de José Ignacio Rucci con el libro « Operación Traviata». Lleno de energía, y sin probar bocado, mucho menos alcohol, Scioli -que asiste a celebraciones pero prescinde de la comida; cena después un menú elegido por él en su casa- saludó a casi todos los invitados como si fuera él el cumpleañero. En esos temas andaban los invitados cuando el anfitrión, de blanco, presentó a un grupo de música celta y a una banda gallega, con el periodista Manuel Castro como bastonero y con algunos fusileros criollos agregados que incluso hicieron algunos disparos al aire, con balas de fogueo, claro. O'Donnell presume de descender de un clan irlandés que, cuando las peleas con los ingleses venían mal, se exiliaba, como otros compatriotas, en Galicia. «Además de tu cumpleaños, es el año nuevo celta», recordó Castro luego de que su banda entonara el Feliz Cumpleaños.

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Ambiente cosmopolita en la vernissage del Buenos Aires Photo, en el Palais de Glace. Se trata de la única feria de fotografía de toda Latinoamérica, organizada por la revista «Arte al Día», de Diego Costa Peuser, fundador de una feria en Miami y de Pinta en Nueva York. Pese a la crisis, hubo varias ventas de una disciplina cuya cotización va en ascenso, y la asociación Amigos del Museo de Arte Latino porteño, Malba, compró una foto de Sameer Makarius por 10.000 dólares. El titular del Museo, Eduardo Costantini, hablaba de esta crisis «donde todos pierden y nadie se salva».

Entre copa y copa de los galeristas, mencionaban el talento artístico de Jimena Macri, hija del intendente y una de las mejores pupilas del taller de Pablo Siquier. Alberto Sendrós, con todo su voluntarismo y su fama de gurú en materia de arte contemporáneo, no logró convencer a Benjamín Vicuña de que le regalara una fotografía de Carlos Palasezzi a su mujer, Pampita Ardonahin, a pesar de que costaban 100 dólares y eran las más baratas de la Feria. El consuelo llegó con Agustina Blaquier, que no dudó, y en cuestión de segundos se llevó la pichincha, sin interrumpir la conversación (en alemán) con la princesa Fleur de Wurtemberg, ahijada del rey de España, que decidió llevarse otro Palasezzi a su tierra. La inauguración fue glamorosa, pero la violencia que reina en el país también afecta el elegante mundillo del arte. El galerista Hernán Zavaleta, víctima del asalto de un taxista, lucía un ojo que viraba del morado al violeta y que hacía juego con su traje azul.

Aunque no atacaron su persona, sino su obra, otra de las víctimas fue Marta Minujín. La joven hija de un empresario, junto con sus secuaces amigos, quiso robar torpemente una obra que se exhibía en la megamuestra de ArteBA y alcanzó a llevarse un dibujo, que luego de un impresionante operativo de seguridad apareció como por arte de magia. Quienes estuvieron allí aseguraban que los padres habrían justificado la acción de la jovencita; la consideraron un «hecho artístico». Recién llegada de Brasil, Orly Benzacar contó impresionada que en la Bienal de San Pablo (que este año decidió no mostrar arte para pensar acerca del destino) hubo una acción de 50 artistas graffiteros armados con aerosoles, que mientras pintaban la inmensidad de una sala vacía fueron reprimidos violentamente a los golpes por los agresivos agentes de seguridad. Varios recordaron el título de la Bienal anterior, que se llamaba «Cómo vivir juntos».

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La euforia de los radicales es imparable en estas horas. Se entiende porque el jueves, más allá de lo que pase en el futuro, juntaron bajo el mismo techo a quien ganó las elecciones el año pasado junto con Cristina de Kirchner (Julio Cobos), a quien salió segunda (Elisa Carrió) y al socio en esa elección de quien domina el distrito vidriera de la Argentina (Ricardo López Murphy). Pero así como los juntó a todos Raúl Alfonsín, también los dividió el hombre de Chascomús. La noche del jueves, después del acto en el Luna Park, había decenas de cenas partidarias que se disolvieron cuando los asistentes al acto decidieron marchar hacia la casa del ex presidente en la avenida Santa Fe y terminaron diseminados por la Ciudad de Buenos Aires. Se cancelaron varios compromisos previos con restoranes, y los punteros se desperdigaron hacia la medianoche, agobiados. El presidente del partido, Gerardo Morales, terminó en una pizzería de la misma avenida Santa Fe, Jesús Rodríguez fue con su gente al Club Español de la calle Bernardo de Yrigoyen, en el microcentro. La serie de encuentros radicales había arrancado a mediodía, en el santuario más trajinado estos días, el viejo restorán «Lalín», al que hizo famoso Alfonsín en los años 80 porque hacía allí sus peñas. En distintos salones, radicales de distintas épocas celebraron los 25 años de democracia. Enrique Olivera (ex hombre de Fernando de la Rúa, hoy con Elisa Carrió) llevó a un grupo de «conciliadores» a comer una picada. Fueron los legisladores Teresa de Anchorena, Oscar Zago, Martín Ocampo, el lopezmurphysta Marcelo Meis, los ex ARI Alejandro Rabinovich y Fernando Cantero, la radical K Ivana Centanaro y Enzo Pagani de Recrear, que compartieron una entrada de fiambres, carne con papas y helado de crema con dulce de membrillo, que conformaba los colores blanco y rojo que identifican a la UCR. Tan radicales parecían -pese a estar lejos de la UCR formal-, que se mezclaron con otro almuerzo que transitaba por otro salón, la reunión habitual del grupo Progreso, que bastonea el ex diputado José Bielicky desde hace casi dos décadas, juntando radicales de todos los palos a almorzar. El llamado fue esta vez de Horacio Jaunarena, quien animó al lote integrado por históricos del partido, como Juan Bautista Castro, el ex diputado Víctor de Martino, Horacio Costa, ex secretario legal y técnico de Alfonsín, el ruralista René Boneto, el ex presidente del Banco Hipotecario Aníbal Reynaldo. Jaunarena, que fue ministro de Defensa con Alfonsín, de la Rúa y Duhalde, dijo que «las Fuerzas Armadas hoy no están en condiciones de cumplir con su misión principal ni con las misiones secundarias. Se pasó de un ejército de conscriptos a uno de soldados profesionales sin cambiar las estructuras. Por eso hoy se conservan once brigadas anémicas, incapaces de cumplir con los roles que, en los papeles, tienen asignados». Inquietó a los presentes cuando dijo que «un país que se desarma unilateralmente cuando a su alrededor todos hacen lo contrario, lejos de evitar el conflicto, lo único que hace es alentarlo». Los radicales, que gustan de hablar más del pasado que del presente, le pidieron anécdotas de las crisis militares del alfonsinismo,y Jaunarena contó: «En Semana Santa, un triunfo de la democracia, hubo sectores, supuestamente progresistas, que, con una estupidez de antología, pretendían, sumándose a la estrategia de los carapintadas, instalar la mentira de que el gobierno había negociado con ellos». Avanzó más al denunciar, a destiempo porque ahora es una antigualla, que «hubo ex montoneros que tenían vínculos y apoyaban a los carapintadas, pero el radicalismo le enseñó a Rico que si quería el poder y lo intentaba por las armas, lo íbamos a vencer y lo íbamos a meter preso como lo hicimos».

