Quiénes aportarán los mayores préstamos

Los países más poderosos del mundo debaten por estos días cómo se reformarán el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y hasta dónde llegará la mayor flexibilidad de que se les reclama a la hora de prestar dinero
PARIS.- El nuevo gurú de la economía, Nouriel Roubini ?el economista que hace tres años predijo la crisis, que fue ridiculizado y que se ganó el mote de "Doctor Fatídico"?, compara la situación mundial actual a un enfermo que llega en estado de coma a un hospital. En esos momentos cruciales, los médicos no tratarán de resolver su problema de sobrepeso ni aconsejarle un tratamiento para que deje de fumar. La única preocupación será salvarle la vida.

En una situación idéntica se encuentra el Fondo Monetario Internacional (FMI), que trata de imaginar mecanismos y obtener recursos para evitar que la crisis empuje a varios países al precipicio.

Al mismo tiempo, esa institución creada en 1944 en los acuerdos celebrados en el complejo hotelero Bretton Woods, se esfuerza en cambiar la imagen negativa que arrastra desde hace tiempo, sobre todo en los países emergentes.

Esos objetivos guiaron la simplificación de los procedimientos de atribución de créditos, anunciada el martes 24 de marzo por el Fondo en Washington.

Los nuevos instrumentos incluyen un aumento de los límites de préstamo y modifican considerablemente las exigencias de resultados macroeconómicos que hasta ahora tenía el organismo multilateral de crédito.

La reforma también trata de dar a la institución mucha más reactividad frente a la gravedad de la situación mundial; pero, sobre todo, responde a viejas críticas, reactivadas por la crisis, según las cuales el FMI presta con demasiada lentitud y con condiciones insoportablemente estrictas.

El tercer objetivo de esos cambios es terminar con el estigma que hasta ahora significa para un país tener que pedir dinero prestado al Fondo Monetario y verse sometido a sus exigencias en materia de políticas macroeconómicas. Este es uno de los puntos que más se han cuestionado en los últimos años.

"Esas reformas representan un cambio importante en la forma en que el Fondo puede ayudar a sus Estados miembros, algo particularmente necesario en estos tiempos de crisis", destacó el francés Dominique Strauss-Kahn, director general de la institución.

"Una mayor flexibilidad en nuestros préstamos, además de condiciones simplificadas, nos ayudarán a responder en forma eficaz a las variadas necesidades de nuestros miembros. Esto les permitirá atravesar la crisis y regresar a un crecimiento durable", agregó.

El punto crucial de esa reforma es la creación de un nuevo mecanismo de préstamo, la "línea de crédito flexible" (LCF), destinada a los países que el FMI considera bien administrados, "con fundamentales, políticas y una tradición de aplicar sólidas políticas".

Según el Fondo, el nuevo instrumento "responderá más a una evaluación previa" de los requisitos necesarios para otorgar el crédito.

La idea general que está detrás de esos cambios es, en todo caso, que más vale prevenir las crisis económicas que tratar de resolverlas después. En concreto, esos nuevos programas deberían poder ayudar a muchos países de Europa del Este que por estos días se encuentran al borde de la bancarrota.

Gran parte de Europa oriental es víctima de un doble fenómeno, derivado de la crisis mundial, que hipoteca su economía. Por un lado, se la tienen que ver con el colapso de las exportaciones, y por el otro, son víctimas de la huida de inversores extranjeros de sus economías.

La gravedad de esa situación representa también una amenaza para la estabilidad del sistema bancario europeo, después de que todos los bancos de Europa occidental prestaron sumas siderales tanto a las empresas como a los hogares en esos países.

Después de haber ayudado a Hungría, Ucrania, Paquistán e Islandia desde que comenzó la crisis, muchos otros países en extrema dificultad golpean ahora las puertas de la institución. Los que pertenecen a la Unión Europea (UE) tienen una alternativa ya que pueden recurrir a Bruselas, sede de la UE.

Pero el bloque tiene otros problemas: necesita los fondos de que dispone para ayudar a sus propios eslabones occidentales más débiles, como es el caso de Irlanda, Grecia y España. Alemania y Francia, en particular, se han opuesto tenazmente a lanzar planes globales de rescate europeos y han prometido ayudar a aquellos países del Este que lo necesitan, pero "caso por caso" y "a través del Fondo Monetario".

Desde que comenzó la crisis, el FMI ha prestado 50.000 millones de dólares y aún conserva en sus cofres otros 200.000 millones para disponer en créditos. Pero para desempeñar ese nuevo papel, deberá recibir, sin duda, un flujo considerable de nuevos fondos.

El francés Strauss-Kahn y su equipo esperan recibir esa ayuda de la cumbre del G-20 que se reúne el jueves 2 de abril en Londres. Los dirigentes del FMI, así como los líderes europeos, pretenden duplicar los recursos de la institución, llevándolos a 500.000 millones de dólares. Por el momento, tanto la UE como Japón han prometido unos 100.000 millones de dólares cada uno. Estados Unidos, por su parte, sugirió recientemente triplicar esos recursos.

Una tarea conjunta

Pero el éxito de reforma del FMI que ahora se pretende depende de la participación de los países miembros.

