A vos te quiero ganar

Aunque los médicos le van a recomendar que lo mejor es parar unas fechas y no arriesgar su presencia ante Boca, Ortega quiere estar sí o sí ante el San Lorenzo de Simeone, el técnico que le dijo no y por el que el 10 se fue de River.
"Yo quiero jugar". Tres palabras. No necesitó más. Acababa de levantarse de la camilla en la que le habían hecho los estudios para conocer el grado exacto de su lesión y, por la cara de los médicos, las noticias no parecían buenas. Sin embargo, y aunque la molestia en la cara posterior de su pierna derecha se había hecho más intensa con el correr de las horas, Ariel Ortega dejaba en claro cuál era su deseo. Se resignaba, sí, a ver pasar de largo su regreso a la Selección. Pero frente a la sugerencia de parar y perderse algunas fechas del Apertura para no poner en riesgo su presencia en el superclásico con Boca, el Burrito no se movía. "Quiero estar el domingo", repetía. Y aunque en ningún momento desnudaba el motivo de tanta urgencia, tampoco hacía falta. Saber que el próximo rival de River es San Lorenzo puede parecer anecdótico, aunque para el jujeño no lo es si en el banco de enfrente está Diego Simeone, el técnico que se animó a decirle que no cuando los dos estaban en Núñez. Y por el que el jujeño decidió armar las valijas para irse del club.

Dolorido y angustiado, Ortega no disimuló ni un poquito su fastidio el domingo por la tarde, cuando tras tirar un centro sintió un pinchazo. Al toque, se dio cuenta de que no podía seguir en cancha ante Gimnasia pero, sobre todo, de que su intención de volver a verse face to face con su ex amigo, compañero de Selección y técnico, estaba en peligro. Pero no se resignó. Al contrario. Inmediatamente, pidió que nadie lo descartara. Y fue tan contundente que generó un desconcierto total al querer indagar sobre su estado. ¿Contractura? ¿Distensión? ¿Desgarro? No está claro y, por ende, tampoco se sabe si para jugar deberá esperar unos días o semanas. Porque mientras el domingo hubo silencio stampa, ayer el club emitió un comunicado informando que "presenta una leve lesión muscular en el isquiotibial de la pierna derecha" y Diego Maradona, tras saludar el juejño en el predio de Ezeiza, lamentaba no poder contar con "el Burro para recibir a Ghana porque tiene un desgarro".

"Me forreó, es un mala leche y un vigilante. Me voy de River por él". Apenas cuatro días después de festejar el título del Clausura 08, Ortega se enfrentaba por primera vez con Simeone. No le perdonaba la decisión de exponerlo por uno de sus (por entonces) habituales faltazos al entrenamiento y, de yapa, dejarlo afuera del último partido de aquel torneo. Y, sin saberlo, el 10 recibía el ultimátum del técnico. Porque si bien hicieron las pases, un mes más tarde, después de otra recaída y de que las imágenes de un Ortega en mal estado, chocando un surtidor con su BMW, se convertían en un bocado imperdible para todo programa de TV, el Cholo les avisaba a los dirigentes que no lo quería más en el plantel. La chispa que hizo volar todo. Y por la que el domingo, 423 días después de jurarle desprecio eterno, el jujeño quiere estar dentro del campo de juego. O en el peor de los casos, alentando a sus compañeros porque para él no es un día más.

A vos te quiero ganar.

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