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La comida de la Fundación Vida Silvestre atrajo, seguramente por lo altruista de sus consignas pero también por la finesse de sus punteros, a empresarios y ecologistas. Por eso, la causa ambiental que dominó la noche en el salón de Costa Salguero fue hasta dónde llegará la intervención del Banco Central para contener el dólar. No faltó glamour en la mesa principal encabezada por Miguel Reynal, uno de los fundadores de la organización. A su lado estaba Paula Marzotto, de la familia propietaria del imperio Valentino, y su sobrina Sigrid Hamer, una elegante alemana que vive en España y baila excelente flamenco. La mesa se completó con Cristiano Rattazzi, acompañado de Alicia Fernández, Ana Rusconi y Vivianne Peña Luque. Paula Marzotto le comentaba a su amiga Ana Rusconi su preocupación por la caída del euro. Pero no por los balances de su empresa, sino porque está construyendo en Punta del Este. Ahora se abarató Europa y se encarecieron estos lares. La fábrica de las Ferrari también ha sentido el remezón, y las reservas de vehículos, que alcanzaban a tres años, se redujeron a uno. Se comentó que en Buenos Aires la principal concesionaria de Mercedes-Benz bajó en octubre sus ventas de 50 vehículos a 24, y noviembre promete ser peor.

Más optimistas fueron los asistentes a la fiesta de Chandon Rosé en el espacio Darwin, del barrio de Palermo, con personajes que se deleitaron con un gigantesco fauno que paseaba por los salones y con un número musical que representaba el futuro. Había que asistir con un toque rosa en la ropa. La ambientación de Javier Iturrioz correspondía a un jardín de fantasía habitado por un gigantesco fauno y unicornios. Margareth Henríquez era la anfitriona y entre los asistentes estaban Inés Berton, la creadora de los tés; la empresaria gastronómica María Laura Diciancia, el farmacéutico Sebastián Bagó, el diseñador Martín Churba, el representante de Ralph Lauren, Roberto Devorik, que es diseñador como su madre, que creó prendas para Eva Perón. Rogelio Polesello describió su última obra, pintar el capot de un Porsche a pedido de su extravagante dueño. Polesello estaba preocupado por el derrumbe de precios del mercado del arte, mientras Devorik contaba que es un fracaso absoluto la preventa de Navidad en Londres. «La crisis en Europa y Estados Unidos se siente más fuerte que en la Argentina», contaba. Pero no todos eran empresarios, había gente de las artes y de la sociedad, y ellos están cargados de cuentos como el del último romance de Cecilia Bolocco, quien ha enloquecido a otro señor mayor que se está divorciando de un larguísimo matrimonio. La ex Miss Universo le hizo vivir su primavera en otoño. El hombre es propietario de la mayor cadena de tiendas de Chile que tiene sucursales en la Argentina, en el resto de América y Europa. Pronto, la línea de ropa de Cecilia Bolocco se venderá en esos «malls» y, por supuesto en la Argentina. Por de pronto, el hombre, que no ahorra en gastos, preparó un gigantesco desfile de modas en Roma para lanzar la línea de la ex esposa de Carlos Menem.

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Para terminar, un chiste de la línea clerical, casi vaticana. El cliente de una famosa peluquería le comenta a su peluquero, mientras se cortaba el cabello, que va a viajar a Europa. El estilista, que había regresado hacía poco del Viejo Continente, lo desalienta, quizás por envidia: «¡Es un lugar horrible, caro, no vale la pena. Claro, no dejarás de ir a la misa del Papa del domingo...». Ante las palabras del peluquero, el hombre inicia el viaje con el ánimo por el suelo, pero imagina la venganza para el momento del regreso. Se presenta en la peluquería y cuenta: «Estuve en la misa dominical de la Plaza San Pedro y de pronto vi que en el balcón aparecía, a lo lejos, Su Santidad, con vestimentas blancas.

Repentinamente desaparece del balcón y al cabo de unos segundos veo que se abre paso entre la multitud, buscándome a mí. Me mira a los ojos y me dice: «Hijo mío: ¿me podés decir quién es el hijo de puta que te corta el pelo?».

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