Quejas en Pergamino por la inseguridad

Quejas en Pergamino por la inseguridad
Los vecinos cuestionan la acción de la Justicia y de las leyes permisivas que favorecen a los delincuentes; organizan una marcha.
PERGAMINO.- Las advertencias son visibles desde el primer paso en esta ciudad y se desparraman por cada calle. Podrá no observarse el número que identifica a una vivienda o el valor de una prenda expuesta en la vidriera, pero es imposible dejar de notar esos elocuentes carteles fijados en cientos de casas y comercios que avisan sobre sistemas de vigilancia mediante alarmas. Es un alerta de inseguridad que dan los vecinos.

En esta ciudad de 130.000 habitantes se resisten a perder sus costumbres sociales, a dejar atrás esos finales de día extendidos con charlas en la vereda. Aquí piensan que están en un momento límite, en el borde de la renuncia a un modo de vida para pasar a encerrarse en esos fortines urbanos que son las enrejadas casas de las grandes urbes. El delito los golpeó de forma inusual en enero y las alarmas se dispararon. La gente se asustó y lo hizo saber.

"Acá queremos trabajar en paz, porque al final parece que nosotros somos los que estamos presos, mientras los chorros entran y salen", explica Hugo González, mientras atiende una carnicería a pocas cuadras del centro cívico. Su palabra tiene un peso importante porque sintetiza una visión común de muchos vecinos, funcionarios y policías que hablaron con LA NACION: el problema de delincuentes reincidentes, apuntados como responsables de los últimos robos violentos en la zona.

"No tiene que llegar el momento en que un vecino agarre un arma y se arruine la vida por matar a un chorro", comenta González, mientras en su comercio se suman las palabras de otros afectados, como él, por asaltos. La voz de González tiene el valor agregado de haber sido la que convocó hace diez días a una reunión de 150 personas con las autoridades policiales del distrito. De manera incipiente, por los barrios, los ciudadanos de Pergamino comienzan a movilizarse contra el delito.

La Justicia, bajo la mira

"El intendente es siempre la primera ventanilla de reclamo", reconoce Héctor Gutiérrez, el radical que transita su tercer período como jefe municipal. Aunque aquí las opiniones de los vecinos no apuntan a su gestión, en la cual dotó a la ciudad de varios sistemas de seguridad de vanguardia (de lo que se informa por separado), ni las acusaciones caen sobre una policía que recibe elogios de parte de los propios ciudadanos preocupados por la inseguridad que sienten. En las calles las quejas van hacia el Poder Judicial y a la permisividad de las leyes.

El intendente Gutiérrez avanza por esa línea que se escucha en los barrios: "Esta no es una ciudad con 30 por ciento de marginalidad. El delito acá no se justifica sólo por la pobreza. No puede ser que un reincidente salga una y otra vez para hacer lo mismo porque nadie lo controla".

Más allá que hace tres años que funcionan patrullas propias de seguridad, el intendente Gutiérrez reaccionó ante las nuevas exigencias vecinales y puso esta semana otras cinco camionetas del municipio a disposición de la policía, para completar las tareas de control de cuadrículas, mientras espera los 12 vehículos prometidos desde el Ministerio de Seguridad bonaerense. Después de la primera asamblea de vecinos llegaron dos de esos patrulleros adeudados hace un año.

Eso sí, la fiscalía local será la próxima ventanilla de protesta. Otro grupo de ciudadanos, de un sector un poco más alejado del centro, prepara una protesta frente a la representación de la Justicia. "No es cuestión de poner a un policía en cada esquina, pero sí es necesario que se castigue a la persona que es detenida robando", dice Román Larlus, presidente de la Sociedad de Fomento Barrio Centenario, mientras acompaña a una veintena de vecinos que organizan una marcha contra la inseguridad.

Catarsis colectiva

Todos cuentan un caso propio o conocido sobre hurtos o robos con algún tipo de violencia. Hablar de seguridad es una catarsis colectiva que va creciendo en Pergamino.

"Me parece correcto que la gente proteste. Está bien que no quieran perder su forma de vida, yo haría lo mismo", indicó a LA NACION un hombre cuyas responsabilidades sobre la seguridad local lo obligan al off the record para brindar un panorama.

En su opinión la gente sintió miedo por dos hechos concretos ocurridos en enero, separados por pocos días. En ambas situaciones los ladrones se escondieron en los techos de las viviendas, posiblemente pasaron varias horas allí, y saltaron a los patios interiores en el instante que los dueños de casa abrieron una puerta. "Los vecinos se asustan mucho cuando sienten que no están seguros en sus casas", explica la fuente.

La conversación reservada de LA NACION con una víctima directa de esos delitos y con vecinos ratifica el temor que sufrió un cuerpo social desacostumbrado a esas malas experiencias.

La policía diseñó una táctica para que los vecinos no se sientan abandonados. Cada agente de calle tendrá un lugar especialmente asignado para que las personas con el tiempo lo reconozcan como uno más del barrio.

En tanto ocurre ese proceso de identificación del agente con el barrio, la policía espera transmitir confianza y procura arrestar a los sospechosos de esos dos robos.

Tanto los funcionarios policiales como municipales, de trabajos bastante coordinados, están convencidos que los delincuentes en la zona son habitantes de Pergamino y difunden ese conocimiento para espantar un repetido mito urbano local, ese que en las calles se refiere a ladrones importados de Buenos Aires o Rosario.

En estos casos, el rumor lastima tanto como la delincuencia real y las autoridades quieren evitar el crecimiento de la inseguridad y de la sensación indiscriminada de ser posible blanco de la violencia.

"No estamos acostumbrados a esto y no queremos que aparezcan las rejas en las casas como en otros lados", dice el coro de vecinos que se reúne alrededor de LA NACION. Aquí cavan las trincheras iniciales para sostener la seguridad, en una batalla ya perdida en muchos distritos.

La experiencia nacional les indica que deben dar la alarma ante la mínima ofensiva del delito. Los carteles en casas y comercios son un claro mensaje

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