Queridos Reyes Magos...

Por Alfredo Leuco.

En este flamante 2009, los Kirchner librarán la madre de todas las batallas. Se jugarán su destino político frente a una suerte de Hidra donde cada una de sus mil cabezas encierra un problema distinto. Ese animal mitológico fue parido con paciencia y tozudez por Néstor Kirchner en una sucesión de errores no forzados casi inédita por su cantidad y por su magnitud. Eurípides dice que esas mil cabezas pueden ser derrotadas si la espada kirchnerista logra cortar el pescuezo de la desconfianza como una forma de degollar a todas de un golpe.

En la economía hay muchos dramas que se van a multiplicar, pero hay un solo cáncer por ahora: la fuga de más de 20 mil millones de dólares para utilizar una cifra prudente. En la política, el Gobierno tiene el camino sembrado de obstáculos, aunque el más alto de todos es el agujero negro de la falta de credibilidad que se deglute gran parte de sus medidas e iniciativas.

Cortar de cuajo esa desconfianza debería ser el principal objetivo del matrimonio presidencial. Es una tarea titánica digna de aquellos antiguos héroes que con sus armaduras metálicas enfrentaban todo tipo de flamígeros dragones. Y encima tienen poco tiempo, ya que el examen que baja o sube el pulgar está ubicado temporalmente en octubre, con las elecciones parlamentarias que marcarán la de mitad del mandato de Cristina y donde se va a plebiscitar el proyecto de Néstor.

Mucho más si el presidente consorte se anima a colocarse él mismo a la cabeza de la lista de candidatos a diputados por la provincia de Buenos Aires y le pone el pecho a la situación. Todas las otras variantes son tibias o incompletas. Si va su hermana Alicia, será sólo por portación de apellido. Ya estafaron una vez al electorado de Santa Cruz con eso de “soy candidata pero después renuncio y vuelvo al ministerio”. Es una triquiñuela de patas cortas que muestra la desconfianza visceral de Néstor hacia los que no son genuflexos verticalistas y su incapacidad para lanzar a nuevos cuadros al ring de la política. La posibilidad de Sergio Massa es un arma de doble filo para Kirchner. Por un lado, con su imagen positiva podría traccionar votos y eso además le permitiría sacárselo de encima en el gabinete pero, por otro lado, Massa en campaña electoral y con su habilidad mediática podría convertirse en alguien con demasiado vuelo propio para los gustos patagónicos.

Todos los esfuerzos electorales del oficialismo y la oposición van a estar puestos en la provincia de Buenos Aires en general y en el Conurbano en particular. Esa es la columna vertebral del kirchnerismo. O mejor dicho, su último refugio. Es un territorio donde hay demasiada pobreza estructural y de donde surge la mayor candidad de votos para este Gobierno. La aritmética de la libretita de Néstor ya anotó otra clave: la pelea es por la tercera parte de su poder en Diputados. De las 61 bancas que sus muchachos ponen en juego en todo el país, 20 de ellas están ubicadas donde gobierna Daniel Scioli. Los que quieren ponerle más límites parlamentarios a los Kirchner y de paso catapultar alguna figura con posibilidades presidenciales para 2011 también lo saben. Hasta ahora, la pelea de fondo de Néstor (si se atreve) será contra Margarita Stolbizer, que en 2007, con los Kirchner casi en su mejor momento y muy buenos indicadores económicos, sacó cerca del 17% (más de un millón de votos).

Hay que recordar que a las elecciones parlamentarias las carga el diablo. Graciela Fernández Meijide, en el ’97, fue el certificado de una muerte anunciada para el menemismo. Para estos comicios y como parte de la Coalición Cívica, Stolbizer está ampliando su base de apoyos con radicales, cobistas, sectores socialistas e independientes. Nadie sabe cuál será la forma que elegirá Felipe Solá para producirle daño al kirchnerismo y de paso anotarse en la carrera de 2011. ¿Encabezará él mismo una lista de peronistas no K o sacarán de la galera algún tipo de convergencia con Margarita? Por ahora están deshojando las posibilidades mientras el rol de los intendentes cobistas es clave, porque miran con respeto tanto a Stolbizer como a Solá. En ambos escenarios, esos peronistas reconocidos en el distrito y tal vez apoyados por Roberto Lavagna van a morder una porción nada pequeña de los votos históricos del justicialismo a los que también Kirchner quiere seducir.

Si el panorama es muy complicado para los Kirchner en Buenos Aires, las cosas están peores en las restantes provincias grandes. En la Capital Federal, el kirchnerismo todavía no ha decidido absolutamente nada. Néstor y Cristina tienen la peor imagen del país; el jefe del justicialismo local, Alberto Fernández, es considerado un enemigo y los hermanos Ibarra están afuera de cualquier dibujo kirchnerista. ¿Quién va a ser el valiente candidato K porteño? ¿Jorge Telerman? Difícil: no encaja en el rompecabezas verticalista acrítico que pretende Néstor. El senador Daniel Filmus, a su estilo de puntas de pie, ya tomó cierta distancia al decir que Ibarra y Telerman son posibles aliados igual que Martín Sabbatella en la provincia y opinó que ellos representan todo lo contrario de Aldo Rico. Telegrama para Carlos Kunkel y Néstor. Miguel Bonasso ya se divorció de los Kirchner para establecer un concubinato con Pino Solanas, Víctor de Gennaro, Claudio Lozano y otros. Esa fuerza con Aníbal Ibarra o sin él puede aspirar al podio junto a Gabriela Michetti, si finalmente toma la decisión que no quiere: si se sumaran Alfonso de Prat-Gay o Elisa Carrió, el kirchnerismo podría hacer un papelón en el cuarto lugar.

