"Queremos tener menos soldados en América latina"

Lo afirmó McMullen, el enviado de EE.UU., en una entrevista exclusiva con LA NACION
En medio del escándalo desatado por la aparición de cohetes antitanque adquiridos por Venezuela a Suecia en la década del 80 en el arsenal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y por la presunta "ayuda en dólares a la campaña de Correa" de la que habla en un video el jefe militar del grupo guerrillero, Mono Jojoy, el gobierno de Alvaro Uribe estaba a punto de cerrar con Estados Unidos el acuerdo que disparó la polémica.

Según el texto del pacto, se facilita a personal militar y civil norteamericano "el acceso a tres bases aéreas colombianas, situadas en Palanquero, Apiay y Malambo; dos navales; dos instalaciones del ejército, y otras con previo acuerdo entre las partes".

En ese momento, según expuso en una entrevista exclusiva con LA NACION el subsecretario de Asuntos para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado norteamericano, Christopher McMullen, el acuerdo no podía salir a la luz.

"No podíamos hacer público algo que estábamos negociando con el gobierno de Colombia. Es difícil negociar. Más difícil aún ha sido lidiar, durante ese proceso, con la información que comenzó a preocupar a varios gobiernos amigos de América latina. La pregunta que se hacen todos es por qué Colombia necesita ayuda después de haber tenido éxito en la lucha contra las FARC. En primer lugar, porque las FARC siguen operando; no están liquidadas. Son una organización criminal", afirmó McMullen.

Por sus diferencias con Alvaro Uribe, el presidente venezolano, Hugo Chávez, reaccionó con el corte de las relaciones comerciales con Colombia, circunstancia que aprovechó el gobierno argentino para ganar un nuevo mercado sin reparar demasiado en la integración regional. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, irritado con Uribe desde el asesinato en su territorio del segundo de la FARC, Raúl Reyes, el 1° de marzo de 2008, ya había decidido el cierre de la base aérea de Manta, utilizada por las tropas norteamericanas que cooperan desde 2000 como parte del Plan Colombia.

El acuerdo en ciernes levantó ampollas en presidentes afines a Barack Obama, como Luiz Inacio Lula da Silva y Michelle Bachelet. McMullen emprendió una gira por Brasil, Uruguay y la Argentina durante la cual, con la copia del acuerdo, procuró aclarar el tema. "Desde 1999, cuando abandonamos el Canal de Panamá, queremos trabajar con los gobiernos y tener menos soldados en América latina", señaló McMullen.

En vísperas de la segunda cumbre de la Unasur, el enviado de Obama estuvo con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el canciller Jorge Taiana, y el secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa, Alfredo Forti.

"En todos encontré buena recepción -dijo-. En 2004, el Congreso autorizó el despliegue de hasta 800 militares y 600 contratistas en Colombia. Nunca llegamos a esas cifras. No superaron los 250. Esto significa que en los últimos años hemos enviado la mitad del personal autorizado o incluso menos de la mitad. Es importante aclarar también que las bases y las instalaciones están regidas por las autoridades colombianas y, como sucede con acuerdos similares con unos 60 países, las tropas quedan dentro de la esfera de los tribunales de Estados Unidos. Son las condiciones que puso el Congreso, así como un período máximo de permanencia de 10 años."

-¿No soplan vientos de guerra, como presagió Chávez?

-En Colombia tienen una guerra desde hace 45 años. Confiamos en que se aclare esto en la cumbre de la Unasur.

-¿Evaluó Obama la posibilidad de participar de ella?

-Lo habló con Lula por teléfono, pero nosotros no formamos parte de la Unasur.

-¿Por qué Lula mostró tanta desconfianza en un primer momento?

-Porque no tenía la información completa. Le hablaron de un incremento de las bases y, por la tradicional preocupación de Brasil por el Amazonas, era lógico que se preocupara. En ese momento, las sospechas sobre los misiles comprados por Venezuela y desviados a las FARC, y el video de Mono Jojoy sobre Correa empeoraron aún más las cosas. Crearon la tormenta perfecta.

-¿Fue pura coincidencia?

-Pudo ser una travesura.

-¿Cómo ve la relación bilateral con la Argentina después de la reacción de la presidenta Cristina Kirchner por la valija con dinero con la que ingresó en el país Guido Antonini Wilson?

-Eso es historia para nosotros. Queremos trabajar con la Argentina y Brasil.

-¿Con la Argentina y con Brasil o con la Argentina bajo Brasil?

-Con la Argentina y con Brasil.

-¿Es posible que en la cumbre del G-20, prevista para el mes próximo en Pittsburgh, Obama se reúna con Cristina Kirchner?

-Varios mandatarios de distintas regiones quieren reunirse con el presidente y, en este momento, está muy concentrado en alcanzar la reforma del sistema de salud en el Congreso, que es algo muy importante para nosotros. Es posible que se reúnan, claro, pero desconozco si hay un pedido de audiencia

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