Quienes necesitan de un turismo integrador recomiendan Claromecó

Mirta Carreras, la madre de la joven Valeria Gattorossi, contó que veranean hace 20 años en Claromecó, sitio al que no visitaban desde hace cuatro a raíz de una enfermedad neurológica que padece su hija, quien debió comenzar a utilizar una silla de ruedas, situación que actualmente -salvo honrosas excepciones- transforma al período de vacaciones en una carga extra para este tipo de familias.
"Se nos dificultó -por supuesto- el acceso a la playa, y llegar hasta acá y no poder ir al mar es como que no tenía sentido", relata la madre, quien confiesa que sus hijos pasaron todos sus vacaciones siempre en Claromecó, cada vez que desde la localidad de Quilmes, buscaban su lugar de descanso.

Contó, además, que la última vez que vinieron no tenían una casa "adaptada" como para que su hija pudiese movilizarse por dentro. En la ocasión llegaron a una vivienda con puertas angostas para el tipo de necesidad que requerían los Gattorossi, un baño donde no podía ingresar la silla de ruedas, "y ni pensar en bajar a la playa". Cabe destacar que esta situación sigue así en Claromecó, salvo por determinados servicios, y personas.

Es así como decidieron buscar opciones en otros lugares y más allá de los destinos "hermosos" que ofrece el país, siempre según Carreras, no hallaron alternativas para poder descansar en familia, entre ellos Valeria, quien necesita de un lugar "adaptado".

Puso el ejemplo de las termas de Córdoba, donde por ejemplo, si bien existen rampas para las sillas de ruedas, dentro del hotel el rodado no podía entrar al baño, y el comedor del mismo estaba en un segundo piso.

Pero, por esas casualidades este año la familia arribó a Claromecó en el mes de diciembre, "a raíz de un problema familiar". Cuenta la madre de Valeria que estaba "tan bonito el tiempo que nos animamos a ir a la costanera", y fue allí donde en un primer momento se encontraron con un grupo de gente que estaba trabajando en Cazadores y se ofreció a bajar a Valeria. También fue ése el lugar en donde encontraron "a un grupo de guardavidas divinos que nos prestaron todo su apoyo".

Fueron los mismos que le ofrecieron bajar siempre que quisieran por ese balneario, pero además allí estaba Cecilia Ferrante, la profesora de educación física de Ituzaingó con familiares en Tres Arroyos y que todos los años en España se dedica a trabajar con discapacitados en playas accesibles, tarea en la que es una profesional debido a la especialidad que estudió.

Mirta contó cómo es que Cecilia le ofreció el uso de la silla anfibia, la cual se encontraba en el distrito desde el verano pasado. En ese momento, Carreras admite que sólo sabía de la experiencia en el país ibérico con este tipo de servicios integradores, y que desconocía dónde era que en Argentina se estaba desarrollando tal tarea.

"Ella nos dijo que acá había una, que estaba al alcance nuestro y fue donde nos movilizamos para que Vale la pueda usar", revela la madre que sabe de una lucha que supera a su misma hija y que ha generado su impacto en la familia, toda vez que al momento de poder salir de vacaciones, no sólo era y es Valeria, la afectada por la falta de lugares adaptados sino que la familia toda acusa el impacto de no poder disfrutar y privarse -en consecuencia- del descanso al que muchos tienen acceso y de manera libre.

"Los guardavidas nos ofrecieron la silla, subirla, bajarla cuantas veces fuera necesario, entrarla al agua, sacarla, y para nosotros éstas sí fueron unas vacaciones", dijo con regocijo la mujer sin ocultar su satisfacción.

Es que para Mirta y toda la familia de Valeria, este verano tuvieron acceso a "donde cualquiera puede llegar". Destacó las rampas ubicadas en el centro y en las avenidas; "están sanas y las podemos utilizar", explicó mientras comparó la situación con la ciudad de Buenos Aires, donde "esto no ocurre porque los autos están estacionados encima, o están rotas y no se pueden utilizar".

