¿Lo quieren ver último?.

BOCA 2 - BANFIELD 3: Ischia y los jugadores se esfuerzan por hacer historia de la mala en el torneo local: Boca quedó a dos puntos del fondo. Este Banfield de Falcioni fue muy superior.
Hay otra verdad que Carlos Ischia no podrá desmentir: Boca juega cada vez peor. El equipo A, el de la Copa, tiene poca vida sin Riquelme. El equipo B, el del torneo, no levanta aun cuando juegan cuatro titulares y medio (el Pato, Forlin, Gaitán, Palermo y Roncaglia, el medio). Si ayer Banfield mereció ganar, Boca mereció perder. En realidad, Ischia y los jugadores están haciendo lo imposible por empatar el "último" logro de River. A ver, el técnico toma decisiones equivocadas, además de desmentir verdades... Elige poner a Alvaro González de volante central a pesar de su larga inactividad. El fracaso del uruguayo es compartido por el propio jugador y por el entrenador. Boca empezó a perder el partido en la falta de tiempo y distancia de su cinco, que volvió a la Primera después de un breve paso por la Reserva. Opciones que tenía el técnico a mano: Benavídez, un pichón todavía pero con conocimiento del puesto y en ritmo de competencia; o Forlin al medio, con Sauro en la cueva. Raymonda, jugando más como primer recuperador que como enganche, se lo devoró a Alvaro e invirtió los roles: él fue el de Banfield que más pelotas robó.

Lástima que, como reconoció Bianchi, el manager no habla de fútbol con su "amigo" el DT. Porque la posición y actitud de Raymonda se parecieron a las de Marcelo Gómez en aquel Vélez de... Bianchi.

Es Ischia quien le sigue dando oportunidades a Gracián, quien no se las supo ganar. Y hay, en ese punto, un recorrido confuso: de no incluirlo en el banco contra el Cuenca lo puso como suplente frente a Central y de titular con Táchira y con Banfield. Como tantas otras veces, el Tano volvió a ser el primer cambio, en este caso para que debutara el pibe Drocco.

Es Ischia quien insiste con Chávez como ocho, erosionando lo mejor que tenía Pochi: desequilibrio en el uno contra uno de frente al arco. La necesidad lo llevó al técnico a dejar sin frescura a un jugador que tenía gestos tevecianos cuando encaraba.

Es Ischia quien no consigue que Gaitán se la crea en el buen sentido. Nicolás, lagunas al margen, por momentos traslada tanto que desperdicia el poder de su zurda.

No es Ischia el culpable de todos los males de este Boca perdido. Sí es el responsable de que su equipo no tenga otra estrategia que la de tirarle centros a Palermo. El volumen de juego se define por la calidad de la tenencia. Boca, sobre todo en el segundo tiempo, la tuvo mucho más que Banfield. Sin embargo, lateralizó demasiado y jamás pisó el área. Sus dos goles fueron casi dos accidentes: regalo a Roncaglia y gol en contra de Devaca. Los dos primeros de Banfield (más en el de Silva, la figura, lejos) fueron consecuencia de dos muy buenas jugadas colectivas.

Estará en Ischia lograr que el Boca de la Copa no se contagie de los males del Boca más domesticado de la historia.

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