No se queja para no irritar

Alperovich vive del oxígeno financiero del kirchnerismo y no protesta, a la espera de mejores condiciones políticas. La disputa con los colegios de abogados no reconoce treguas. La agenda posterior al 28 de junio. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción
Es un país de reglas cambiantes. Se adelantan las elecciones de renovación legislativas nacionales de octubre a junio y el kirchnerismo plantea una disyuntiva tramposa: gobernabilidad o caos. Los Kirchner encarnan lo primero. El caos lo representa el hipotético triunfo de los otros (peronismo disidente, Coalición Cívica). El matrimonio presidencial apela a la máxima concentración de recursos para vencer, por lo que pretende forzar adhesiones de gobernadores e intendentes enrolados en el peronismo.

Néstor Kirchner impulsó la polarización, pero los focos de resistencia a ese plan se multiplican en la nación política. El juego del todo o nada es percibido como una apuesta de muy alto riesgo por los dirigentes que aprendieron a subsistir a las formidables mutaciones ideológicas impuestas por el menemismo y por los K. Se pasó sin transiciones de la economía popular de mercado al retorno del Estado intervencionista en la vida económica, y nadie se puso colorado.

Desde 2003 el oficialismo tejió adhesiones a partir del generoso goteo de fondos a gobernadores e intendentes de cuño peronista y de otras filiaciones. Cuando cambió el tiempo económico, empezaron los problemas, y eso coincidió con el año electoral. El desgaste político del kirchnerismo alejó aliados de la moribunda transversalidad y el fantasma de las traiciones sobrevuela el peronismo.

De los gobernadores oficialistas, sólo Daniel Scioli y José Alperovich habían dejado hasta ahora su huella en en las listas de candidatos. Ninguno puede prescindir del respirador artificial, porque dependen en grado extremo del oxígeno financiero de la Casa Rosada. Sin ese auxilio se les volvería ingobernable la administración de sus estados, y su futuro político se despeñaría irremediablemente. Alperovich situó en el primer puesto de la nómina de senadores a su esposa, Beatriz Rojkés, y él va de primer suplente, jugarreta pensada para el mercado electoral interno, en principio.

Prohibido lamentarse

La política de los Kirchner les marca implacablemente el rumbo. Alperovich no se quejó por la disminución, en $ 130 millones, de impuestos coparticipables, dinero que debía haber recibido en el primer trimestre de 2009. La rebeldía es un gesto inconcebible antes del 28 de junio, pero la historia puede escribirse de otra manera después de ese día. Cercar al matrimonio K para que no decida en soledad es un deseo de los gobernadores peronistas que comparte Alperovich, cuya actitud especulativa lo diferencia, por ejemplo del socialista santafesino Hermes Binner, que no cesó de reclamar la coparticipación que le rebana la Casa Rosada.

Con los $ 130 millones perdidos podrían haberse construido en Tucumán unas 2.000 viviendas; o hubiera sido posible pagar una planilla salarial del sector público. El federalismo se archivó a causa de cuestiones electorales y el incumplimiento de la Constitución de 1994 sigue en pie, pese al mandato expreso de sancionar una ley de coparticipación en un plazo perentorio.

Por su estilo político Alperovich se expone a conflictos diversos en los más variados escenarios. La resistencia que opone a la formación del Consejo de la Magistratura por ley, luego del histórico fallo del 8 de setiembre de 2008 que derrumbó su sueño de hacerlo por decreto, prepara el terreno para que su gobierno sea acusado en los foros internacionales. Difiere la resolución del asunto para después de los comicios de junio, porque confía en una victoria que le despeje el camino hacia una nueva reforma constitucional y a la re-reelección. El fallo de la Corte le impide nombrar jueces a través del CM diseñado discrecionalmente por decreto.

Mientras tanto, avanzará con la integración del Jurado de Enjuiciamiento (JE), que se encargará de juzgar a los jueces de jerarquía inferior a los de la Corte Suprema de Justicia. Con neta superioridad del alperovichismo en su composición (seis sobre ocho miembros) y la presencia meramente simbólica de un abogado, se erigirá en una amenaza cierta para la acción de los jueces independientes. De un plumazo se podrá destituir a los que el oficialismo considere díscolos. La subordinación de los magistrados al poder político pone en peligro la república misma.

A dos puntas

El liderazgo de Alperovich plantea también un doble desafío a quienes discrepan con su proyecto de hegemonía y supremacía de su voluntad de poder. Esta tendencia se vino consolidando con el paso de los años. Vestirse de opositor, en efecto, no acredita la condición de ser auténticamente opuesto a Alperovich. Este fomenta la proliferación de siglas de diversa significación, partiendo de una regla tan vieja como útil para cualquier oficialismo: dividir para reinar. La ayuda encubierta alimenta al más débil y le da patente de archienemigo en la operación de dispersión del electorado.

Los partidos que exhiben proyectos netamente provinciales tienden a ser seducidos por la Casa de Gobierno con mayor facilidad. La divisoria más nítida está trazada por los proyectos políticos de alcance nacional que entran en confrontación con el dueto Cristina Kirchner-Alperovich. Al estar comprometidos con objetivos de máxima, se les hace más difícil pactar por prebendas comarcanas con la Casa de Gobierno.

Las alianzas que proponen el peronismo disidente, por un lado, y la Coalición Cívica, por otro, emergen como dos grandes bloques en formación, pero están lejos de haber alcanzado la cohesión necesaria. El ala del peronismo disidente que reconoce la jefatura del ex vicegobernador Fernando Juri no despega con la velocidad exigida por el avance de los plazos. La tarea de armado se demora.

La fracción de la vertiente contestataria a la sociedad Cristina-Alperovich que no simpatiza con Juri tampoco termina de redondear su propuesta. El regreso de José Ricardo Falú a Tucumán, después de Pascuas, incorporará otro actor al tablero. A uno de sus interlocutores del sector le prometió hablar de candidaturas. En la UCR, aparte de la disputa por la senaduría que enfrenta a José Cano con José Ignacio García Hamilton, se adicionó el operativo retorno que comandan Jorge Mendía, José Ricardo Ascárate, Luis Yanicelli y Alfredo Neme Scheij, confesos partidarios de la candidatura presidencial de Julio Cobos para 2011. Estos plantean que los radicales deben proponerse un proyecto de poder que trascienda la elección de junio y que fije como meta el desalojo del alperovichismo. A los opositores auténticos, además de lo electoral, los espera la lucha contra las transgresiones institucionales.

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