¿Quién hace enojar más a Juez?

El actual embrollo de Juez reside en continuar confundiendo el nivel de los medios con el de los fines, quedándose en el mero insulto. Llegados a este extremo, cuesta distinguir a su verdadera personalidad de su personaje: todo indica que Chirolita ha tomado el control de su ventrílocuo.
¡Gracias a Dios que es viernes!, suspira Luis Juez. La semana no ha sido buena para él. Se encuentra profundamente desorientado. Hace apenas 10 días atrás, convenientemente equipado con la licencia para insultar que le prodigara el juez Armando Angeli, se restregaba las manos preparándose para el picnic que imaginaba hacerse con la declaración de bienes de José Manuel de la Sota. Lamentablemente para él, caería en su propia trampa, terminando como un predicador trucho al que le descubren que el paralítico que hizo caminar era, en realidad, un maratonista de Tancacha de visita por el templo.

Fue LA MAÑANA el primer medio en mostrar la doble moral del ex intendente en este tema.

Su declaración jurada es un ejemplo del ocultismo propio la vieja política. Para colmo de males, le tomó varios años declarar a la Municipalidad una estupenda pileta que construyó en un terreno vecino. El asunto también tiene su componente psiquiátrico: el ciudadano Juez le ocultó maliciosamente la construcción al intendente Juez, pese a que eran una misma persona. Una psicosis digna de un típico caso de doble personalidad. Hasta hace poco, sólo sabíamos de su doble moral. Esta duplicidad es novedosa.

El fin de los medios como fines

Juez se sobreexpuso durante 5 interminables días. Llamó intempestivamente a Cadena 3 para aclarar su situación patrimonial, sin que sus frenéticos modos echaran luz alguna al asunto. Para peor, mostró su peor rostro comunicacional: un parloteo desmedido, soez e incoherente, lejos del humor y la picaresca cordobesa. Y lo hizo en el programa que más se escucha en Córdoba y en el país.

Semejante parlamento no podía dejar de ser tomado por el resto del sistema mediático. Hasta la “prensa independiente”, aliada tradicional del líder del fin del choreo, ensayó alguna crítica al ex intendente en el contexto -como no podía ser de otra manera- de invectivas generalizadas al resto de los políticos por los contenidos de sus declaraciones juradas. No en vano es bien conocido que estos instrumentos poseen una atracción escatológica para aquellos cronistas. La consecuencia de todo esto fue que Juez quedó un escalón abajo con respecto a sus menospreciados colegas políticos.

Pero sucede que el hombre no está acostumbrado a los traspiés mediáticos. Los ha tenido antes, por cierto, pero no en una escala tan masiva y con temas tan cercanos al núcleo de la imagen juecista. Su falta de hábito en lidiar con entornos adversos lo lleva a profundizar en tácticas equivocadas, tal como fue manifiesto en un reportaje concedido ayer a la radio deportiva FM Impacto.

Pruebas al canto. Al referirse al entredicho que mantuvo con Campana expresó: “Yo tengo los códigos del fútbol en la vida. Cuando fui a darle la mano, le dije, si tenemos un problema arreglémoslo en la calle… ”. Más allá que, por supuesto, no le dijo tal cosa, la expresión revela su precaria concepción de la vida civilizada, en donde los problemas personales deberían ser dirimidos en los baldíos (aquí ya sin la sabia ayuda del juez Angeli). Mas sus sentencias filosóficas no acabaron allí. Cuando le preguntaron sobre De la Sota, ilustró sobre que el ex gobernador “está sambando en el Sambódromo de Brasil, moviendo la barriga, se nos caga de risa. Después viene y denuncia un panteón, más vale, si nos dejó muertos a todos… y al él le importa tres pedos” (sic). La elegancia de la métrica es innegable.

La física de las relaciones políticas diría que existe una relación inversamente proporcional entre el nivel de improperios juecistas con su imagen pública. El recurso a insultar y mofarse a sus adversarios puede haber sido un medio eficaz para lograr el posicionamiento que, sin duda, ha aquilatado, pero no es otra cosa que un medio. El actual embrollo de Juez reside en continuar confundiendo el nivel de los medios con el de los fines, quedándose en el mero insulto. Llegados a este extremo, cuesta distinguir a su verdadera personalidad de su personaje: todo indica que Chirolita ha tomado el control de su ventrílocuo.

¿Otro final de la historia?

Después de setiembre de 2007 muchos se sentaron en la vereda a tomar mate y esperar al 2011. Parecía que los cuatro años posteriores a De la Sota constituían un forzoso interregno cuyo obligado final era una gobernación en manos del líder del Frente Cívico. Con esta expectativa, muchas personas honorables decidieron disimular las boberías juecistas como una suerte de yoga político. Durante todo 2008 pareció que la resignación había suplantado el activismo de quienes se negaban a aceptar tal destino, hasta que los recientes acontecimientos devolvieran parte de la esperanza perdida.

Buena parte de la creencia en este inexorable ascenso se derivaba de un hecho que, a priori, podría asemejarse a una desventaja: Juez no es concejal, ni diputado, ni nada. Técnicamente, está en el llano más absoluto, lejos de los resortes económicos y políticos que confiere el poder estructural. Sin embargo, tal orfandad tiene sus encantos. No hay que gestionar, ni rendir cuentas, ni tomar decisiones potencialmente impopulares. En teoría, es una situación de “desgaste cero”, una posición infrecuente aunque políticamente envidiable.

Pero el precoz candidato parece no comprender cabalmente lo afortunado de su enclave. Insiste en un nivel de exposición extraño y contraproducente, a tal punto que comienza a decrecer estando en el llano, desgastado por su trillado recurso del insulto y el ataque a terceros. Conforme recientes encuestas, muchos cordobeses comienzan a ser refractarios a este estilo, hasta hace poco festejado con ganas.

Esto no es sólo advertido por este cronista, como es obvio.

El radicalismo observa la degradación de su potencial socio con evidente agrado, y el hecho potencia el rejuvenecimiento de Rubén Martí, un extraño visitante del pasado que regresa a la vida. Lo que no pudo hacer Kirchner lo logró Juez, para desesperación de Mario Negri y del aliancismo radical.

La sensación de que no todo está perdido insufla de esperanzas a Schiaretti y su equipo, para quienes la prudencia ha sido, por el momento, un buen negocio. Razonan que si continúan manteniendo esta “cercana lejanía” con el kirchnerismo, integran a Olga Riutort dentro del armado electoral y convencen a De la Sota de prestarles un par de espadas sin que esto lo comprometa demasiado, la historia puede ser diferente. Su meta es mantener, de mínima, al justicialismo en su piso histórico del 30-35% y, desde tal plataforma, apostar a una buena elección de los radicales. Una provincia partida en tres tercios no les parece un mal negocio, más aún cuando las próximas elecciones sólo le importan al gobierno nacional, amenazados por problemas de poder mucho más serios que los que enfrenta el gobernador.

“Quien lo hace enojar más a Juez” puede convertirse en el éxito del otoño, un juego cuyo premio mayor consiste en batir sus niveles de cólera hasta lograr su autodestrucción por ofuscamiento. ¿Cuál será el jugador que pueda llegar al game over? Se reciben apuestas.

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