¿Quiere asustar o está asustado?

Por Mariano Grondona

Durante el acto proselitista de anteayer en el Luna Park, Néstor Kirchner afirmó que "si perdemos, el país volverá al 2001". ¿Cuánto de verdad hay en esta afirmación? Kirchner reiteró que los argentinos debemos tener memoria. Pero atribuirse el mérito de haber sacado al país del "pozo" de 2001, ¿no es desconocer que quienes en verdad nos sacaron del pozo en 2002 fueron Duhalde y Lavagna, esto es el padrino al que traicionó su ahijado y el ministro al que echó su presidente?

¿Cuánto vale entonces la exhortación del ex presidente a que "tengamos memoria"? ¿Verdadera o falsa memoria? Homero decía de Ulises que era "fecundo en ardides". Este dudoso elogio podría aplicarse hoy a Kirchner porque, cuando habla, las verdades y las mentiras se entrelazan en su discurso como los hilos de una trama difícil de desenredar.

En el Luna Park, por ejemplo, Kirchner sugirió que, si no retiene la mayoría en el Congreso, su esposa no podrá gobernar. Desde la perspectiva de la pareja gobernante, esta afirmación es verdadera en la medida en que, para los Kirchner, "gobernar" es sinónimo de "mandar". Si no retienen su mayoría en el Congreso, evidentemente no podrán mandar. Pero muchos otros presidentes han podido gobernar sin mayoría parlamentaria porque supieron dialogar con los opositores, un ejercicio que, desde la concepción del gobierno como mando que tienen los Kirchner, hasta ahora no ha sido viable.

La trama del discurso kirchnerista se vuelve particularmente difícil de desenredar cuando el ex presidente se presenta ante el público como la única alternativa al caos. Aquí es donde el observador necesita aguzar el ingenio. Cuando Kirchner dice en su discurso "Yo o el caos", ¿nos quiere meter miedo o expresa, quizás desde el subconsciente, su propio miedo? Perder en junio sería sin duda un caos para él. Pero un caos para él no sería necesariamente un caos para el país.

Decirle "yo o el caos" al pueblo es un recurso habitual de los gobernantes autoritarios. ¿Quiénes deberían sentir miedo, en todo caso, si el ex presidente pierde? No por cierto las clases medias, que ya le han votado en contra. Si dejamos de lado a los que militan en el kirchnerismo y sentirían su derrota como propia, los verdaderos destinatarios de la amenaza del Luna Park podrían pertenecer al vasto conjunto de los ciudadanos pobres que reciben planes sociales. Quien vive de un plan teme naturalmente que un cambio de gobierno lo deje sin él. A estos sectores socialmente vulnerables pero políticamente inocentes deberían dirigirse entonces los opositores, anticipándoles que no serán las víctimas propiciatorias de la derrota de un líder al que no quieren pero necesitan.

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