-Yo quiero la 10, Marcelo.

-Si la querés, dame la 7. El Muñeco y el Burrito se ponen la camiseta, tiran paredes en un verdadero encuentro de ídolos y avisan: "Vamos a ser campeones".
"Me hace acordar a cuando éramos pibes". Uno improvisa. "Para mí es retroceder 15 años". El otro intenta ser preciso. Se muestran como en la cancha. Imprevisible Ariel Ortega. Cerebral Marcelo Gallardo. Y ninguno disimula su alegría. La pelota va de una cabeza a la otra. No se cae. Tampoco se viene abajo la ilusión de salvar a River. Hombro con hombro, como el Burrito le propuso al Muñeco en el lobby del hotel Intercontinental de Santiago de Chile, cuando se encontraron en la despedida del Matador Salas, y con un tal Francescoli como testigo. "Hombro con hombro, sí", repite el jujeño. Y lo argumenta. "Es muy importante que estemos juntos: jugadores, cuerpo técnico, dirigentes, hinchas... Lo único que nos tiene que importar es River", dice y, ahí nomás, le deja la posta a Gallardo. "Si estamos acá es porque queremos al club y le vamos a agradecer eternamente todo lo que nos dio. Por eso, nuestro compromiso es fuerte. Y nos sentimos felices de tirar para el mismo lado", cuenta el ex Monaco, PSG y DC United. Y no miente. ¿La prueba? Los guiños que se hacen cuando el Muñeco se suma a la charla con el Burrito. También las sonrisas en las fotos, el "sacanos lindos, eh, aunque con estas caras no sea fácil". Y su felicidad por hablar juntos. De verdad.

La onda es tan grande que resiste una "bienvenida" del jujeño: "Todo bien, pero mirá que yo quiero la 10, Marcelo". Pero la respuesta del dueño de esa camiseta dice todo. "Quedate tranquilo. A mí me interesaba estar acá, en River. Si querés la 10, dame la 7. Y no hay problema".

En Núñez, Ezeiza o Toronto se hace difícil hablar con Ortega y Gallardo sin sufrir interrupciones. Que una foto, que un autógrafo, que firmame la camiseta o mandale un saludito a mi prima... Los hinchas los buscan, los quieren, los aman. Y el cariño entre ellos es recíproco. "Marcelo tiene un corazón grandísimo. Y en la cancha es diferente, un tipo que con un movimiento te deja solo frente al arquero o te define un partido. Por algo dije que si él estaba bien, el resto de los equipos iba a pelear por el segundo puesto", acaricia el jujeño. "Con Ariel pensamos parecido --devuelve el Muñeco-- y tiene un corazón enorme. Es una pena que haya vivido momentos delicados, pero a la vez me pone contento poder estar a su lado hoy. Futbolísticamente, es uno de los últimos fantasistas. Le ha dado mucho al hincha de River y por eso es ídolo".

No hay falsa modestia. Tampoco elogios pour la galerie. Uno y otro saben que se necesitan para potenciar a River, que son los líderes de este plantel. Cada uno con su estilo. Pero con la certeza de que para el equipo es clave verlos bien. 10+10. Ni más ni menos que como trabajaron durante la semana pasada, cuando el resto de sus compañeros aún disfrutaba de las vacaciones. "El compromiso que tuvieron fue total", cuenta el Profe Buscaglia. "Son un ejemplo. Dos pibes que se encontraron en el momento justo", se escucha en la utilería, el lugar en el que ambos se encontraron cada mañana para tomar unos mates, charlar sobre el pasado y soñar con un futuro mucho más feliz que el presente. "Pasamos muchísimas cosas. Prácticamente, hemos crecido juntos. Por eso me alegra poder estar con Ariel y saber que podemos ganar una copa, un campeonato", arranca Gallardo. Y el Burrito no lo deja en banda. "¿Que podemos? Tenemos todo para hacerlo", le dice. Y lo convence a hablar de a dos. "Sí, vamos a salir campeones".

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