En Córdoba la mayoría de las encuestas lo muestran a Luis Juez con mayor intención de voto. A su alrededor es posible que se construya un frente que vaya desde la gente de Pino Solanas hasta el radicalismo de Mario Negri y Oscar Aguad, pasando por los seguidores de Elisa Carrió. Ni el oficialismo provincial de Juan Schiaretti (que igual que muchos gobernadores duplica en imagen positiva a los Kirchner) ni el oficialismo nacional de Cristina tienen hoy una figura de suficiente conocimiento como para poner en peligro el resultado favorable a Juez.

En Santa Fe, el gobernador Hermes Binner necesita (y parece que puede) ratificar el apoyo a su gobierno y mantener dos legisladores clave: Rubén Giustiniani, presidente del socialismo en el Senado, y la diputada Silvia Ausburger. Kirchner tiene un problema grave: el único incondicional en el que confía, Agustín Rossi, anda mal en las encuestas, producto de su rígida postura en contra del campo. Todo lo contrario de Carlos Reutemann que tiene buena imagen, y que junto con Cobos fueron dos de los defensores más útiles del campo pero que jamás será alguien confiable para Kirchner.

Vale la pena hacer un alto en el análisis electoral para destacar que, incluso sin planificarlo, se está gestando un grupo de peronistas que no ve la hora de que Kirchner termine su ciclo, aunque muchos lo digan en voz baja, que incluye a ex gobernadores como Solá, Reutemann, José de la Sota que junto a Lavagna tampoco comulgan con Elisa Carrió porque le adjudican un estilo de construcción tan autoritario como el de Kirchner. Si se les pregunta en reserva, confiesan que ven a Julio Cobos como compañero de ruta de una nueva concertación del sentido común y el consenso, y a Eduardo Duhalde lejos, sin castigarlo en público pero tampoco alineados a su conducción.

En Mendoza, Néstor Kirchner se juega una batalla menos potente en lo numérico pero igualmente clave en lo simbólico. Ese es el lugar donde piensan batirse a duelo electoral con Julio Cobos, que aporta su ingeniería para una coalición bien amplia que incluye a peronistas, radicales de todo tipo y otros referentes provinciales para enfrentar a cara o cruz al peronismo kirchnerista.

Tucumán, Santiago del Estero o Formosa son las típicas provincias donde sus gobernadores le van a ofrendar buenos triunfos a los Kirchner. Son logros casi seguros pero con poco caudal de votantes y con apenas un par de legisladores.

Antes de esta confrontación electoral, los Kirchner necesitan recuperar la credibilidad. Porque esa Hidra que no da descanso con el renacer de sus cabezas ya está plantada frente a la Casa de Gobierno. Tal vez una pareja de gobernantes más flexibles y menos dogmáticos, más humildes y menos soberbios y más dialoguistas y menos autoritarios podría corregir el rumbo con voluntad y una estrategia clara. Pero su principal problema, ya fue dicho tantas veces como las cabezas de la Hidra, son ellos mismos y su encierro entre los dirigentes que sólo les dicen que sí. Ya es casi una tendencia de los últimos tiempos darles más poder y espacio sólo a los talibanes como Guillermo Moreno o Ricardo Echegaray, quienes ejecutan con frialdad todas las órdenes de Néstor.

La salud de las instituciones democráticas de la Argentina también va a ser puesta a prueba durante este año. Nadie puede asegurar cuál va a ser el comportamiento de los Kirchner frente a la única verdad de las urnas. En el mejor escenario, tal vez mantengan la mayoría en ambas Cámaras, moderen su actitud hostil hacia todo y hacia todos y, si pilotean con racionalidad la crisis económica, podrían salir fortalecidos. El ciudadano común no espera ni quiere una revolución chavista ni un volantazo sin red. De los Kirchner siguen recordando sus primeros dos años. Cuando todavía se mostraban como constructores de un país en serio y no habían leído como un cheque en blanco para el todo vale el triunfo frente al duhaldismo en 2005. En el peor escenario, una paliza en cantidad de votos y un aluvión de diputados y senadores opositores, muchos temen que se repita el intento de renuncia irresponsable y antidemocrático. De la gente que los frecuenta casi nadie descarta que esa noche negra, Néstor encolerizado y a los gritos diga: “¿Vieron? Yo les dije. Nos tendríamos que haber ido después del voto de Cobos. Este pueblo no nos merece. Tienen una mentalidad de derecha”. Conclusiones insólitas de este tipo pero sin expresarlas con tanta contudencia ya sacaron en la cima del poder después de la derrota que Cristina sufrió en los grandes centros urbanos.

Todo esto se dilucidará este año, que también será de homenaje a Raúl Scalabrini Ortiz, a 50 años de su muerte. Cristina lo estableció por decreto y dijo que Scalabrini era un ejemplo a seguir por los ciudadanos. Fue un patriota brillante y valiente que se atrevió a preguntarse (y a actuar en consecuencia) cómo era posible que todavía existiera el hambre en un país productor de carne y cereales como el nuestro.

Su pregunta original sigue sin respuesta. Los protagonistas de eso que Scalabrini definió como “el subsuelo de la Patria sublevado”, “esos de nadie y sin nada”, todavía están solos y esperan una clase dirigente que deje de llenar sus propios bolsillos y que empiece a igualarlos en la justicia social y en las posibilidades de progreso. Por ahora, la mayoría de los ciudadanos de a pie dio un paso atrás con escepticismo para ver mejor lo que está pasando. Observa a un gobierno y una oposición igualados por la debilidad y se pregunta qué va a pasar.

Comentá la nota