Quien quiera oír que oiga.

Cobos nacionalizó una elección que fue nacional, mientras que los peronistas quedaron encerrados en la provincia o los municipios, lo que les resultó fatal.
"Aquel que cree disturbios en su propia casa, heredará el viento"

Proverbios: 11/29

El voto de ayer fue la rotunda confirmación de que no hay tarea más estéril e imposible que intentar parar los vientos de la historia cuando ellos echan a correr. Fue precisamente ésa la tarea que de modo persistente y sistemático encaró Néstor Kirchner apenas su señora asumió la Presidencia.

Y la profecía se cumplió de nuevo: por querer parar la historia, heredó el viento, cuando la historia le ofreció una oportunidad única para que cabalgara los vientos hacia un futuro mejor. Al negarse a hacer lo que no sólo la Biblia, sino el propio Perón recomendaba, el ex-hombre fuerte de la Nación perdió una oportunidad que ya no se tendrá más. Y se la hizo perder a la Argentina.

Es que ayer en el país más que ganar la oposición aún en ciernes, perdió un oficialismo soberbio y enceguecido que en vez de intentar resolver los problemas, los fue pateando hacia adelante inventando todos los días un enemigo nuevo a quien culpar por sus impotencias.

Ayer sucumbió cuando ya no tenía más enemigos que inventar. Cayó por su propio peso, pero ¡cuidado!, no cayó el gobierno nacional ni nada que se le parezca. Cayó la negación al cambio y cayeron las pretensiones de los que se quisieron adueñar del país.

Por lo cual, sí o sí, a partir de hoy tiene que nacer una nueva relación entre el gobierno nacional y los vientos que soplan. Para eso deberán alejarse los patrones de estancia a fin de que empiecen a gobernar las instituciones de la República. La primera de las cuales es la presidencia de la Nación, en manos, hasta 2011, de la señora Cristina Fernández.

En Mendoza, los intendentes del PJ quisieron municipalizar la elección, el gobernador Celso Jaque provincializarla y el vicepresidente Julio Cobos, nacionalizarla. Ganó este último porque el pueblo de la provincia depositó su voto pensando en el país y luego en la provincia.

La lógica municipalista fue lisa y llanamente ignorada y por eso quienes apostaron a ella sufrieron estragos. Es que no se puede tapar el sol con las manos como intentaron los intendentes del PJ que quisieron ignorar a Jaque y a Kirchner.

Con respecto a Celso Jaque, se confirmó la mala imagen que el Gobernador mantiene con los mendocinos desde que asumió su cargo; imagen que será difícil de revertir, aunque quizá él no deba preocuparse tanto por arreglar lo que ya no tiene arreglo, sino lo que sí lo tiene.

O sea, tendrá que ampliar las miras estratégicas de su gestión, traducirla en hombres adecuados y así como hasta ahora vivió convencido de que la culpa de sus males era la herencia dejada por Cobos, ahora deberá ocuparse de los males propios, que le hicieron perder por tan colosal diferencia. Elección que no perdió por culpa de Cobos sino por lo que hizo -o no hizo- él.

Con Julio Cobos triunfa un emergente del nuevo país, ese país que las hadas le ofrecieron primero que nadie a Kirchner cuando debió sintetizar sus logros anteriores abriéndolos a todos los argentinos, pero que él desoyó al pretender encerrarlos en un búnker de obsecuentes, con lo cual terminó perdiendo todo.

Cobos fue la primera expresión política que le dijo que "no" al intento de dividir el país en dos y hoy recibe su recompensa, entre otras cosas porque supo administrar razonablemente bien el capital político que obtuvo con esa histórica decisión. Quizá su última gran jugada política fue la de trazar puentes de encuentro entre las distintas variantes de la oposición (simbolizado en su encuentro con De Narváez), en el preciso momento en que otros exponentes de su Coalición enfatizaban en las diferencias, lo que a los argentinos no les gustó.

Cobos logró expresar el deseo social de encontrar consensos y unión en un país demasiado crispado por la intolerancia, la división creada desde arriba y los enfrentamientos seudoideológicos.

Ejemplo de esa "seudoideología" se verificó en Capital Federal, donde los grandes favorecidos fueron el "privatizador" Macri y el "estatista" Solanas, demostrando ambos que se pueden discutir ideas muy diferentes sin necesidad de gritos destemplados, odios acumulados, intolerancias manifiestas o de convertir a la política en guerra.

En síntesis, muy mal haría el PJ mendocino (que perdió porque realizó a la vez mil campañas contradictorias entre sí) en achacarse responsabilidades mutuas. Más bien debería agrupar fuerzas para gobernar mejor, porque acá perdieron por igual Kirchner, Jaque y los intendentes.

Y con respecto al radicalismo triunfante, deberá pensar -como deberán pensar todas las oposiciones triunfantes del país- en preparar coaliciones y propuestas de gobierno en serio, porque en esta elección Kirchner fue más derrotado por sí mismo que por sus adversarios. Evidencia que el exitismo ojalá no les impida ver, para no repetir por enésima vez la misma historia.

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