¿A quién se le teme más: a Kirchner o a Redrado?

Esa es la pregunta actual detrás del debate por la autonomía del Banco Central, tema que abordó Bagehot.
La decisión del Poder Ejecutivo de abonar compromisos de deuda pública de 2010 con reservas del Banco Central volvió a poner sobre el tapete la cuestión de los beneficios y los costos que tiene la autonomía de dicha institución. Por eso me comuniqué con el inglés Walter Bagehot (1826-1877), yerno de James Wilson ?fundador y editor de The Economist?, quien desde las páginas del semanario explicó cómo durante las corridas bancarias (los "pánicos", según se decía entonces) debía operar el Banco de Inglaterra en su carácter de "prestamista de última instancia", escritos que luego reunió en Lombard street, publicado en 1873 y considerado la "Biblia" en la materia. En la crisis desatada en 2007 Ben Bernanke, actual presidente del Sistema de la Reserva Federal, aplicó casi todas sus recomendaciones (la única diferencia es que no prestó a altas tasas de interés).

-¿Debe el Banco Central ser autónomo?

-El Banco de Inglaterra fue fundado en 1694 por comerciantes que querían "sistematizar" los pedidos de fondos de la realeza de su país. Naturalmente que el directorio del banco está integrado por sus dueños, pero recomendé que la gerencia estuviera en manos idóneas porque no es lo mismo comerciar con té, zapatillas o libros que con operaciones de depósitos y préstamos. Así que, para que funcione, un banco tiene que estar en manos profesionales.

-Pero yo le pregunto con respecto a las autoridades de turno.

-Eso es otra cosa. Hasta 1946 el Banco de Inglaterra fue privado, pero igual estuvo sometido a las presiones oficiales de turno. Ejemplo: en 1797, durante las guerras napoleónicas, cuando los militares ingleses necesitaban pólvora, espadas, etc., emitían cheques sin preguntar primero si la Corona tenía saldo acreedor en la institución. Por lo cual, el banco le dijo al rey que satisfaría los pedidos de fondos, pero para ello había que declarar la inconvertibilidad de la libra en oro.

-Nadie puede pensar que un banco central, negándose a suministrar fondos, impedirá una guerra.

-O una política fiscal que lleve al país a la alta inflación, a la pérdida de reservas o a la inflación. En su país, ¿qué política económica que terminó en rotundo fracaso pudo ser frenada por las autoridades del Banco Central de turno? ¿Pudieron acaso Eduardo Andrés Zalduendo o Enrique García Vázquez detener las hiperinflaciones de 1976 y 1989, respectivamente?

-Pero, entonces?

-Esto de que una política monetaria restrictiva puede neutralizar una política fiscal expansiva es una peligrosa ilusión surgida de cómo se planteó la teoría de la política económica de corto plazo durante la década de 1960. Cuando la política fiscal se desboca? Mi principal consejo a los argentinos hoy es que no se distraigan. El problema principal es que quien manda en materia económica pretende, "inyectando fondos en las calles", que en 2010 el PBI real crezca 7 por ciento. Quien así piensa, si no obtiene del Banco Central lo que quiere, cambia a las autoridades y listo.

-Usted está diciendo que la autonomía sería una gran cosa, pero es utópica.

-En 1923, en Alemania, el banco central estaba a cargo de Rudolf Havenstein, quien creía que el único problema que había con la inflación era la velocidad con la cual se imprimían los billetes. Eficientes en todo, los alemanes comprometieron a la emisión monetaria miles de empleados, más de 100 imprentas y 30 fábricas de papel, trabajando a tiempo completo. ¿Resultado? Que durante la primera quincena de noviembre de 1923 la tasa de inflación fue de 36% ¡por día! El Reichsbank era autónomo, los aliados apoyaban a su presidente y éste nunca quiso renunciar. Finalmente, Dios se apiadó de los alemanes: al comienzo del plan de estabilización aplicado por Hjalmar Schacht, Havenstein? murió. Pero ésta es la excepción, no la regla. Cuesta creer que en la pulseada Martín Redrado-oficialismo la falta de realismo esté en el Banco Central y no en quien está proponiendo aumentar la demanda agregada nominal para que ustedes vuelvan a crecer "a tasas chinas".

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