La mejor promoción

Toda esta experiencia dejó en la mochila de esta joven y su madre, "ganas de concientizar" para que se sepa que con poco esfuerzo y dinero se pueden hacer rampas en los negocios, en las playas, restaurantes, "como para llegar sin ayuda de nadie" a diferentes sectores como cualquier otra persona. Los dueños de los hoteles puede agrandar las puertas de los baños y las habitaciones; "hay mucha gente joven que está en esta situación", relató.

Además contó, a manera de experiencia, que durante el verano pasado la familia quedó dividida después de que una parte se viera en situación de viajar de vacaciones mientras la otra se quedó en casa, para poder darle el gusto del esparcimiento a la pequeña hermana de Valeria.

"No estamos pidiendo que no nos cobren, sino que faciliten una vivienda, un hotel y las rampas de bajada a la playa que después las van a utilizar mucha más gente y no sólo quienes usen sillas de ruedas", explicó la madre que aprovechó este medio para invitar "a las familias que tengan a cualquier persona con una discapacidad, cualquiera sea. Acá van a tener lo que necesitan para sentirse cómodos y contenidos y está todo lo que se necesitan para pasarla mínimamente bien, y está lo que más cuenta que es la voluntad de la gente".

Finalmente y tras animar a las familias para que visiten y prueben estas costas con incipientes políticas integradoras, también pidió que la ayuden "a tirar del carrito", para que entre todos sea más fácil y "podamos disfrutar de las vacaciones, porque los papás con este problema ya nos olvidamos de veranear y de que tenemos derechos", remató.

A reglamentar el uso de la silla

Una vez que la opinión pública tomó conocimiento de la experiencia de Valeria Gattorossi, y de la respuesta recibida por servidores públicos, como así también de su agradecimiento por determinadas comodidades halladas en la localidad -agradecimiento que llegó como carta de lectores al diario La Nación-, fueron dos los referentes políticos los que se acercaron a la localidad para comprometerse públicamente con el tema.

Raúl Alí, el ex presidente del Concejo Deliberante que orientó la compra de las dos sillas anfibias del distrito, presentó en Claromecó y posteriormente en la Comisión de Turismo del Concejo Deliberante una iniciativa para poder reglamentar el uso de la silla anfibia. La misma -entre otros aspectos- destaca la necesidad de contar con personal especializado para maniobrar la mencionada silla.

Esa iniciativa contó con el inmediato respaldo y compromiso político del concejal del unibloque Peronismo en la Coalición Cívica, Francisco Couso, quien además de sentirse identificado con la necesidad de una playa más accesible, vio bien que se reglamente el uso de la silla, para que la maniobrabilidad de ésta no quede bajo la exclusiva responsabilidad de los guardavidas, sino de alguien avezado en la materia.

Compromiso oficial asumido

Tampoco fue ajeno a esta circunstancia el director municipal de Turismo, Mariano Médico, quien aseguró a LA VOZ DEL PUEBLO que en el próximo verano se verá ampliado este servicio habida cuenta de su necesidad y de cómo se respondió ante una demanda del mismo en la presente temporada.

No extrañaría ver el próximo verano una presencia más profesional en este sentido, si es que el Departamento Ejecutivo de la Municipalidad de Tres Arroyos decide seguir hacia adelante en la política a la que no le ha dado la espalda toda vez que ha creado la Subsecretaría de Discapacidad, conducida en el distrito por Bruno Lescano. Además ha dispuesto accesos céntricos en puntos importantes de la ciudad como así también del mismo Claromecó. Mientras tanto la silla anfibia adquirida con fondos del Concejo Deliberante y de la Dirección de Turismo también representó un marcado interés en esta dirección. Esa adquisición que si bien ya registra un año y medio, recogió un reconocimiento que debiera servir para no dejar de dar pasos hacia un futuro próximo y más integrador, en una política que no sólo -y visto está- beneficia a quienes padecen de alguna discapacidad sino a su entorno más próximo.

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