Hay quienes caminan en soledad

Señor director de NORTE:

Las personas en general tienen mayor facilidad para ver los errores, criticar y no decir en “voz alta” lo bueno que se hace, y hasta a veces sienten vergüenza en dar un simple “gracias” que sale como un susurro, o no se expresa.

En el Chaco hay un ejército de ciudadanos trabajando solidariamente, dando su tiempo y su vida para engrandecer la provincia, mejorarla, quererla verla hermosa, cuidar de otros.

Así calladamente hay fundaciones, como la de Orientación a la Joven, el Hogar Teresa de Calcuta, el Hogar Nazareth, la granja Las Charatas, los emprendimientos del arquitecto Alabe, el esfuerzo del padre de Gastón Santos, los que trabajan por el ambiente (que no es una pavada de locos) y muchos solitarios que tienden una mano anónimamente y son importantes para alguien. Tratan de aliviar un poco lo mucho que se padece.

En muchos proyectos está detrás una iglesia o una fundación que arremete contra situaciones a veces deplorables, haciendo lo posible, lo necesario y logrando lo imposible.

Pero estas situaciones de abandono, de pobreza, de vejez, de enfermedad, son muchas veces el resultado de políticas o de la desinformación por parte de muchos, siendo seres anónimos.. “Y ojos que no ven, corazón que no siente”.

Entonces, allí están los que tienen la fuerza de ayudar, y para ello elaboran un programa, planificaciones, metas y trabajan solicitando algo de apoyo estatal, aunque sea en recursos humanos especializados, o quizás herramientas. Estas personas que trabajan, piensan y sienten.

Contaba alguien que colaboraba en la granja Las Charatas, donde se rehabilita a adictos (¿sabía que el alcohol es una adicción también?) se refería a lo ardua que era la tarea, al encontrarse con jóvenes que en su mayoría habían sido víctimas de abuso, y cargaban un peso en sus corazones queriendo silenciarlo con el alcohol. Esos jóvenes necesitaban que se los escuche, se los sostenga, se los anime, se les dé esperanza.

Aunque se hable de la cultura alcohólica, muchos que son prisioneros del alcohol han recurrido a esa granja que trabaja con la fuerza de la fe y del amor.

Nadie saben cuántos son en esas situaciones, aunque ardan las líneas gratuitas de ayuda, muchos en la penumbra están esperando que alguien los auxilie, los mire y los comprenda. Pero son pocas las granjas Las Charatas, y pocos los que sienten como ministerio rescatar del alcohol a quienes comienzan a caer o están oprimidos por él.

Se necesita que en distintas comunidades educativas y culturales se animen a hablar seriamente de este flagelo que hace estragos sin respetar rango social.

Darío Luna fue una de las víctimas del alcohol, y fue asesinado, vaya a saber por quién.

¿A alguien le importará su vida, o la vida de sus pares?

A quienes conducen la granja Las Charatas, sí les importa sus vidas y sus sufrimientos.

No dejen solos a quienes hacen ese trabajo titánico... ¿Y si ellos no estuvieran?, ¿alguien valorará lo que hacen? ¿alguna vez les habrán dicho: “Gracias”?

Es cierto, ellos saben que Dios los recompensará, pero también necesitan el aliento de aquellas personas a las que Dios haya sensibilizado el corazón. Serán los voceros del cielo.

MONICA PERSOGLIA

Resistencia

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