La LCF reemplaza y se parece muchísimo a un mecanismo de crédito que nunca funcionó y que el FMI lanzó con bombos y platillos en octubre de 2008: la llamada "facilidad de liquidez a corto plazo".

En aquel momento, la idea era proveer de liquidez rápida y sin demasiadas condiciones en las primeras etapas de la crisis. Como en el caso de la LCF, aquella línea de créditos estaba destinada sólo a países con una sólida gestión de su economía, que fueran víctimas de factores fuera de su control.

Contrariamente a lo que se esperaba, en los cinco meses de su existencia, ese instrumento nunca fue utilizado.

El FMI dice que la razón de este "desamor" residió en que los límites de dinero fijados eran demasiado bajos y los períodos de reembolso, demasiado cortos. Las LCF intentarán desde ahora remediar esos obstáculos que aquejaron a su predecesor.

La verdad es que, para algunos países, la imagen negativa de la institución es tan persistente que Corea del Sur y Singapur, por ejemplo, decidieron no pedirle ayuda porque todavía critican la forma en que el FMI administró la crisis financiera asiática en 1998. Muchos países de América latina -como la Argentina y Brasil- también evitan recurrir al Fondo debido a sus malas experiencias con la organización.

"No es que los instrumentos del FMI sean malos, sino que los países en desarrollo consideran la institución la herramienta de las políticas de Estados Unidos", asegura el economista francés Daniel Cohen.

Después de la modificación del derecho de voto adoptada en abril de 2008, cuyo objetivo era dar un peso mayor a los países emergentes, ésta es la segunda gran reforma realizada por Strauss-Kahn, en puesto desde hace 18 meses. Sin embargo, a lo largo de su historia, la institución se redefinió varias veces a sí misma desde su creación, después de la Segunda Guerra Mundial.

El FMI nació en 1945, del idealismo de la posguerra. Sus principales arquitectos, sobre todo, John Maynard Keynes, pensaron que la institución serviría para hacer avanzar la cooperación económica. Todo ellos estaban determinados a evitar a cualquier precio que se repitiera el nacionalismo económico destructor y el proteccionismo que empeoraron la Gran Depresión de los años 1930.

El papel original de "salvavidas" de países en dificultad concluyó en los años setenta. Una década después, el Fondo terminó actuando como un comisario en la crisis de la deuda de América latina, al exigir cambios en las políticas económicas a través de los llamados "programas de ajuste estructural" .

Pero el FMI nunca consiguió ganar la admiración que la loable intención de sus orígenes debería haber inspirado. Sin medios suficientes y blanco de numerosas críticas, terminó desempeñando un papel secundario en los recientes esfuerzos realizados para rescatar la economía global de la crisis y la depresión. Los Estados se llevaron el protagonismo. El FMI estuvo ausente.

Por esa razón, muchos creen que el FMI debería evolucionar hacia nuevos horizontes más acordes con la globalización. La semana última, por ejemplo, China propuso que la institución fuera encargada de administrar una nueva moneda de reserva mundial que pueda remplazar al dólar estadounidense. La idea fue desechada de inmediato, entre otros por el presidente Barack Obama, para quien "no hay ninguna necesidad de una nueva moneda global".

Hacia un nuevo organismo

Al definir el papel del FMI, Strauss-Khan afirmó recientemente que el trabajo de la institución en tiempos difíciles consiste en "la vigilancia, las alertas precoces y las previsiones". "En ese terreno, necesitamos extender nuestras capacidades y quizás hacer obligatorios ciertos controles que hasta ahora eran facultativos", agregó.

Esta semana, el informe de un grupo de expertos encargado por el Fondo de hacer propuestas para mejorar la representatividad de la organización propone "la extensión del mandato de vigilancia del FMI más allá de las tasas de cambio para cubrir las políticas macroeconómicas, las cuestiones de gestión de riesgo y las consecuencias del sector financiero".

Los expertos también son favorables al principio de una presidencia rotativa del Consejo de Administración entre los países y grupos de países que lo integran; a la reducción de la mayoría necesaria para tomar decisiones (del 85% al 70% o 75%), y a la "activación de un consejo de ministros y gobernadores que actúe como foro de coordinación y tome decisiones estratégicas esenciales para la estabilidad mundial".

Anfitrión de la cumbre del G-20, el primer ministro británico Gordon Brown está entre quienes piensan que el FMI debe ampliar sus funciones y transformarse en uno de los pilares del nuevo sistema financiero internacional.

Con ese objetivo, Brown lanzó un llamado en favor de "un nuevo Bretton Woods", en alusión a la conferencia de 1944 en la que se creó el FMI, el Banco Mundial y se sentaron las bases del orden económico de la posguerra, que duró prácticamente hasta ahora.

Esta vez, Brown y muchos de sus socios europeos pretenden que la institución sea capaz de responder adecuadamente a los desafíos planteados por la globalización.

VIÑA DEL MAR.- Las presidentas Cristina Kirchner y Michelle Bachelet, en la Cumbre de Líderes Progresistas, donde se abordó el nuevo papel de los organismos de crédito.

250.000

millones de dólares

* Es el monto de capital con el que cuenta el Fondo Monetario Internacional para disponer de créditos; ahora se analiza una ampliación.

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