Quien quiera oír, que oiga

El debate sobre la posible re-reforma constitucional tiene sus raíces en la teoría política, aunque parezca mentira. La democracia camina sobre la permanente tensión entre voluntad popular (autogobierno) e imperio de la ley (Constitución).
Quienes defienden la nueva reforma invocan la voluntad popular; quienes se oponen a ella hablan en nombre de la vigencia de las instituciones. Ambos principios son igualmente importantes y la política democrática consiste en su adecuada combinación.

Si la voluntad popular no pudiese cambiar el orden constituido, por ejemplo, en la Argentina las mujeres no hubieran conseguido el derecho a votar. Si la voluntad popular no tuviese límites constitucionales, podríamos castrar a un violador o linchar a un genocida. Si sólo hay orden constituido no hay posibilidades de cambio. Si respetamos sólo la voluntad popular, no hay durabilidad en las instituciones ni en la ley.

Lo que está claro es que tanto una como otra requieren de consensos muy amplios, casi unánimes. Si no, no tenemos políticas ni instituciones que merezcan llamarse populares, o que sean legítimas y mucho menos duraderas. Quienes defienden una nueva reforma deberán probar que, tal como argumentan, esto expresa la voluntad popular.

Aun así, no están eximidos de la obligación de lograr un consenso mayoritario. Quienes se oponen no pueden hacerlo en el nombre de las instituciones como si estas fuesen eternas e inmutables, y también deben consensuar los pasos a seguir. Me pregunto si al grueso de la comunidad le parecen trascendentes los temas que invitan a una nueva reforma. Sencillamente no lo sé, porque las consultas populares -hasta ahora- han estado ausentes.

Entonces, ¿por qué no preguntarles a los tucumanos qué creen que le hace falta a nuestra Constitución para ser realmente popular, legítima y duradera? Personalmente, creo que los temas educativos, culturales, tecnológicos y de derechos humanos son prioritarios. Como yo, muchos ciudadanos tienen algo para decir; por eso sería bueno que alguien nos oiga.

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